Europa contra la flota fantasma de Rusia

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Como en el siglo XVII, los mares y océanos del mundo esconden una flota fantasma, solo que esta vez no se trata de corsarios, filibusteros y piratas, sino de la infraestructura logística que Vladimir Putin necesita para mantener en marcha la maquinaria de guerra rusa. Las sanciones internacionales contra Moscú han creado un conflicto marítimo paralelo, en el que Bruselas intenta detener el transporte de petróleo fuera del sistema financiero y asegurador occidental. Una confrontación que sigue escalando tras los abordajes por parte de Francia, Reino Unido e Italia de buques con falsa bandera sospechosos de formar parte de esa escuadra ilegal.

En julio, la Unión Europea hizo una lista de más de 670 buques cuyo acceso a los puertos del continente ha sido prohibido, así como declaró que sancionará a propietarios, gestores y aseguradoras. “Las ventas ilegales de petróleo son un salvavidas fundamental para la guerra de Rusia en Ucrania. Continuaremos cortándolo”, aseguró, a finales de agosto, la alta representante de la UE, Kaja Kallas. Por otro lado, la flota está compuesta por “una red de petroleros envejecidos y de propiedad opaca que suponen un alto riesgo para el medio ambiente”, según la Organización Marítima Internacional.

Expansión marítima

Desde la invasión de Ucrania, esta ha expandido sus tentáculos por todas las rutas marítimas. “Representa alrededor del 22% de la flota mundial de petroleros”, según S&P Global, con lo que está transformando el mercado. Es decir, se ha convertido en un ecosistema marítimo paralelo cuyo crecimiento amenaza la economía europea. Solo en julio se identificaron “46 buques navegando con falsos pabellones”. Sobre todo, con bandera de Camerún, cuyo número de embarcaciones petroleras sancionadas pasó de “10 en junio de 2025, a 143 en febrero de 2026”. Otros países incluyen a Comoros, Gambia, Omán, Guinea Ecuatorial o Malawi (el cual ni siquiera tiene salida al mar).

En mayo, Francia interceptó al petrolero Tagor a unas 400 millas náuticas al oeste de Bretaña. “El buque procedía de Murmansk y las autoridades sospechaban que navegaba bajo una bandera camerunesa falsa”, según Reuters. El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró que “seguirá actuando contra buques que violen las sanciones y alimenten los ingresos rusos”. Y, en junio, Reino Unido abordó el petrolero Smyrtos en el Canal de la Mancha. No obstante, la acción mejor organizada de la UE es la operación IRINI de la Fuerza Naval de la Unión Europea en el Mediterráneo (EUNAVFOR).

Originalmente, fue puesta en marcha en 2020 para reforzar el embargo de armas de la ONU sobre Libia. Sin embargo, desde el inicio del conflicto ucraniano, sus actividades también incluyen “tareas de vigilancia, control marítimo y de seguimiento de buques”. Una de sus últimas intervenciones tuvo lugar en agosto, cuando la marina italiana abordó el buque Toa Payoh “para comprobar su bandera”, según fuentes oficiales. Y, el 30 de ese mes volvieron a actuar contra otro petrolero con bandera camerunesa, el MV Sun.

¿Y si la flota se militariza?

Tras los abordajes, la respuesta de Putin fue contundente. Los calificó como “ilegales y una forma de piratería”, según Reuters. Más aún, el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvédev, amenazó con “una respuesta igual contra barcos occidentales“, informó AP. Lo más preocupante es que la inteligencia europea teme que Moscú militarice la flota fantasma. Sobre todo, desde que, en junio, Estonia hizo públicas las imágenes del buque gasero ruso Almirante Vasilevskiy protegido con “armamento, ametralladoras y sacos de arena”.

El gran temor en los pasillos y puertos europeos es que la flota fantasma se convierta en una herramienta para la guerra híbrida que Putin sigue incrementando contra Europa. Así, la flota podría ser utilizada para labores de espionaje, sabotaje e interferencia de las infraestructuras submarinas, entre otras cosas. De momento, diversas investigaciones han certificado “la presencia de mercenarios y de personal militar ruso a bordo de algunos buques”, según Danwatch.

El conflicto contra la flota fantasma rusa no será sencillo. Es una guerra marítima de desgaste burocrático y logístico, cuyo principal obstáculo para Europa es que la escuadra ilegal es demasiado grande, y Moscú sabe muy bien cómo readaptarse. Si un país expulsa a un barco, buscan otra bandera. Si una empresa es multada o cerrada, aparece otra. Si Bruselas bloquea un puerto, entonces se cambia de ruta. Además, el hecho de que la flota consiga llevar petróleo desde los puertos rusos hasta los mercados de India, China o Turquía, entre otros muchos compradores, ejemplifica cómo Europa puede perseguir barcos, pero no puede controlar toda la demanda mundial de petróleo ruso.

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