Jonas Salk, el científico que usó a su familia como conejillo de Indias y salvó a la humanidad de la polio

Jonas Salk junto a su esposa y sus tres hijos

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Pie de foto, Jonas Salk inoculó a su mujer y a sus tres hijos con la vacuna contra la polio cuando aún estaba en periodo de prueba.

    • Autor, Greg McKevitt
    • Título del autor, BBC Culture*
  • Tiempo de lectura: 9 min

El 12 de abril de 1955, el Dr. Jonas Salk anunció que su vacuna era segura y eficaz. Esta llegaría a salvar incontables vidas, pero él se negó a lucrarse con ella. En 1982, Salk conversó con la BBC acerca de su gran avance.

“La humanidad recibió una de las noticias más luminosas de toda su historia”, así describió un reportero estadounidense el anuncio realizado en abril de 1955: que el Dr. Jonas Salk había logrado desarrollar una vacuna contra la polio.

La polio era una enfermedad que, hasta entonces, carecía tanto de prevención como de cura, representando una amenaza para todos por igual.

Entrevistado en televisión aquella misma noche, se le preguntó a Salk quién poseía la patente de la vacuna. “Bueno, la gente, diría yo”, respondió. “No existe tal patente. ¿Acaso se puede patentar el sol?”.

La poliomielitis, o polio, constituía una emergencia de salud pública. En 1952, Estados Unidos registró la cifra récord de 57.628 casos de esta enfermedad, la cual provoca parálisis espinal y respiratoria.

Los pacientes quedaban entonces confinados a grandes respiradores metálicos, conocidos como “pulmones de acero”, para poder respirar; estos dispositivos —junto con las férulas ortopédicas que usaban los niños en las piernas— se convirtieron en los símbolos perdurables de la polio.

La gente temía la llegada del verano, la época del año en la que los brotes eran más frecuentes.

La temida polio

Un grupo de niños en un hospital en pulmones de acero

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Pie de foto, Los niños afectados con polio quedaban confinados a los llamados “pulmones de acero”

Todos los padres conocían y temían los síntomas de la enfermedad, según Jody Zogran, una enfermera de sala que trabajó en el hospital de Pittsburgh donde Salk y su equipo desarrollaron su vacuna.

Le contó al programa Witness History de la BBC de casos de “niños pequeños [estaban] que estaban jugando fútbol un día, y de repente, se encontraban necesitando el pulmón de acero. Sin idea de lo que está ocurriendo, gritaban; y si sus piernas no están paralizadas, pateaban los costados del respirador”.

Aunque menos del 1 % de las infecciones derivaban en parálisis, la magnitud de los brotes de polio significaba que un gran número de niños terminaba, de igual manera, dentro de un pulmón de acero.

Podían permanecer encerrados en su interior -del cuello para abajo- durante días, meses o incluso años.

Los pacientes que Zogran atendía seguían siendo contagiosos, y tanto a ella como a sus colegas enfermeras se les comunicó que la única protección a su alcance era un lavado de manos riguroso.

“Nos lavábamos las manos cada vez que tocábamos a un paciente —o incluso con más frecuencia—, y recuerdo llegar a casa por la noche con las manos totalmente doloridas y agrietadas”, relató.

Si bien eran principalmente los niños quienes se veían afectados por la polio, nadie estaba a salvo.

El futuro presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt —entonces una estrella política en ascenso—, contrajo el virus en 1921, a la edad de 39 años.

La enfermedad lo dejó paralizado de la cintura para abajo por el resto de su vida.

El presidente estadounidense Franklin Roosevelt con niños paralizados por la polio

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Pie de foto, Víctima de la polio, el presidente Franklin Roosevelt se enfocó a buscar una cura a la enfermedad.

Una vez en el cargo, hizo de la lucha contra la polio su propia cruzada personal y, en 1938, fundó la March of Dimes, una organización benéfica dedicada a combatir la polio que revolucionaría el modelo tradicional de recaudación de fondos.

En lugar de buscar grandes donaciones de unos pocos, solicitaba aportes ínfimos de muchísimas personas, logrando recaudar así cientos de millones de dólares.

La carrera por la cura

El dr. Salk con un frasco en la mano con una sustancia roja

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Pie de foto, El dr. Salk estaba convencido que la vacuna debía ser un virus completamente inactivo.

Hacia finales de la década de 1940, los científicos habían demostrado que la polio ingresaba al torrente sanguíneo a través del intestino.

Al mismo tiempo, surgieron dos investigadores para competir en la carrera por una vacuna, cada uno siguiendo un camino marcadamente diferente.

El Dr. Albert Sabin, profesor de pediatría en la Facultad de Medicina de Cincinnati, ya había dedicado dos décadas al estudio del virus de la polio y creía en avanzar con lentitud y cautela, según David M. Oshinsky, autor de “Polio: An American Story” (Polio: una historia americana).

“Él se veía a sí mismo como un ‘científico de científico’… alguien que trabajaba en el laboratorio, que nunca salía de él y que realizaba descubrimientos uno a uno, utilizando bloques de construcción”, relató en un documental de la BBC de 2014.

Salk, por su parte, era un investigador de ritmo acelerado en la facultad de medicina de Pittsburgh, quien ya había desarrollado una vacuna exitosa contra la gripe para las tropas durante la Segunda Guerra Mundial.

Un factor crucial fue que contaba con el respaldo de la organización March of Dimes, la cual estaba impaciente por ver avances.

El Dr. Paul Offit, del Centro de Educación sobre Vacunas de Filadelfia, le explicó a la BBC que Salk trabajaba con la velocidad y el enfoque propios de una compañía farmacéutica; un estilo que desafiaba las ideas tradicionales sobre el comportamiento de los científicos.

Según afirmó: “Salk y Sabin mantenían diferencias fundamentales respecto a cuál sería la mejor vacuna. Salk creía que debía ser un virus completamente inactivado; Sabin, en cambio, pensaba que debía ser un virus atenuado”.

Probando la vacuna en su familia

El virólogo estadounidense Dr. Jonas Salk (1914-1995) con su familia a su llegada al aeropuerto de Pittsburgh, Pensilvania, el 19 de abril de 1955. Su hijo Jonathan, de cinco años, le obsequió una rosa.

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La financiación de March of Dimes le dio a Salk una ventaja clara.

Le permitió establecer su laboratorio en el corazón de un hospital en funcionamiento en Pittsburgh, rodeado de pacientes con polio.

Salk y su equipo utilizaban un virus de la polio desactivado para elaborar la vacuna.

Era ciencia experimental: las enfermeras enviaban los excrementos de los pacientes desde el tercer piso —donde trabajaban— hacia el sótano, para que el laboratorio pudiera aislar el virus.

Sin embargo, Salk y su equipo aún debían demostrar que la vacuna estimularía los anticuerpos necesarios para combatir el virus de la polio.

El desarrollo de la vacuna contra la polio —relató a la BBC en 1982— fue fruto de un esfuerzo paciente y reiterado.

“Existían indicios de que debía ser posible inmunizar contra la poliomielitis”, explicó. “Y entonces [había que] elegir una de las numerosas vías alternativas posibles. En el transcurso del trabajo, surgieron muchas cosas que no se habían previsto, y hubo que aprovechar las oportunidades; así que, en ese sentido, hubo algunos saltos a lo largo del camino”.

¿Hubo callejones sin salida? “Para mí, los callejones sin salida son siempre oportunidades”, respondió Salk. “Siempre he tomado lo imprevisto como una señal, y he buscado rápidamente cuáles son las vías alternativas”.

Un niño siendo inmunizado por Salk.

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Pie de foto, La inmunización contra la polio ha cambiado un incontable número de vidas.

El gran avance llegó “bastante rápido, desde mi punto de vista”, afirmó.

Décadas de investigaciones previas realizadas por otros habían preparado el terreno.

Cuando Salk comenzó su labor en 1948, el virus se había logrado cultivar recientemente en cultivos de tejidos por primera vez; las herramientas necesarias ya estaban disponibles y se habían identificado los tres tipos principales del poliovirus.

“Entre 1951 y 1952, estábamos listos para inmunizar a los niños. En 1953, los indicios eran claros; en 1954 se llevó a cabo el ensayo de campo y, en 1955, la vacuna estuvo disponible para su uso general”.

Los informes que aseguraban que había probado la vacuna en sí mismo y en su familia eran ciertos. “Por supuesto”, dijo. “Eso es algo rutinario si se tiene la suficiente confianza y seguridad”.

Para 1952, estaba tan convencido de que la vacuna era segura que inoculó a su esposa y a sus tres hijos, así como a todo el personal que trabajaba con él en el laboratorio.

Su hijo Peter, en declaraciones a la BBC en 2020, recordó “el día en que mi padre regresó a casa desde su oficina trayendo consigo jeringuillas y agujas —las cuales hirvió en la cocina, en una de nuestras ollas, para esterilizarlas—; cargó en ellas la vacuna experimental contra la polio en la que estaba trabajando y, acto seguido, nos puso en fila a los niños y nos administró las inyecciones”.

El dr. Salk inoculando a una niña

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Pie de foto, La vacuna de la polio fue uno de los grandes desarrollos médicos del siglo XX.

Para saber con certeza si la vacuna había funcionado, se requería un ensayo mucho más amplio. En abril de 1954, comenzó el experimento médico más grande de la historia de la humanidad, el cual exigió la cooperación de más de 50.000 maestros en todo Estados Unidos para inmunizar a casi dos millones de niños. Fue necesario un año de cotejo de resultados para confirmar la noticia que tantas personas esperaban oír con desesperación.

El anuncio se realizó el 12 de abril de 1955; casualmente, se cumplían exactamente diez años desde el día en que había fallecido el presidente Roosevelt. Las campanas de las iglesias repicaron por todo el país, sonaron las sirenas de las fábricas y la gente lloró en las calles, abrumada por el alivio. El número de casos de polio registrados en Estados Unidos descendió de 60.000 a 2.000 en el transcurso de un año tras la introducción de la vacuna de Salk. En el plazo de una década, la polio quedó prácticamente erradicada en Estados Unidos.

Una cucharadita de azúcar

Una trabajadora de la salud inocula a un niño contra la polio en Nepal

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Pie de foto, La administración de la vacuna se puede hacer de manera oral o inyectada

Gracias al éxito de la vacuna, Salk alcanzó fama mundial de la noche a la mañana.

Él interpretó aquella reacción de euforia como “la sensación del alivio del miedo”, más que como una medida de sus propias capacidades.

“[La reacción] parecía desproporcionada en relación con las contribuciones científicas”, declaró a la BBC. “Fue algo imprevisto e inesperado, aunque ahora, en retrospectiva, cabría haberlo esperado”.

Para evitar que su trabajo se viera interrumpido, decidió no tomarse “esa enorme cantidad de adulación” demasiado en serio.

Posteriormente, fundó el Instituto Salk, un laboratorio independiente y sin fines de lucro situado en un acantilado de California, diseñado para atraer a las mentes científicas más brillantes del mundo.

“Esa fue, a mi juicio, la siguiente gran obra; por así decirlo”, comentó. “Era un templo para la creatividad… un lugar donde el espíritu humano se vería enaltecido”.

Pero, ¿qué hay de la vacuna rival de Albert Sabin? Se administraba por vía oral en lugar de mediante inyección, lo que la hacía más idónea para las campañas de vacunación masiva.

Incluso sirvió de inspiración para una de las canciones más encantadoras de Hollywood.

A principios de la década de 1960, el padre de Jeffrey Sherman —Robert— y su tío —Richard— trabajaban en la música para la película de Disney Mary Poppins y tenían dificultades para encontrar ideas.

Dick Van Dyke y Julie Andrews junto a los niños protagonistas de Mary Poppins

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Pie de foto, La vacuna rival a la de Salk inspiró una de las más memorables canciones de Mary Poppins.

Una tarde, Jeffrey le contó a su padre que ese mismo día le habían administrado la vacuna oral contra la polio en la escuela. “¿Te dolió?”, preguntó Robert Sherman.

“Le respondí que la ponían sobre un terrón de azúcar y que simplemente te lo comías”, escribió Jeffrey Sherman en Facebook.

“Él se quedó mirándome, luego fue al teléfono y llamó a mi tío Dick. Regresaron a la oficina y compusieron ‘A Spoonful of Sugar (Helps the Medicine Go Down)’, (una cucharadita de azúcar ayuda a la medicina a bajar).”.

Para mantener bajos los costos de las vacunas, ni Sabin ni Salk patentaron sus descubrimientos con fines de lucro.

“Mucha gente insistió en que debía patentar la vacuna, pero yo no quise hacerlo”, afirmó Sabin. “Es mi regalo para todos los niños del mundo”.

Esta es una adaptación al español de un artículo publicado originalmente en inglés por BBC Culture. Puedes encontrar la versión original aquí.

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