Socialdemócratas, conservadores y ultraderechistas comparten algunas respuestas a los grandes problemas del país —especialmente inmigración, delincuencia y seguridad—, pero parten de diagnósticos muy distintos sobre el papel del Estado, los impuestos y el modelo de bienestar. Estas son las tres Suecias que se disputan el futuro del país este domingo en las urnas.
Hay una primera paradoja: las diferencias entre los tres son menores precisamente en los asuntos que más han cambiado la política sueca durante la última década. En inmigración, delincuencia y defensa, Magdalena Andersson se ha acercado a Ulf Kristersson, mientras Jimmie Åkesson ha situado buena parte de sus antiguas reivindicaciones en el centro del debate. Las grandes diferencias reaparecen en impuestos, educación, sanidad y papel del Estado.
Preguntado por LA RAZÓN, Niklas Bolin, profesor de Ciencias Políticas en Mid Sweden University, cree que “la campaña electoral se ha centrado en gran medida en cuestiones económicas, y los partidos se han turnado para presentar una propuesta costosa tras otra”. “Los temas dominantes de la campaña electoral anterior, como la seguridad pública, la energía y la inmigración, parecen tener menos importancia esta vez, mientras que temas como la economía, la sanidad y la educación han cobrado mayor relevancia”, constata Bolin.
Inmigración: una brecha cada vez menor
Los socialdemócratas defienden una política migratoria «estricta»: situar el asilo en los niveles mínimos permitidos por la UE, endurecer los requisitos de ciudadanía y reforzar las exigencias de idioma e integración. También quieren mayores obligaciones de actividad y formación para quienes reciben ayudas.
Los moderados (conservadores) van más lejos: quieren que trabajar resulte más rentable que vivir de prestaciones, con un techo para las ayudas y una obligación de integración para los recién llegados.
Los Demócratas Suecos representan la posición más restrictiva: reducir el asilo al mínimo posible y endurecer radicalmente ciudadanía e integración.
El cambio se aprecia también en las cifras: el Gobierno asegura que los solicitantes de asilo han caído un 75% respecto a los niveles anteriores. La diferencia ya no es, por tanto, inmigración sí o no, sino cuánto debe reducirse y qué requisitos deben imponerse.
Impuestos
Los moderados prometen 5.000 coronas (unos 500 euros) más al mes para una familia trabajadora. Incluyen unos 1.000 coronas mensuales de reducción del impuesto sobre el trabajo y ventajas fiscales para el ahorro, entre ellas eximir de impuestos los primeros 500.000 coronas en cuentas ISK.
Los socialdemócratas combinan rebajas para los hogares con menos recursos con mayor tributación sobre grandes rentas de capital y un impuesto temporal a los beneficios extraordinarios de los bancos. También proponen aumentar 200 coronas mensuales los subsidios infantil y estudiantil.
Los Demócratas Suecos coinciden con los Moderados en reducir la presión sobre las familias, pero añaden un principio nacionalista: el sistema fiscal y de prestaciones debe priorizar a quienes consideran parte de la comunidad nacional.
Delincuencia
Los tres coinciden en que las bandas criminales son una de las principales amenazas del país. Los conservadores aseguran que las muertes por disparos vinculadas al crimen organizado han disminuido un 75% durante la legislatura y que las listas de espera sanitarias han caído un 30%.
Los socialdemócratas combinan penas más duras con prevención: eliminar la «rebaja por cantidad» para delitos graves, reforzar policía y aduanas, ampliar las cárceles y crear una ley antimafia.
Åkesson propone ir más lejos: criminalizar determinadas formas de pertenencia a bandas, ampliar las facultades policiales y aumentar las penas.
La diferencia está sobre todo en el énfasis: S combina castigo y prevención; M y SD ponen más peso en policía, penas y control.
Educación
Los socialdemócratas quieren 3.700 millones de coronas adicionales para aumentar profesores y reforzar conocimientos, además de reducir el tamaño de las clases y limitar el beneficio en escuelas financiadas con dinero público.
Los moderados defienden conocimientos, disciplina y resultados, pero mantienen el principio de libertad de elección.
Los Demócratas Suecos quieren volver a los fundamentos: lectura, escritura y matemáticas, más libros y menos pantallas, mayor disciplina y una revisión del sistema de escuelas concertadas.
Sanidad
Los socialdemócratas quieren reforzar el sistema público y combatir la búsqueda de beneficios en la sanidad. Su programa presupuestario incluye 13.000 millones de coronas (1.300 millones de euros) adicionales para municipios y regiones.
Los moderados responden que los recursos destinados a municipios y regiones han alcanzado niveles récord y que las listas de espera han disminuido un 30%.
Los Demócratas Suecos también defienden aumentar la capacidad sanitaria y reducir las listas de espera. El dato político significativo es que la derecha radical ya no plantea adelgazar drásticamente el Estado del bienestar. La discusión es quién debe financiarlo y quién debe tener prioridad para recibirlo.
Defensa
La guerra de Ucrania y la entrada de Suecia en la OTAN han reducido las diferencias. Los tres apoyan el rearme, la Alianza Atlántica y la reconstrucción de la defensa total sueca. En seguridad exterior, la Suecia de 2026 está mucho más cerca del consenso que de la confrontación partidista.
¿Y el euro?
Los Demócratas Suecos rechazan sustituir la corona por el euro y presentan la moneda nacional como una cuestión de soberanía económica.
Los moderados son históricamente más europeístas, pero la entrada en el euro no ocupa un lugar central en su programa de 2026. Los socialdemócratas tampoco la plantean como prioridad electoral. La corona seguirá siendo, por tanto, la moneda sueca independientemente del resultado.
Tres modelos
Andersson ofrece más Estado, inversión pública y bienestar reforzado, pero con una política migratoria y de seguridad mucho más dura que la socialdemocracia tradicional.
Kristersson quiere menos impuestos, más incentivos al trabajo y continuidad en seguridad, inmigración y defensa.
Åkesson comparte buena parte de la agenda económica y de seguridad de la derecha, pero añade una dimensión nacional-conservadora: mucha menos inmigración, prioridad nacional en el acceso al bienestar y rechazo del euro.
La paradoja de 2026 es que las tres Suecias se parecen más en inmigración, delincuencia y defensa de lo que se diferencian en impuestos y bienestar.
La batalla, por tanto, no será solo sobre cómo combatir a las bandas o gestionar la inmigración. Será sobre quién debe pagar, quién debe recibir y cuánto Estado necesita Suecia para volver a sentirse segura. Ahí siguen existiendo tres respuestas claramente diferentes.
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