Por qué las primeras 48 horas tras un terremoto son decisivas para salvar vidas

Las predicciones sobre el número de víctimas causadas por los dos terremotos que han sacudido Venezuela este jueves son devastadoras: hay un 42% de posibilidades de que estos seísmos acaben costando la vida a entre 10.000 y 100.000 personas, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Ante cualquier escenario de catástrofe, pero más aún si cabe cuando las cifras de afectados son tan elevadas, una correcta coordinación de los equipos de rescate y los recursos en las primeras 24 a 48 horas es crítica para salvar el máximo número posible de vidas, como han demostrado experiencias anteriores. En el terremoto de Haití de 2010, el de Nepal de 2015 o los de Marruecos y Turquía de 2023, la actuación de los servicios de emergencia en las primeras horas marcó la diferencia.

Un ser humano puede sobrevivir hasta 72 horas sin agua ni comida, pero la ventana de tiempo de 24 a 48 horas se considera el periodo más crítico tras un terremoto. Daniel Losada, técnico en Gestión de Desastres de Cruz Roja Española, explica por teléfono que las experiencias anteriores han enseñado que en ese periodo de tiempo se concentra la mayor capacidad de supervivencia de una persona atrapada bajo un edificio o tras sufrir politraumatismos. “Aunque pase ese tiempo, los equipos siguen buscando y siguen encontrando personas con vida, pero la experiencia nos dice que esa es la ventana principal de supervivencia”. No es un dato inamovible, hay quienes han sobrevivido a situaciones extremas. El caso documentado más extremo es el del filipino Pedrito Dy, cocinero de un hotel, que fue rescatado con vida tras 14 días atrapado cuando un terremoto sacudió Luzón, en Filipinas, en 1990.

Cuando Haití fue sacudido por un seísmo en 2010 que causó 316.000 muertos, bomberos españoles acudieron al país para ayudar en las labores de rescate y entre ellos viajó Jesús Olmos, por entonces miembro de Bomberos Unidos Sin Fronteras y de la Unidad de Rescate Canina de Huelva. Olmos explicó a EL PAÍS que las posibilidades de supervivencia podían depender de algo tan prosaico como el material bajo el que una víctima estuviera sepultada y que lo peor era la tierra o el barro, más difíciles de retirar.

En el caso de las viviendas, como ocurrió en Haití y ahora en Venezuela, la diferencia la marca la estructura y el material de los edificios. “Lo ideal, lo que mayores huecos de vida permite, es una estructura de entramado de hormigón y de calidad; el malo se desmorona como un terrón de azúcar”, contaba Olmos entonces.

Depende mucho, también, de la zona afectada, según Losada. “Estamos hablando de zonas bastante pobladas, de las principales ciudades de Venezuela, Caracas y sus alrededores, y del tipo de construcción de los edificios, que son los que albergan a más personas”, indica el experto. “Existen más posibilidades de que haya habido desprendimientos. Al final, cuanta mayor densidad de población y de infraestructuras haya, mayores son las posibilidades de que aumente el número de afectados”, razona.

La fisionomía ayuda a resistir. En líneas generales, aunque con muchas excepciones, los varones suelen tener más reservas energéticas por una cuestión de índice de masa corporal, y eso ayuda en una situación de atrapamiento en la que no haya agua ni comida disponibles. Los expertos recomiendan cubrirse boca y nariz para inhalar la menor cantidad posible de polvo e intentar realizar el menor gasto de energía posible para aguantar sin comer. Es importante también controlar la respiración, inhalando y exhalando a un ritmo lento, profundo y sostenido para consumir menos oxígeno. En casos extremos, la recomendación es consumir la propia orina para combatir la deshidratación. El filipino Dy sobrevivió bebiendo agua de lluvia y su propia orina.

También es importante estar alerta y en silencio para captar cualquier ruido desde el exterior y, entonces sí, intentar responder, incluso gritar, para llamar la atención de los servicios de rescate. Y si no hay fuerzas para ello, la alternativa es intentar golpear estructuras metálicas para hacer ruido.

Aquí también es muy importante la tecnología, advierte Losada. Por ejemplo, se utiliza tecnología para detectar cuántos aparatos móviles hay en una zona. “También se emplea esa tecnología para localizar a personas si están atrapadas y pueden encender el teléfono o llamar”, explica el técnico de Cruz Roja. Además, se emplean detectores geofónicos que captan ruidos y algunos incluso temperaturas dentro de las estructuras. Los perros, por otra parte, son indispensables para detectar el olor y el calor humano, explicaba Olmos cuando estuvo rescatando supervivientes en Haití.

Rescate a dos velocidades

Aunque en estas primeras horas llame más la atención el trabajo de los rescatistas sobre el terreno, removiendo escombros y excarcelando supervivientes, existe una segunda velocidad en la respuesta ante una catástrofe, explica Losada. Ahora mismo la respuesta se enfoca en evaluar las necesidades de los afectados que están en los entornos dañados y, en paralelo, de los afectados directamente porque están debajo de estructuras colapsadas y necesitan ser rescatados. En este momento es fundamental desplegar equipos de búsqueda con perros, maquinaria pesada para excarcelar a personas atrapadas en edificios y, por supuesto, maquinaria que permita abrir paso a esos equipos.

Pero, al mismo tiempo, se hace una evaluación de necesidades y un posicionamiento de equipos, personas y material para trabajar después de esas 48 horas. “Si las infraestructuras de salud, agua o saneamiento están afectadas, en ese tiempo la población ya necesita esos suministros, así que hay que empezar a trabajar en ese postevento, en esas necesidades a medio plazo”, subraya Losada. “Lo primero es facilitar el trabajo de los rescatistas para que puedan moverse rápido y, alrededor de todo ello, se van posicionando los equipos y diseñando una respuesta ajustada a las necesidades de la zona afectada”.

Una de las elecciones más duras es la de a quién rescatar antes, y no es arbitraria, pero sí una realidad a la que se enfrentan los rescatistas y que tiene mucho que ver con los riesgos asociados a la búsqueda de supervivientes, que no siempre es posible, a pesar de que estas personas poseen una preparación específica para moverse y reaccionar ante réplicas o colapsos de infraestructuras y de que existen evaluaciones previas antes de entrar en un edificio. “Por desgracia —dice Losada—, hay edificios con un riesgo muy alto de derrumbe y hay que elegir aquellos que presentan mejores condiciones y donde hay más posibilidades de sacar supervivientes”. En cualquier caso, los equipos de rescate no actúan por su cuenta, sino de la mano de las autoridades, que son quienes deben indicar cuáles son las zonas con mayor concentración urbana o de personas.

Desde este jueves están llegando imágenes y vídeos atroces de personas que, llorosas, deambulan por las calles de Caracas gritando el nombre de sus familiares o seres queridos que no logran encontrar. En el edificio Rita del sector de San Bernardino, en Caracas, esta madrugada se concentraba un grupo de vecinos que pedía silencio para tratar de detectar algún ruido o la voz de posibles supervivientes atrapados bajo los escombros. Es natural que, al dar con una señal de vida, personas sin preparación se lancen a intentar salvar a esa víctima.

Losada considera probable que quien acuda a ayudar acabe necesitando ser socorrido, lo que obligaría a los equipos de respuesta a atender a más víctimas de las que había al principio. “Pero es inevitable”, admite. “Son eventos muy traumáticos y todo el apoyo es bienvenido, solo hay que intentar hacerlo con un mínimo de seguridad y siempre en coordinación con las autoridades”, pide.

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