Don Luis H. Álvarez fue un panista ejemplar en muchos aspectos. Su figura era un referente para los propios militantes y también para sus adversarios. Su liderazgo en el partido fue incuestionable por décadas. Sobre todo, fue un “militante de a pie” en las épocas en que ser de oposición era como predicar en el desierto. Don Luis fue candidato a la presidencia del país en 1958. Durante esa campaña no tuvo una sola entrevista en medios de comunicación y lo metieron a la cárcel por hablar mal del Gobierno. Años después, en 1986, llevó a cabo una huelga de hambre de cuarenta días en protesta por el fraude electoral en Chihuahua.
Esta brevísima semblanza es para enmarcar la siguiente anécdota: A finales de los noventa, don Luis —que era senador en ese entonces— formaba parte de la COCOPA, una comisión legislativa de todos los partidos para facilitar el diálogo con los zapatistas en Chiapas. La intención de esa comisión era mostrar un esfuerzo institucional, al margen del Gobierno, para restablecer la paz en ese Estado. Los legisladores decidieron hacer reuniones de la comisión en las oficinas de los partidos para mandar la señal de que no eran importantes los colores ni las banderas de cada partido, sino el esfuerzo conjunto. En esos días yo trabajaba en el área de comunicación del PAN. A mi oficina llegó un día don Luis y me dijo:
—Quiero que me ayudes con una cosa.
—Adelante, don Luis, lo que usted diga.
—Mira —continuó—, con esto de las reuniones de la COCOPA en los partidos, resulta que la que viene es en el PRI. Quiero que le digas al presidente (se refería a Felipe Calderón, que encabezaba el PAN) que no voy a asistir a esa reunión. Es un asunto personal y no quiero molestarlo con algo así, por eso quiero que se lo comentes tú. Nunca en mi vida he pisado la sede del PRI y no lo voy a hacer ahora. Me moriré sin haberla pisado.
Y así fue. Don Luis no asistió a esa junta y murió sin haber puesto pie en el PRI.
Por supuesto, la política ha cambiado desde entonces. El PAN también ha cambiado mucho, para bien y para mal. Claro, últimamente nada más para mal, pero eso ha sido una decisión de los propios panistas: la demolición de su casa.
El tema viene al caso por dos imágenes recientes que tienen que ver con el PAN de estos días. Una es la visita de Fox al PRI y su foto con el señor Alito. Don Luis hacía un tipo de política. Fox hace otro. Cada uno a su estilo. Sin embargo, Fox no es el PAN, aunque se hayan limado asperezas con el partido (quizá lo único que ha hecho bien esta dirigencia panista es reconciliarse con sus presidentes). Fox siempre ha ido por su lado. Estuvo con el PAN cuando lo necesitó. Desde siempre ha sido un creyente de las alianzas. A sus ochenta años quiere contribuir con lo que considera que es oportuno y necesario. Pero lo que haga él no es lo que quiere o vaya a hacer el blanquiazul. Es efectivamente algo a título personal. O por lo menos eso parece, pues el PAN no ha dicho nada sobre esa reunión.
La otra imagen es más delicada y sí involucra directamente al PAN de ahora y a su directiva. Se trata del senador panista Enrique Vargas en un evento con el diputado de Morena Pedro Haces. Una imagen grotesca por lo que representa de la política nacional. Una imagen que incluso asqueó a la propia presidenta y se pronunció al respecto cuestionando la labor política de Haces. Y, como de costumbre, el blanquiazul no ha dicho nada. El asunto es que Vargas sí representa al PAN, es senador, es el “dueño” del partido en el Estado de México y forma parte de órganos directivos del partido. En pocas palabras: la imagen que importa para saber en qué anda el PAN no es la de Fox, sino la de Vargas.
La directiva panista estaba esta semana por Europa, pero en días normales está en la luna. Los presidentes del PRI y de Morena estuvieron presentes en el arranque del proceso electoral en el INE y fijaron sus posiciones. El presidente del PAN no estuvo para dar algún mensaje. Fue a reunirse a Alemania –en una gira patética por sus mensajes– con la CDU, el partido de derecha alemán que acaba de perder más de la mitad de sus votos en las pasadas elecciones frente al partido de la ultraderecha. Ni siquiera se reunieron con los ganadores. Por supuesto, aunque anduvieron por allá, no sabemos qué piensa la presidencia panista del triunfo de la AfD en Alemania.
Es un hecho que el PAN de ahora no hace la política que hacía Luis Álvarez. Pero tampoco sabemos si quiere hacer la de Fox o si está de acuerdo con la de Enrique Vargas. No sabemos qué piensa el PAN de todo esto. Es más, ya no sabemos siquiera si piensa.
@juanizavala

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