China estudia el cerebro de 33.622 adolescentes y descubre por qué se vuelven rebeldes

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La adolescencia no convierte de repente a los jóvenes en personas impulsivas o desafiantes: detrás de buena parte de esos cambios existe un proceso gradual de maduración de las funciones ejecutivas del cerebro. Un amplio estudio con 33.622 adolescentes chinos de entre 11 y 18 años, publicado en Nature Mental Health, ha trazado cómo evolucionan durante esta etapa dos capacidades esenciales: el control inhibitorio y la memoria de trabajo. Los resultados muestran que ambas habilidades no avanzan al mismo ritmo y que la capacidad para frenar determinadas respuestas continúa desarrollándose hasta las últimas fases de la adolescencia.

La investigación, realizada por científicos de la Academia China de Ciencias Médicas y Peking Union Medical College, el Instituto Chino de Investigación Cerebral, la Universidad de Tsinghua y otros centros, analizó información obtenida mediante el proyecto A-HELP. El objetivo era construir referencias poblacionales que permitieran saber cómo cambia normalmente la función ejecutiva durante la adolescencia. Esta función engloba procesos mentales necesarios para controlar la conducta, gestionar las emociones, organizar acciones y responder de manera adecuada ante situaciones sociales que pueden exigir contener una reacción inmediata.


Una de las claves está en el control inhibitorio, es decir, la capacidad de detener una respuesta automática, impulsiva o poco apropiada. No interrumpir a otra persona, ignorar una notificación del móvil mientras se estudia o evitar responder de forma airada a los padres son ejemplos cotidianos de esta facultad. Los investigadores la midieron mediante una prueba denominada Go/No-Go, en la que los participantes debían reaccionar rápidamente ante determinados estímulos y abstenerse de hacerlo ante otros. Los datos indican que esta capacidad sigue madurando durante buena parte de la adolescencia, lo que ayuda a entender por qué el autocontrol puede ser más irregular en edades tempranas.

Dos capacidades que maduran a diferente velocidad

La memoria de trabajo mostró una trayectoria diferente. Esta capacidad permite mantener temporalmente información disponible y utilizarla mientras se realiza una tarea, por ejemplo, al recordar instrucciones, resolver cálculos mentalmente o seguir varios pasos consecutivos. Para estudiarla, el equipo empleó pruebas 1-back y 2-back, en las que los adolescentes tenían que reconocer si un estímulo coincidía con otro presentado anteriormente. Según los resultados, el rendimiento de la memoria de trabajo alcanza una meseta antes que el control inhibitorio, por lo que determinadas capacidades cognitivas pueden estar relativamente estabilizadas mientras otras relacionadas con la regulación de la conducta siguen evolucionando.

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El análisis también detectó una relación entre un rendimiento ejecutivo situado por debajo de lo esperado para cada edad y una mayor presencia de problemas con los compañeros, dificultades de conducta, hiperactividad o falta de atención, además de un menor comportamiento prosocial. Estas asociaciones fueron especialmente marcadas durante las primeras fases de la adolescencia y se redujeron gradualmente con la edad. Los resultados no significan que una función ejecutiva menos desarrollada provoque necesariamente una conducta rebelde, pero sí muestran que las diferencias en autocontrol y regulación cognitiva están vinculadas con determinados problemas conductuales y sociales.

Para comprobar si el patrón aparecía fuera de China, los científicos analizaron además información procedente de 11.549 adolescentes de EEUU incluidos en el estudio Adolescent Brain Cognitive Development. Los datos estadounidenses mostraron tendencias similares, reforzando la idea de que el desarrollo del autocontrol y de la memoria de trabajo sigue etapas diferenciadas durante estos años. Los investigadores consideran que estos patrones de desarrollo cerebral y cognitivo pueden ayudar a identificar periodos en los que determinadas desviaciones resultan especialmente relevantes para la salud mental y la conducta, además de orientar estrategias preventivas adaptadas a cada edad.

La adolescencia no convierte de repente a los jóvenes en personas impulsivas o desafiantes: detrás de buena parte de esos cambios existe un proceso gradual de maduración de las funciones ejecutivas del cerebro. Un amplio estudio con 33.622 adolescentes chinos de entre 11 y 18 años, publicado en Nature Mental Health, ha trazado cómo evolucionan durante esta etapa dos capacidades esenciales: el control inhibitorio y la memoria de trabajo. Los resultados muestran que ambas habilidades no avanzan al mismo ritmo y que la capacidad para frenar determinadas respuestas continúa desarrollándose hasta las últimas fases de la adolescencia.

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