La inflación en Colombia continúa en ascenso. El IPC de junio, publicado este martes por el DANE, se ubicó en 6,14% anual, por encima de las expectativas del mercado. Se trata del nivel más alto desde julio de 2024, cuando llegó a 6,86%, y pone fin a una racha de 21 meses por debajo del 6% que comenzó en septiembre de ese año. La variación mensual fue de 0,39%, El primer semestre de 2026 cierra, así, con los precios subiendo más rápido de lo que el mercado anticipaba en diciembre y por encima de las expectativas de los analistas. La encuesta mensual de Citi, que indaga con 20 entidades y centros de pensamiento, ubicó el consenso en 6,08% anual. La Encuesta Mensual de Expectativas del Banco de la República, la más amplia entre analistas locales —participaron 40 entidades—, arrojaba un promedio de 0,32% mensual, equivalente a una inflación anual de 6,07%; Bancolombia, por su parte, proyectaba 6,13%.
Por componentes, los alimentos subieron 0,67% en el mes y aceleraron a 6,83% anual, con las papas (9,85%) y la cebolla (13,18%) entre las subclases que más empujaron el índice. Pero el mayor salto llegó por el lado de los restaurantes y hoteles, que fue la división que más subió en el año, con 9,59%, casi 3,5 puntos por encima del promedio nacional. En contraste, alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles —la división más pesada de la canasta, con un tercio del gasto de los hogares— avanzó a un ritmo del 5,02% anual, por debajo del promedio.
El dato publicado este martes se da una semana después de que el Banco de la República decidiera, por mayoría, subir la tasa de interés en 75 puntos básicos hasta el 12%, por encima del ajuste de 50 puntos que anticipaba el consenso del mercado. El Emisor vigila de cerca un termómetro más exigente: la inflación sin alimentos ni regulados, que deja fuera tanto la comida como las tarifas de energía, gas y otros servicios públicos, que tienen precios muy volátiles. Ese indicador lleva todo el año por encima de la inflación total, señal de que la presión de fondo —servicios, salarios— pesa más que lo que reflejan las tarifas reguladas o el precio de los alimentos. En enero, este indicador comenzaba casi empatado con el dato general; desde entonces, la brecha no se reduce. En mayo, la inflación total llegó a 5,84%, mientras que la subyacente estaba en 5,98%.
Detrás de la decisión de subir las tasas hubo un desacuerdo de fondo que las minutas dejan ver: cuatro codirectores votaron por la subida, dos pidieron bajar la tasa 50 puntos básicos —en plena aceleración inflacionaria— y uno votó por dejarla quieta. El bloque mayoritario sostiene que la inflación acumula doce meses de tendencia al alza, con algunos altibajos —de un mínimo de 4,8% en junio de 2025 a 5,8% en mayo de 2026— y que el fenómeno se extendió “a muchos rubros de la canasta familiar”, algo que atribuyen a “excesos de demanda y al fuerte aumento del salario mínimo” de este año. El bloque minoritario —entre ellos el ministro de Hacienda, Germán Ávila, que se ha mostrado públicamente en desacuerdo con la decisión— cree que la presión responde más a choques de oferta (clima, geopolítica) y a la indexación de precios pasados, y advierte que subir la tasa fortalece el peso, golpea a los exportadores y a una industria presionada por las importaciones chinas.
El resultado de ese pulso queda registrado en las propias minutas: la Junta reconoce un “desanclaje de las expectativas de inflación, no solo para fines de 2026, sino también para plazos más largos”. Es decir, el propio Banco dice que los analistas ya creen que la inflación no va a converger a la meta del 3% en el horizonte habitual, y sus proyecciones rondan todas el 6,5% para el cierre de este año, más del doble de ese objetivo. Sería el sexto año consecutivo por fuera de la meta de inflación.
El propio gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, ha dicho que el equipo técnico del Emisor —el mismo que alimenta las decisiones de la Junta— prevé que la inflación cierre 2026 en 6,5%, baje a 4% en 2027 y solo vuelva al rango meta hacia el cierre de 2028. Es decir: dos años más de espera antes de que los precios se muevan al ritmo que el Banco considera saludable. Sobre lo que puede mantener la presión sobre los precios, los analistas y el Emisor coinciden en tres frentes: los arriendos, que ya suben por encima del promedio prepandemia; los servicios que dependen de mano de obra, como los restaurantes, la educación no escolar o las peluquerías, golpeados por el alza del salario mínimo; y un eventual fenómeno de El Niño que, de intensificarse, apretaría tanto la energía como los alimentos hacia finales de 2026 e inicios de 2027.
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