Laura Fernández promete una ‘Tercera República’ y mano dura frente al crimen en Costa Rica

Laura Fernández Delgado juró este viernes sobre una Biblia como la presidenta número 50 de Costa Rica, con la promesa de consolidar el movimiento de ruptura política iniciado en 2022 por su mentor, Rodrigo Chaves. Fernández se alinea con la tendencia internacional de derecha conservadora que repudia a los poderes tradicionales, ante los temores y críticas de opositores por conductas autoritarias.

El nuevo impulso a la herencia de Chaves —quien se mantiene en el poder como un superministro— fue el mensaje central y previsto de Fernández para la ceremonia celebrada en el Estadio Nacional, en la capital, ante cientos de seguidores en las graderías. En las delegaciones destacaron el presidente de Israel, Isaac Herzog; el emisario de Estados Unidos, Christopher Landau; y el rey de España, Felipe VI, quien invitó a la mandataria a la Cumbre Iberoamericana de noviembre. También asistió el presidente de Chile, José Antonio Kast, y otros mandatarios de Centroamérica, pero no el salvadoreño Nayib Bukele, aliado cercano de Chaves.

“Mi promesa no es solo administrar la herencia, sino multiplicarla”, dijo en su discurso de investidura, en el que también reiteró sus intenciones de aplicar medidas de “mano dura” contra el crimen organizado. Estas pasan por reformas al Poder Judicial, señalado por el oficialismo como “culpable” de la escalada de la violencia, protector de las élites y, por tanto, enemigo de los intereses populares.

Fernández, que construyó su carrera en mandos medios de la burocracia estatal y ascendió en 2022 al puesto de ministra en el gabinete de Chaves, asume la silla presidencial acuerpada por el propio Chaves, juramentado en la ceremonia como ministro de Finanzas y de la Presidencia, con lo cual intervendrá en la conducción de la nueva administración y en el manejo crítico del presupuesto estatal. Esta continuidad se reafirma con el resto del gabinete, que en su mayoría continúa en los cargos, y con la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa.

La nueva gobernante pretende aprovechar el control parlamentario para impulsar cambios legales profundos hasta entrar a una nueva era constitucional para “corregir” el sistema institucional en el país, considerado por décadas como un ejemplo de estabilidad. “Estamos a las puertas de construir una Tercera República, una nueva Costa Rica que no tiene miedo al cambio”, dijo alzando la voz sobre una posibilidad para la que requeriría apoyo de algunos de los partidos opositores para alcanzar la mayoría calificada.

Sobre la inseguridad por el narcotráfico, dijo que impulsará medidas profundas para combatir la filtración del crimen organizado en las instituciones, aunque no las detalló. “Costa Rica no puede normalizar la vergüenza de ver a sus instituciones penetradas por el crimen; no podemos aceptar que el narco encuentre grietas en nuestro sistema”, afirmó. La violencia es el principal problema señalado por la población; tiene raíces sociales y se expresa en ataques armados cada vez más frecuentes, como el que ocurrió este jueves por la tarde en una importante avenida de la capital, en momentos de traslados y actividades de las delegaciones internacionales para la ceremonia de hoy.

“Muy pronto inauguraré una megacárcel (con capacidad para 5.000 internos, inspirada en El Salvador) y uno de los centros de vigilancia policial más modernos del mundo, pero eso no servirá de nada si los jueces siguen soltando a los más peligrosos o si las leyes los protegen”, abundó en su mensaje contra el Poder Judicial. A pocos metros estaba su presidente, Orlando Aguirre, un veterano magistrado de quien Chaves se atrevió a decir que es “criminal o bruto”. El discurso presidencial ha sido un factor en el clima hostil que marcó el cuatrienio 2022-2026 y que partidos opositores esperan se atenúe, al desear y ver algunas señales de moderación de Fernández, a pesar de su expreso apego a la continuidad del “chavismo”.

“A quienes pensaron que podían recuperar privilegios, que se iban a reinstaurar las viejas prácticas, a quienes creyeron que conmigo como presidente se iban a volver a acomodar la corona en sus cabezas, les digo que están muy equivocados (…). No dejaré ningún espacio a retrocesos”, sentenció después de que la nueva presidenta del Congreso, la oficialista Yara Jiménez, le dijera en la bienvenida que la población espera de ella serenidad ante las críticas y la diversidad de opiniones.

La ceremonia incluyó también la intervención con oraciones de un sacerdote católico y un pastor evangélico, reflejo del acercamiento conservador que exaltan Chaves y Fernández, aunque la cúpula de obispos católicos se mantiene distante y ha expresado críticas diversas al oficialismo, llamando a bajar los enfrentamientos políticos y proteger la libertad de expresión.

Pese al ambiente de enfrentamientos retóricos y tensiones, grupos religiosos y empresariales también han expresado buenos deseos para la presidenta, quien manifestó su intención de mantener la imagen del país. “En el ámbito internacional, Costa Rica seguirá siendo un país de paz, de democracia y de respeto a los derechos humanos”, dijo a pesar de las críticas al Gobierno por la cercanía con Israel y con Bukele. También por los acuerdos con Estados Unidos para recibir migrantes deportados y por las relaciones cordiales con la dictadura de la vecina Nicaragua, representada en la investidura en San José por el canciller Valdrack Jaentschke, pese a los reclamos de grupos exiliados nicaragüenses.

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