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  • Instan a Honduras a aprobar una ley para fortalecer la búsqueda de personas desaparecidas

    Tegucigalpa, 3 sep (EFE).- El Comisionado Nacional de los Derechos Humanos en Honduras (Conadeh) y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) instaron este jueves al Gobierno hondureño a aprobar una ley para intensificar la búsqueda de personas desaparecidas, crear un registro oficial de casos y asegurar la asistencia integral a las familias.

    La petición se formalizó durante el lanzamiento de la campaña ‘La ausencia tiene nombre: Un llamado a la memoria, la justicia y la acción’, impulsada por el Conadeh con el respaldo del CICR, la Secretaría de Seguridad y el Ministerio Público (Fiscalía).

    La Comisionada de Derechos Humanos en Honduras, Blanca Izaguirre, dijo a EFE que es urgente que el Parlamento apruebe la Ley de Búsqueda y Protección Jurídica de Personas Desaparecidas y sus Familiares, una iniciativa presentada en agosto pasado.

    “La ley ya establece cuál es esa ruta a seguir”, afirmó Izaguirre, quien señaló que el proyecto también contempla reformas al Código Penal relacionadas con la desaparición forzada.

    La funcionaria expresó su confianza en que el Parlamento hondureño aprobará en los próximos días la normativa, con el fin de abordar de “manera integral” el fenómeno de las desapariciones y brindar acompañamiento a las familias.

    Izaguirre subrayó que las desapariciones no corresponden únicamente a hechos ocurridos décadas atrás, sino que continúan registrándose en Honduras.

    “Tenemos personas que desaparecen en las rutas migratorias, personas que salieron de su casa y no volvieron”, señaló la comisionada, quien mencionó entre los casos conocidos el de la universitaria Angie Peña, desaparecida en 2022 en la isla de Roatán, en el Caribe hondureño.

    Dar rostro a las víctimas

    Aunque reconoció que el Estado ya dispone de ciertos protocolos de actuación, la funcionaria insistió en la necesidad de un marco legal consolidado que establezca mecanismos unificados de búsqueda, investigación penal y asistencia completa de sus familiares.

    “Uno ve esos testimonios, escucha los testimonios y es desgarrador y es cruel, (…) es inhumano”, expresó Izaguirre al referirse a la angustia prolongada que enfrentan los familiares en los procesos de búsqueda.

    La titular del organismo puntualizó que la campaña pretende visibilizar una problemática históricamente relegada, dar rostro e identidad a las víctimas más allá de las estadísticas y respaldar a sus allegados.

    Entre los casos que busca visibilizar la campaña está el de Wendy Manueles, quien desapareció en junio de 2013 a los 22 años mientras se dirigía hacia Estados Unidos.

    Su padre, Iván Manueles, presente en el acto, aseguró a EFE que no pierde la esperanza de reencontrarse algún día con su hija.

    Crear registro de desaparecidos

    Por su parte, Gia López, responsable del programa de personas desaparecidas del CICR, indicó a EFE que Honduras ha avanzado con protocolos de búsqueda, pero enfrenta el desafío de no contar todavía con un registro unificado de personas desaparecidas.

    “No hay un dato oficial de cuántas personas desaparecidas hay en Honduras”, señaló López, quien indicó que la nueva ley contempla la creación de un registro.

    La representante del CICR subrayó que detrás de cada desaparición hay una persona y una familia que necesita “una respuesta y quiere saber qué sucedió con su familiar”.

    La ley, añadió, permitiría al Estado contar con mecanismos de búsqueda “claros y efectivos”, proteger los derechos de las personas desaparecidas y sus familiares y ofrecer una atención integral a quienes enfrentan esta situación.

    (c) Agencia EFE

  • Seis décadas de reclamos de Argentina por la soberanía de las islas Malvinas

    Seis décadas de reclamos de Argentina por la soberanía de las islas Malvinas

    Buenos Aires, 3 sep (EFE).- Argentina lleva seis décadas de reclamos por la soberanía de las islas Malvinas, desde que la ONU reconoció en 1965 la existencia de una disputa entre este país y Reino Unido, etapa en la que ha habido desde una guerra hasta infructuosos intentos de entablar negociaciones.

    El último capítulo de este conflicto se ha producido esta semana, con la presentación de una demanda judicial en Argentina contra la empresa israelí Navitas y la británica Rockhopper por su proyecto de extracción de petróleo en aguas del archipiélago.

    A ello siguieron las declaraciones de Donald Trump en el sentido de que Estados Unidos podría revisar su posición sobre este conflicto, en el que ha sido, en teoría, neutral, aunque en la práctica estuvo más al lado de Reino Unido que de Argentina.

    El conflicto data de 1833, cuando la entonces Marina británica tomó el control de las islas Malvinas. Pasaron más de 130 años para que, en 1965, la Asamblea General de la ONU aprobara una resolución en la que reconoció la disputa e instó a Argentina y Reino Unido a negociar.

    Un año después, ambos Gobiernos formalizaron su voluntad de hacerlo y mantuvieron conversaciones hasta 1982, con propuestas que incluyeron desde una administración conjunta hasta un esquema de transferencia de soberanía a Argentina con arrendamiento posterior al Reino Unido.

    Dictadura, guerra y regreso de la democracia

    La guerra de 1982, iniciada por la dictadura militar argentina (1976-1983), con Leopoldo Galtieri como presidente de facto y quien ordenó la ocupación de las Malvinas, terminó con una masacre de jóvenes argentinos y se tradujo en otra victoria del Reino Unido. Así quedó hecho añicos el proceso de negociación.

    Con el regreso de la democracia a Argentina, el Gobierno del radical Raúl Alfonsín (1983-1989) intentó reabrir el diálogo y en julio de 1984 representantes de ambos países se reunieron en Berna, una cita que concluyó de forma abrupta ante la negativa británica a abordar la cuestión de la soberanía.

    Al inicio del Gobierno de Carlos Menem (1989-1999), los acuerdos de Madrid permitieron restablecer las relaciones y habilitar contactos sobre pesca, hidrocarburos, comunicaciones y otros asuntos bajo el llamado “paraguas de soberanía”, sin modificar las posiciones de cada parte.

    Los Gobiernos posteriores mantuvieron esa combinación de reclamo y cooperación. En 2007 y 2008, durante el mandato de la peronista Cristina Fernández (2007-2015), Argentina volvió a exigir negociaciones ante la ONU.

    En 2016, el conservador Mauricio Macri (2015-2019) impulsó una nueva etapa de diálogo con Londres que derivó en acuerdos sobre pesca, hidrocarburos, vuelos y cooperación, aunque tampoco incluyó una negociación sobre soberanía.

    Alberto Fernández (2019-2023) retomó una posición más explícita sobre la soberanía y en 2022 transmitió al entonces primer ministro británico, Boris Johnson, el compromiso argentino de reanudar el diálogo y las negociaciones. Durante su mandato, se reiteró ese llamado desde la ONU y otros foros internacionales.

    Codicia petrolera e irrupción de Trump

    Con Javier Milei, que llegó a la Presidencia en diciembre de 2023, la Cancillería argentina volvió a mostrar su disposición a negociar.

    En 2024, los entonces cancilleres, la argentina Diana Mondino y el británico David Lammy, acordaron avanzar en asuntos humanitarios, pesca y conectividad, bajo la fórmula de salvaguardia de soberanía.

    En 2025 y 2026, la ONU y la Organización de los Estados Americanos (OEA) volvieron a reclamar negociaciones y la última declaración de la OEA, aprobada en junio pasado, pidió nuevamente a Argentina y Reino Unido reanudar cuanto antes el diálogo para resolver la disputa.

    En medio de estos llamados, la alerta saltó con el avance de las empresas británica e israelí en su proyecto de explotación de crudo, los anuncios sobre las reservas de crudo en esa zona y las regalías que aportarán al archipiélago, en manos de Reino Unido.

    A ello se suman las recientes declaraciones de Trump sobre su disposición a revisar su posición sobre Malvinas, en medio de sus reclamos a Londres por la falta de apoyo militar en el conflicto con Irán.

    La visibilidad internacional de la disputa de soberanía también ha crecido luego de que durante el Mundial 2026 jugadores de la selección albiceleste desplegaron sobre la cancha, tras ganar a Inglaterra en la semifinal, una pancarta con la leyenda: “Las Malvinas son argentinas”.

    (c) Agencia EFE

  • Electromovilidad en México acelera gracias a una mayor oferta y menores costos

    La regulación de establecer una distancia mínima de 15 metros entre equipos de carga eléctrica y los dispensadores de gasolina, y el hecho de no incentivar la manufactura de autos verdes en México están frenando el potencial de la electromovilidad en el país, cuyo sector comienza a ser un motor de competitividad económica con el auge de ventas, advirtieron especialistas en la materia.

    Lorena Ramírez, directora de asuntos públicos de la Electro Movilidad Asociación (EMA) dijo que el mercado mexicano avanza a un ritmo creciente en la colocación de vehículos eléctricos que actualmente representa el 3.5% del total del ventas autos, sin embargo Brasil alcanzará este año el 10% de su mercado.

    Al participar en la mesa Electromovilidad en México: desafíos y oportunidades para el sector, organizado por MUNDI, la directiva de EMA señaló que el camino hacia la electrificación del parque vehicular nacional enfrenta una encrucijada: mientras el mercado y las empresas privadas avanzan con proyectos de última milla y transporte público, y los consumidores se inclinan por las nuevas tecnologías, la regulación técnica y normativa se mantiene rezagada.

    Uno de los obstáculos más críticos identificados es la normativa vigente para la infraestructura de carga. Actualmente, una regulación exige una distancia mínima de 15 metros entre los dispensarios de gasolina y los equipos de carga eléctrica. Esta disposición, difícil de cumplir en estaciones de servicio ubicadas en ciudades densamente pobladas como la Ciudad de México, carece de equivalentes en estándares internacionales, como los de la Unión Europea, donde la seguridad se garantiza sin imponer distancias fijas tan restrictivas.

    Germán Carmona, presidente de la Asociación Mexicana de Impulso al Vehículo Eléctrico dijo que la electromovilidad en México ha llegado para quedarse. El éxito de esta transición dependerá de la capacidad del país para armonizar su marco regulatorio, fomentar la inversión en infraestructura y, sobre todo, consolidar una cadena de valor que permita que la tecnología sea accesible y competitiva para todos los sectores.

    El consumidor mexicano está respondiendo favorablemente, aseguró, gracias a una mayor oferta —más de 112 modelos eléctricos y 65 híbridos conectables— y a una reducción de costos de adquisición de entre el 35% y 37% entre 2021 y 2024, la adopción crece.

    La meta de la industria es ambiciosa: alcanzar un 50% de ventas de vehículos nuevos eléctricos para 2030 y llegar al 100% para 2035.

    Para lograrlo, el sector presiona por una actualización de la NOM-163, buscando que sea más estricta y fomente una reducción real de emisiones, en lugar de permitir un cumplimiento laxo, planteó la EMA.

  • EE.UU. y Ecuador interceptan embarcación en el Pacífico presuntamente vinculada al grupo Los Choneros

    En una operación conjunta entre el Comando Sur de Estados Unidos y el Gobierno de Ecuador, la Fuerza de Tarea Conjunta Hemisferio Occidental de EE.UU. interceptó el miércoles una embarcación en aguas internacionales del Pacífico presuntamente vinculada al grupo delincuencial Los Choneros, según informaron autoridades estadounidenses y ecuatorianas.

    La embarcación “operaba como una estación de reabastecimiento flotante en apoyo a operaciones ilícitas de tráfico de drogas en el mar en aguas internacionales del Pacífico Oriental”, dijo el Comando Sur de EE.UU. en un comunicado difundido en X, y agregó que mediante inteligencia se confirmó que operaba “en apoyo de la organización narco-terrorista violenta Los Choneros”.

    Señalada como una de las bandas delictivas más grandes de Ecuador, de acuerdo con Insight Crime, Los Choneros está designada como organización terrorista extranjera por el Gobierno del presidente Donald Trump.

    El operativo, aseguró el Comando Sur, “corta un nodo crítico en la cadena logística de los traficantes” y es un avance “para desmantelar redes narco-terroristas”.

    En línea con lo difundido por EE.UU., el ministerio de Defensa Nacional de Ecuador remarcó que la embarcación servía de sostén de operaciones criminales en el mar ya que funcionaba como punto de abastecimiento de combustible para el narcotráfico, según las autoridades.

    La operación ocurrió sin incidentes ni víctimas fatales, de acuerdo con la información del Comando Sur, que dijo que infantes de Marina y marineros de EE.UU. interceptaron el barco, sacaron a los individuos del lugar y luego hundieron la embarcación. “Fue neutralizada gracias a la acción de nuestro coaliado”, dijo el Ministerio de Defensa ecuatoriano sobre la operación conjunta.

    Las personas que estaban a bordo del bote quedaron a cargo de las autoridades de Ecuador, según la información oficial, sin dar mayores precisiones sobre cuántas personas iban en el bote.

    “Estamos tomando acciones decisivas para desmantelar y destruir redes logísticas sofisticadas utilizadas por narco-terroristas para traficar drogas y esparcir violencia a lo largo del Hemisferio Occidental. Esta operación demostró las capacidades de élite y la precisión de la Fuerza de Tarea Conjunta Hemisferio Occidental, que está en vigilancia en la región para aplicar fricción sistémica total sobre estas redes”, dijo Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos.

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    El anuncio de la operación se produce al cumplirse un año del inicio de los ataques a embarcaciones en el Pacífico y el Caribe que las Fuerzas Armandas de Estados Unidos iniciaron en septiembre de 2025. En esas operaciones, las fuerzas estadounidenses han destruido al menos 67 embarcaciones y matado a al menos 221 personas, según anuncios oficiales y el análisis de CNN sobre las labores de búsqueda y rescate.

    Ecuador y EE.UU. se acercan con cooperación en seguridad

    En marzo, el Comando Sur anunció el inicio de operaciones conjuntas con las Fuerzas Armadas ecuatorianas contra organizaciones que Washington había designado como terroristas, y Ecuador es uno de los países que ha permitido la presencia de fuerzas estadounidenses en su territorio para operativos de seguridad contra organizaciones delictivas.

    Días atrás, Ecuador realizó una serie de operativos en distintos puntos del país con apoyo del Comando Sur de EE.UU. y la Administración para el Control de Drogas (DEA) contra estructuras vinculadas con Los Choneros y Los Lobos, donde se produjeron decenas de arrestos e incautación de armas, drogas, dinero y vehículos, entre otras, según indicó la DEA en un comunicado.

    Estas operaciones son un ejemplo reciente de la estrecha cooperación en materia de seguridad que han llevado a cabo en los últimos meses el Gobierno del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, con la administración de Donald Trump.

    Con información de Gonzalo Zegarra, de CNN.

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  • Video | Incómodo momento vivió expresidente Petro en vuelo a México

    Gustavo Petro fue identificado por un ciudadano en un vuelo rumbo a México. Foto: Captura de video @ColombiaOscura

    Gustavo Petro fue identificado por un ciudadano en un vuelo rumbo a México. Foto: Captura de video @ColombiaOscura

    Gustavo Petro, expresidente de Colombia, protagonizó un particular episodio durante su viaje rumbo a México tras abordar un vuelo de la aerolínea Aeroméxico. Esta decisión se vio precedida por la negativa de la aerolínea colombiana Avianca a transportarlo debido a las repercusiones derivadas de su inclusión en la Lista Clinton de los Estados Unidos.

    El incidente ocurrió mientras Petro se encontraba ubicado en la cabina de primera clase. De repente, fue reconocido por un ciudadano, al parecer colombiano, que al pasar cerca de su asiento, le gritó de manera efusiva la consigna: “¡Estamos firmes por la patria, firmes!”

    Esta frase hace alusión directa a la campaña política del hoy presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella. Frente a la sorpresiva interpelación, el exmandatario optó por ignorar al ciudadano al revisar su teléfono celular y limitarse a sonreír sin emitir ninguna respuesta verbal.

  • Embajador israelí para América Latina, ante presión internacional por cese total al fuego: “No vamos a aceptar de nuevo otra Gaza gobernada por Hamás”

    Embajador israelí para América Latina, ante presión internacional por cese total al fuego: “No vamos a aceptar de nuevo otra Gaza gobernada por Hamás”

    Nos encontramos con el embajador Amir Ofek en un hotel de Lima, en una conversación de sobremesa, café de por medio, para preguntarle de primera mano cómo se están leyendo, desde Israel, las dinámicas geopolíticas que en los últimos meses no han dejado de moverse: la presión de Washington por un alto al fuego con Hamás, el frente con Irán y sus proxies, y un proceso electoral israelí que corre en paralelo a todo eso, con críticas internas —muchas de ellas fundadas— contra el gobierno de Netanyahu cuyo desempeño militar y político durante la guerra ha sido cuestionado incluso por exjefes militares y sectores propios de la sociedad israelí. Esta es la conversación.

    Alejandro Céspedes García: Estados Unidos presiona a Israel para aceptar la tregua con Hamás, y Trump ha dado a entender que es Israel quien frena el proceso de paz. ¿Cuál es la posición oficial de Israel frente a eso?

    Embajador Amir Ofek: Creo que hay que entender el concepto en general. No se trata de un acuerdo concreto ni de los detalles; eso siempre se puede negociar. Se trata de lugares muy sensibles para la población israelí. Estamos atravesando uno de los peores momentos en la historia del pueblo judío, y el peor momento en la historia del Estado.

    En general, Israel ya ha firmado la paz con todo enemigo que tuvo la voluntad de hacerlo: con Egipto, con Jordania. Podríamos firmar mañana mismo con Líbano. Así que no creo que se pueda argumentar honestamente que el problema para llegar a una solución es Israel; el problema es la falta de una contraparte.

    Pero retrocedamos un poco. El tema central con los palestinos siempre fue “la solución”. Sin embargo, mientras nosotros hablamos todo el tiempo de cuál es la solución, ellos hablan del conflicto: qué pasó, qué pasó, qué pasó. Hasta hoy, la idea básica de dos Estados para dos pueblos ha sido rechazada a lo largo de toda la historia. En cualquier momento en que se ofreció alguna versión de esa solución en los últimos cien años, siempre la han rechazado.

    Así que todavía no estamos en el punto de hablar de un acuerdo de paz, porque la paz empieza por aceptar el derecho —no el hecho de que Israel exista, sino el derecho de Israel a existir— y ahí no estamos. Ha habido al menos trece momentos en la historia en los que se ofreció alguna versión de esa solución, y siempre, siempre la rechazaron. Así que el tema, inevitablemente, no es la paz.

    Y si alguien en la comunidad internacional está realmente hablando de la solución de dos Estados, la resistencia claramente no viene de nuestro lado. Antes de que naciera el Estado, e incluso los gobiernos israelíes hasta hace poco, y la población en general, apoyaban esa idea. Pero después de tantos años de respuestas de rechazo, la fe —o al menos la esperanza— de que fuera posible fue desapareciendo lentamente.

    Y a los últimos que todavía creían que había una opción, esa esperanza se les esfumó casi por completo el 7 de octubre. Porque fue la prueba definitiva desde que Hamás entró al juego. Al principio existían organizaciones como la de Arafat, que ni siquiera eran vistas como terroristas por algunos: parecían actores políticos, y la política tiene un carácter pragmático. Por eso, durante algunos años, muchos israelíes aún tenían fe en que sí se podía llegar a una solución. Y como dijo Shimon Peres, Arafat podía ser la persona para iniciar el proceso, pero no para llegar hasta la paz.

    Después entró Hamás, un movimiento religioso donde no hay lugar para el compromiso. Y eso dejó a la vista lo que siempre estuvo detrás de cada rechazo a la solución de dos Estados, ahora convertido en política abierta: Israel no tiene derecho a existir, y esta tierra es una tierra que ningún musulmán puede ceder en soberanía a otro.

    Así que primero hay que entender cómo se veía la idea de paz con los palestinos a lo largo de los años, con Hamás ya instalado, y luego, obviamente, después del 7 de octubre. Ahora necesitamos encontrar una manera de vivir en paz —no un acuerdo de paz, no una paz real, sino una realidad más pacífica—, porque Israel no puede ni va a aceptar ningún tipo de poder militar con las características de Hamás y su ideología abierta de destrucción de Israel.

    Alejandro Céspedes García: La información oficial israelí es que detrás de Hamás en Gaza está el régimen iraní, con proxies también en el sur del Líbano y en Siria. Desde esa perspectiva y desde el 7 de octubre, ¿cómo ha evolucionado el control de esas amenazas para Israel?

    Embajador Amir Ofek: Antes de responder directamente, quiero compartir un poco de dónde parte un israelí al analizar esta situación, porque muchas veces es un desafío enorme hablar de la coyuntura actual sin entender de dónde venimos. Un israelí llega a este momento con todo ese trasfondo, mientras que el mundo muchas veces solo tiene ojos para el instante presente.

    En la historia de Israel, el conflicto casi siempre siguió la misma fórmula. Palestinos desde Jordania atacaron durante los primeros años del Estado, una y otra vez, como un ping-pong, hasta que hubo un intento de asesinato contra el rey Hussein. Él envió a su ejército y, tras el llamado Septiembre Negro, los militantes palestinos se replegaron hacia Líbano. Así nació el patrón: un grupo militante actúa contra Israel desde el territorio de un país soberano, sin representar los intereses reales de ese país, hasta que ocurre un incidente grave y una respuesta militar más contundente pone fin a esa ronda.

    Se instalaron en Líbano, y volvió a repetirse el ciclo hasta un gran incidente en los años setenta —el ataque a un autobús con muchos israelíes a bordo, que derivó en la Operación Litani—. La tensión bajó, y después, en la Primera Guerra del Líbano, de nuevo palestinos —no libaneses— atacaron a Israel desde territorio soberano de un país que no respaldaba esos intereses, hasta el asesinato del embajador de Israel en Londres, quien murió años después, lo que llevó a esa guerra.

    Así, en el año 82, un grupo militante volvió a actuar contra Israel desde territorio soberano ajeno, sin representar al gobierno de ese país: ping-pong de ataques hasta un incidente mayor, respuesta militar significativa, y retirada. Luego llegó Hezbolá, esta vez sí libanés, pero representando intereses que no eran los del gobierno de Líbano. Y de nuevo el mismo patrón hasta la Segunda Guerra del Líbano.

    Lo que estamos viendo ahora en Líbano es distinto: por primera vez la gente parece tener el coraje de decir “basta”, y hay una discusión pública mucho más abierta y crítica contra Hezbolá. Esto se explica, sobre todo, porque Hezbolá fue el único grupo que mantuvo su poder militar tras el fin de la guerra civil libanesa, y durante años los libaneses pagaron el precio de eso. Hezbolá siempre dijo que protegía a Líbano de Israel, pero los libaneses sabían que no era así.

    Ahora que Irán está más débil, Hezbolá también lo está, y se abre una realidad donde es posible negociar, o al menos intercambiar señales entre ambos países, mientras crecen las voces que se pronuncian abiertamente contra Hezbolá. En la televisión libanesa se pregunta: ¿qué hemos ganado?, ¿para qué lo necesitamos? Porque, de hecho, no hay prácticamente ningún problema fronterizo real —hay algunos puntos menores, unos metros aquí, unos metros allá— que serían relativamente fáciles de resolver. Así que hay un cambio importante en la región, y por primera vez puede haber algo de esperanza respecto a Líbano.

    Habrá que ver cómo evoluciona Siria, que también atravesó un cambio enorme, aunque Israel tiene suficiente experiencia como para no celebrar demasiado rápido: sabemos de dónde vienen quienes hoy están en el poder allí.

    Alejandro Céspedes García: ¿Las FDI tienen identificada la cadena de suministro de armas hacia esos territorios?

    Embajador Amir Ofek: Hay un proceso, una situación en desarrollo; no es algo donde alguien dice “ahora soy azul, ya no soy rojo” y el asunto se termina de un día para otro. Los elementos siguen ahí, y tienen sus propios desafíos internos.

    Para nosotros es un tema más complejo que “simplemente cortar el suministro”. Gaza no ha cambiado en ese sentido; la gente en Gaza, los palestinos, muchas veces dicen “Hamás, Hamás, ¿quién votó por Hamás?”, cuando en su momento fue clarísima cuál era su naturaleza, cuál era su ideología. Los palestinos apoyan a Hamás. No hubo elecciones recientes ni existe un representante legítimo y único de todos los palestinos, así que tampoco está claro con quién se podría negociar.

    Pero Hamás controla, Hamás tiene apoyo, y al mismo tiempo abusa de su propia población. Creemos que cientos de camiones de ayuda que entraron a Gaza terminaron dentro del mercado negro de Hamás, financiando armamento; así consiguen su dinero. Si de verdad les interesara el bienestar de la población, no habrían construido túneles a los que ningún civil palestino tiene acceso durante una operación militar. Sabemos, sin embargo, que Hamás cuenta con el respaldo de buena parte de la población de Gaza. Por eso Hamás no puede seguir en el poder, no puede existir con armas: esa es una línea roja. No armas, no poder.

    Cuando he conversado con embajadores palestinos, algunos me han dicho: “¿Qué esperas que pase si son generaciones enteras de palestinos en Gaza que han visto morir a su gente, sin ser necesariamente partidarios de Hamás?” Y lo que en el fondo plantean es que estos procesos de guerra terminan generando una radicalización entre quienes también han sido vulnerados. El peor rasgo de la historia palestina ha sido un liderazgo pobre. Israel tiene el ejército más poderoso de la región: ¿de dónde nace la idea de que atacarlo es una buena estrategia? El 7 de octubre volvieron a elegir la única vía que han usado hasta ahora —atacar físicamente a Israel— y luego se quejan de que los palestinos ven morir a los suyos.

    Así ha sido durante toda la historia: cada vez que ocurre algo en Israel, incluso algo como la decisión de Estados Unidos de trasladar su embajada a Jerusalén, la respuesta siempre fue un atentado terrorista, siempre más judíos muertos. Los eventos del último siglo, los autobuses atacados, la primera Intifada, la segunda Intifada, los buses que explotaban. ¿Con qué atacan? Enviando a miles de terroristas tras años de un sistema educativo que les enseña a odiar, matar, destruir. Hay que entender esa estructura: es una estructura islámica que educa para odiar a Israel. ¿Cómo se puede después reclamar que todo esto es una creación palestina que no tiene nada que ver con Israel?

    Alejandro Céspedes García: Pero esa estructura tiene financiamiento y cadenas de producción propias. ¿No cabría, junto a lo militar, algún tipo de soft power: un proceso de resocialización antes de recurrir a las armas? Es casi unánime el rechazo mundial a la masacre de civiles

    Embajador Amir Ofek: Todo eso ya se intentó, muchas veces. Palestinos trabajaban en Israel: miles, decenas de miles, cientos de miles cada día. Esa fue una forma de ayudar a su economía. ¿Qué pasó? Llegaron terroristas junto con los trabajadores y hubo numerosos atentados contra israelíes. Entonces paramos, y empezamos a desarrollar zonas industriales en la frontera entre la Franja de Gaza e Israel, de nuevo con la idea de generar oportunidades. Esas zonas industriales también fueron atacadas por palestinos —hay que decirlo: por extremistas o por Hamás, pero palestinos al fin—. Y esa idea también murió.

    Después, cuando cerramos la frontera para evitar el ingreso de infiltrados, empezaron los ataques de francotiradores contra autos israelíes, familias que iban a visitar a sus abuelos en un feriado. Entonces levantamos un muro. Y ahora se quejan de que el muro es como una cárcel. Israelíes iban a hacer compras a Gaza hace no tantos años; eso también se volvió imposible. Familias israelías enviaban dinero a los trabajadores palestinos con los que habían trabajado por años, incluso durante operaciones militares, porque el vínculo humano seguía existiendo.

    Cada vez que ofrecimos una solución de capacitación laboral —Israel tiene un centro de cooperación internacional llamado MASHAV, donde miles de personas de América Latina participaron en cursos de capacitación a lo largo de los años, con una unidad específica en árabe para capacitar a palestinos— llegó un punto en que ya no fue posible. No es que Israel no haya hecho nada para ayudar.

    Cuando salimos de Gaza unilateralmente, dejamos toda la infraestructura en pie —invernaderos y todo lo que podía servir para la economía palestina—; no destruimos nada. Y la respuesta fue la misma de siempre: en lugar de usar esos invernaderos para desarrollar la economía, empezaron a disparar desde ahí.

    Así que no hay, en la historia, un solo momento en el que no se haya intentado ayudar a los palestinos. Y hablo de hechos, no de ideas. Miles de palestinos entraron a Israel para recibir tratamiento médico —en el hospital de Ashkelón, en hospitales de Jerusalén—. Israelíes voluntarios llegaban con sus autos privados al cruce entre Gaza o Cisjordania e Israel para esperar a familias palestinas, madres con niñas, y ayudarlas a llegar al hospital sin pagar un taxi carísimo. Existe una organización israelí de voluntarios dedicada justamente a eso. Y en un caso, una mujer que había recibido tratamiento en un hospital israelí en seis ocasiones volvió una séptima vez con explosivos, para atacar ese mismo hospital.

    Son cientos de historias similares, si no más. Al final se entiende: cualquier cosa que hemos intentado no ha funcionado.

    Alejandro Céspedes García: ¿Y cómo queda la relación con Estados Unidos después de que Trump diera a entender, ante el mundo, que es Israel quien no quiere la paz?

    Embajador Amir Ofek: Eso se dice en el discurso, ¿no? Y por eso no se puede tomar cada palabra de un discurso al pie de la letra, porque después cambia. Obviamente, a veces estamos de acuerdo con Estados Unidos, y a veces hay puntos en los que no coincidimos. Trump dice lo que cree en el momento; nosotros preferimos ser mucho más cuidadosos antes de adelantar conclusiones.

    Israel está lista para que, cuando haya condiciones, otros países entren a participar en Gaza. Voy a dejar el análisis de Trump de lado y centrarme en lo que puedo explicar: Israel y Estados Unidos están de acuerdo la mayoría del tiempo; a veces hay desacuerdos y los resolvemos. Pero en general, la idea es muy clara: Gaza necesita un futuro distinto, sin Hamás. La comunidad internacional debe ayudar, pero bajo esa condición: no vamos a tener a Hamás con armas. Israel está lista para eso. Hay mucha ayuda humanitaria entrando. Pero no vamos a aceptar de nuevo otra Gaza gobernada por Hamás. Es muy simple; los detalles son otra cosa, porque cada día la situación se sigue desarrollando y vamos entendiendo si Hamás va a respetar sus promesas o no.

    En estos días estamos exactamente en eso: si Hamás va a entregar sus armas o no. No va a pasar si Hamás las conserva; no va a pasar si Israel también mantiene las suyas. La pregunta principal es cómo siguen construyendo armamento. Desde octubre de 2023 hasta hoy, en 2026, ¿cómo tienen esta increíble cantidad de armas que aún se están ofreciendo contra Israel? Porque durante años hemos desmantelado túneles y arsenales, y tienen lo suficiente. La mayor parte de su capacidad —no quiero llamarla militar, sino terrorista— ha sido destruida. Pero, en fin, basta con tres fusiles AK-47 para matar.

    Alejandro Céspedes García: ¿La ideología del régimen iraní se ha fortalecido tras una guerra en la que, según varios medios, Trump no logró sus objetivos frente a Irán?

    Embajador Amir Ofek: Irán es mucho más débil que antes; eso es evidente. Pero no diría que se ha fortalecido en su rol. Si destruyes el ochenta por ciento del poder militar de alguien, el veinte por ciento restante sigue siendo un instrumento utilizable, pero en general no creo que el régimen se haya fortalecido.

    Y, de nuevo, hay que ver la política interna: quien paga el precio es el pueblo iraní. Vimos con claridad lo que el pueblo iraní piensa de su propio régimen. Pero eso no es algo que el régimen incorpore en sus cálculos; es una lógica totalmente distinta a la nuestra. Para nosotros la población es un elemento central: por eso tenemos refugios, tenemos cuartos de seguridad en cada apartamento. Es muy costoso, pero Israel invierte en la seguridad de sus ciudadanos.

    Sin el desarrollo del Domo de Hierro, imagínese dónde estaríamos hoy. Fue una idea que muchos consideraban una locura: interceptar un proyectil con otro proyectil. Invertimos mucho dinero en algo que ni siquiera estaba claro que funcionaría, pero refleja una filosofía completamente distinta sobre cómo un Estado piensa a sus propios ciudadanos.

    Gaza ha recibido cientos de millones de dólares de todo el mundo. ¿Tenemos más hospitales? ¿Más escuelas? No: tenemos cientos de kilómetros de túneles. Es un concepto totalmente distinto de cómo se valora a la propia población, y por eso no puedo analizar a esos regímenes de la misma manera en que analizo al mío.

    Se habla mucho de “proporcionalidad”. Pongamos un ejemplo: un misil impactó la estación de tren de Haifa; hoy ese lugar se conoce como Yad LaShmona (“el monumento a los ocho”), porque ocho personas murieron en ese ataque. Ahora multipliquemos ese potencial de daño por la cantidad de misiles lanzados contra la población civil israelí a lo largo de cada ronda de enfrentamiento: miles de proyectiles, cada uno con la intención de matar a cientos o miles de israelíes. Esa es la proporción real —la capacidad y la intención de matar en masa—, no cuántos israelíes murieron finalmente gracias a la defensa antiaérea. Por eso, cuando decimos que tenemos derecho a defendernos, es exactamente a esto a lo que nos referimos.

    Cuando alguien traslada cientos de millones de dólares destinados a asistencia, hospitales o escuelas hacia túneles a los que ni siquiera dejan entrar a su propia población, es una filosofía completamente distinta, y es difícil de comprender desde la distancia.

    Alejandro Céspedes García: Con Israel en proceso electoral, figuras como Eisenkot critican la estrategia militar de Netanyahu, y la ciudadanía está nuevamente dividida. ¿Cómo lee eso?

    Embajador Amir Ofek: No creo que eso tenga relación con la elección. Esta es una situación que se arrastra por décadas. Israel ha tenido muchas elecciones a lo largo de los años y nada ha cambiado del otro lado. Nada. E Israel ha perdido la esperanza de que exista alguna vez la posibilidad real de un acuerdo de paz con los palestinos, porque la respuesta ha sido siempre la misma. Así que no creo que esta elección tenga que ver con eso; las discrepancias son, sobre todo, cuestiones internas —entre ortodoxos y seculares, por ejemplo—. Nuestro parlamento es muy plural.

    Pero con el 7 de octubre, incluso los últimos israelíes que aún conservaban algo de esperanza la perdieron. Así que no creo que haya relación entre esta elección y la situación en Gaza.

    No creo que nadie fuera de Israel entienda realmente lo que fue. No es solo una masacre de personas; es un nivel de atrocidades, de violaciones bárbaras, que va más allá de cualquier ciclo de violencia conocido. Y nadie nace así. Cuando alguien de 27 años mata a diez israelíes inocentes y llama feliz a su madre para contárselo —tenemos la grabación de esa llamada— y la madre se muestra orgullosa, eso no es algo con lo que se nace: hay que ser educado para llegar a eso.

    Ese fue el shock final para los últimos israelíes que todavía tenían esperanza. Aún hay israelíes que la conservan, pero cada vez más, incluso entre ellos, saben que hoy no hay con quién hablar, porque este nivel de odio, de alegría al matar inocentes y niños, es algo completamente distinto. Nosotros también hemos vivido autobuses y barrios que explotaron con niños dentro, y aun así reconocemos que esto representa un nuevo nivel de barbarie. Así que no creo que esta elección tenga nada que ver con eso; sería un error analizar la situación con los palestinos a través del lente electoral.

    Alejandro Céspedes García: En América Latina se dice que la prensa presenta a Israel como el “villano” del conflicto. ¿Ve posible una lectura más madura desde esta región?

    Embajador Amir Ofek: Creo que el debate público, muy ruidoso, no necesariamente refleja una reflexión profunda de la población sobre la situación. Las redes sociales, obviamente, volvieron la discusión aún más superficial de lo que ya era. Las manifestaciones contra Israel comenzaron el 8 de octubre, antes de que el ejército israelí respondiera. En esas mismas 24 horas, mientras jóvenes israelíes eran violadas sexualmente de la manera más brutal posible, ya había protestas contra Israel. Y siempre se dice que una imagen vale mil palabras; este fue de los pocos momentos en que las palabras describían algo más fuerte que cualquier imagen: una familia en el suelo de su casa, un niño de doce años herido de bala en el estómago, el padre inmovilizado sin poder ayudarlo mientras ocurría una violación. Y ya había manifestaciones contra Israel.

    Así que creo que esto va más allá de la lógica. Las organizaciones internacionales tardaron cincuenta y cinco días en pronunciarse siquiera sobre la protección de las mujeres israelíes agredidas, y eso sin entrar a discutir si les creyeron o no. Cincuenta y cinco días de silencio van más allá de la lógica, más allá de una discusión honesta. A veces hay elementos de antisemitismo, o de ignorancia histórica, o lo que sea; no es una discusión racional sobre por qué tantas personas sostienen —o al menos expresan— esa percepción negativa.

    Israel ha argumentado durante años que este tipo de causas reciben una atención desproporcionada respecto a otras. Vimos lo que pasó en Irán, lo que pasó con comunidades cristianas en algunos países de África y de Medio Oriente —incluida la Autoridad Palestina—, donde hoy prácticamente no quedan cristianos, y nadie salió a manifestarse. Es algo que Israel viene señalando desde hace años, y ahora quedó más en evidencia: mientras miles de personas eran reprimidas en Irán, las universidades en buena parte del mundo guardaban silencio; y en Israel, antes de que la operación militar siquiera comenzara, ya había manifestaciones en contra.

    Así que no creo que tenga que ver con la lógica, y muchas de las personas que participan en esas manifestaciones tienen un desconocimiento casi total del tema: preguntan “¿qué río y qué mar?” sin saber a qué se refieren, o asumen que existió un Estado palestino donde nunca lo hubo, incluso a contracorriente de lo que registran la Biblia, el Corán y otros textos antiguos sobre la presencia de Israel en esa tierra. No es una discusión fáctica. Cada quien puede sostener la explicación que prefiera, y yo la aceptaré como una posición más, pero no tiene que ver con ética, con lógica ni con honestidad.

    Dicho esto, creo que cada vez más personas entienden mejor la situación, especialmente ahora que hay una suerte de choque cultural en toda Europa. Hay un tipo de despertar, incluso en Europa, frente a la pregunta de fondo: ¿con qué estamos lidiando? ¿Con el islam extremo, con corrientes que justifican la violencia? Al final, esto tiene que ver con el radicalismo y con cómo el radicalismo termina moldeando el poder real dentro de las sociedades.

    Alejandro Céspedes García: Pero eso separa a Hamás del resto de la sociedad palestina. Llamarlo “unos pocos extremistas” no parece corresponder con lo que usted mismo describe. La respuesta en todo caso es desproporcionada.

    Embajador Amir Ofek: Actualmente los palestinos respaldan a Hamás. Y, obviamente, en toda sociedad hay gente inocente que busca algo distinto. Pero aislar el fenómeno y llamarlo “unos pocos extremistas” no es del todo honesto: es mucho más que eso. Incluso dentro de tu propia sociedad, si no combates el extremismo internamente, ese extremismo termina siendo un rasgo de la sociedad misma. Israel también tiene su propia cuota de extremistas; la pregunta no es si los tienes o no, sino qué haces, como sociedad, con los tuyos.

    Cuando los palestinos convierten a sus extremistas en héroes, en mártires, y pagan estipendios a sus familias en función de cuántos judíos mató cada uno, eso es un mensaje completamente distinto. Nosotros no tenemos eso en nuestra sociedad ni en nuestro sistema educativo. No es algo estructural, no es política de Estado, no es ideología oficial. Así que no creo que se pueda decir simplemente que son “pocos extremistas”: es un problema mucho más profundo, que esa sociedad tiene que resolver, porque mientras tanto los palestinos siguen “ganando” por no lograr contener a su propio extremismo.

    Alejandro Céspedes García: ¿Y el sionismo? Algunos lo leen como su propia forma de extremismo: una ideología que no quiere a nadie más que a los judíos.

    Embajador Amir Ofek: Eso no es cierto. Tenemos un 20% de población no judía con los mismos derechos. Tenemos jueces árabes, tenemos árabes que sirven en el ejército, tenemos árabes en el Parlamento. El 60% de los farmacéuticos son árabes. No es un Estado hecho solo para judíos, pero, dada nuestra historia particular, fue evidente que los judíos necesitaban un lugar donde sentirse protegidos y seguros, después de tantas guerras y persecuciones.

    Nuestra historia es distinta, aunque incluso en otros países —sin mencionar nombres— el acceso pleno a la ciudadanía suele estar ligado a pertenecer al grupo étnico o nacional mayoritario. Pero, dada la naturaleza única de la historia judía, desde el Holocausto hasta hoy, el concepto de “hogar judío” —que es lo que en el fondo significa el sionismo— es el derecho de los judíos a tener su propio Estado nacional. Y cuando alguien pretende redefinir el sionismo como otra cosa, eso es ignorancia o, sencillamente, antisemitismo, porque los judíos no tienen menos derecho que cualquier otro pueblo a contar con un Estado propio.

    Por la naturaleza de nuestro sufrimiento histórico, y porque existen comunidades judías en todo el mundo —incluida América Latina—, cabe preguntarse: ¿por qué las comunidades judías están rodeadas de muros? ¿Por qué en Australia, en el Reino Unido, en tantos lugares, muchos judíos temen hablar abiertamente de su identidad, por miedo a la reacción? Hagamos un ejercicio: pongan una calcomanía que diga “amo a Israel” en un auto, y otra que diga “amo a Palestina” en otro. Pongan la que dice “amo a Palestina” frente a una sinagoga, y la que dice “amo a Israel” frente a una mezquita. ¿Cuál de los dos autos va a necesitar un mejor seguro?

    ¿Por qué es normal que niños judíos, en distintas partes del mundo, tengan que ir acompañados de guardias armados a la escuela? La gente lo acepta como si fuera normal. ¿Por qué las sinagogas están rodeadas de muros? ¿Por qué hay que pasar controles de seguridad para entrar a un centro comunitario judío, en cualquier parte del mundo? ¿Por qué los judíos son atacados cada vez que Israel hace algo que a alguien le gusta o le disgusta? ¿Quién salió a atacar a palestinos en el mundo después del 7 de octubre? Los judíos no lo hicimos; es una cultura completamente distinta.

    Dada esta manera en que otros se comportan hacia los judíos, es comprensible que el Estado de Israel adquiera un significado distinto: si un judío vive en el exterior, ese lugar puede convertirse, en cualquier momento, en un territorio de riesgo para él. Vimos lo que pasó en Sídney, en el Reino Unido, en tantos otros lugares. Los dos jóvenes asesinados en Washington lo fueron solo por ser judíos. Así que no creo que sea honesto comparar la naturaleza del Estado de Israel con la de cualquier otro país en ese sentido.

  • Grupo Gilinski toma el control de GeoPark y entra a Venezuela con millonario acuerdo por bloque petrolero Bare

    La operación permitirá a Gilinski alcanzar hasta 58,4% de GeoPark y participar en el desarrollo del bloque Bare, en la Faja Petrolífera del Orinoco. FOTO CORTESÍA

    La operación permitirá a Gilinski alcanzar hasta 58,4% de GeoPark y participar en el desarrollo del bloque Bare, en la Faja Petrolífera del Orinoco. FOTO CORTESÍA

    El Grupo Gilinski dará un nuevo paso en su expansión por América Latina al convertirse en el accionista controlante de GeoPark, compañía independiente de energía con operaciones en la región, tras liderar la adquisición del bloque petrolero Bare en Venezuela.

    La operación contempla queel conglomerado colombiano alcance inicialmente una participación de 56,3% en las acciones ordinarias de GeoPark, porcentaje que podría aumentar hasta 58,4% si se cumplen determinadas condiciones asociadas a mejoras en el marco contractual del proyecto antes del cierre de la transacción.

    El acuerdo, además, marca la entrada estratégica de GeoPark al mercado venezolano, a través de Bare, un activo maduro de producción de petróleo pesado localizado en la Faja Petrolífera del Orinoco, una de las mayores acumulaciones de hidrocarburos del mundo.

    Le puede interesar: Los Gilinski y GeoPark estarían cerca de cerrar acuerdo petrolero con Venezuela

    El bloque Bare cuenta con una larga historia de producción y una infraestructura petrolera ya instalada, pero también con un amplio potencial de redesarrollo. Según GeoPark, el campo posee aproximadamente 15.700 millones de barriles de petróleo original in situ (OOIP) y acumula más de 700 millones de barriles producidos históricamente.

    El activollegó a registrar una producción superior a 100.000 barriles de petróleo por día (bopd) y actualmente cuenta con unos 1.100 pozos existentes.

    Su producción bruta actual ronda los 11.000 barriles diarios, aunque GeoPark estima que el campo podría alcanzar entre 85.000 y 95.000 barriles diarios en un escenario de redesarrollo.

    El plan contempla llevar el factor de recobro del campo desde aproximadamente 4%-5% hasta 8%-9%, con una producción neta acumulada estimada para GeoPark de cerca de 400 millones de barriles.

    La compañía también proyecta más de una década de producción en un nivel de entre 55.000 y 62.000 barriles diarios netos para GeoPark.

    Lea más: GeoPark acude a los incentivos de Milei para convertirse en la petrolera independiente con mayor presencia en Vaca Muerta

    Uno de los elementos centrales de la operación es el acuerdo contractual que permitirá desarrollar Bare. La oportunidad fue liderada por el Grupo Gilinski y permitió asegurar un Contrato de Participación Productiva (CPP) por 25 años con PDVSA Petróleo S.A.

    Bajo este esquema, GeoPark será el operador y asumirá el 100% de las inversiones de capital contempladas en los programas de trabajo aprobados. A cambio, tendrá una participación económica neta del 65%.

    El contrato también contempla derechos para comercializar y monetizar directamente los hidrocarburos, acceso a infraestructura considerada crítica y mecanismos de protección y reequilibrio económico frente a eventuales interrupciones operativas.

    La entrada en vigencia del CPP está condicionada a las aprobaciones y autorizaciones correspondientes,así como al cumplimiento de requisitos regulatorios y relacionados con sanciones. El plazo máximo estimado para este proceso es de 120 días.

    La transacción se estructuró principalmente mediante la emisión de acciones de GeoPark al Grupo Gilinski, en lugar de utilizar recursos de caja de la compañía.

    En una primera etapa, GeoPark tendrá una participación del 5% en CPP Holdco, sociedad que controla indirectamente el vehículo venezolano que suscribió el contrato sobre Bare.

    Posteriormente, adquirirá el 95% restante mediante la emisión de 42,1 millones de acciones de GeoPark a una entidad del Grupo Gilinski.

    El precio acordado para esas acciones será de US$12,22 por acción, lo que representa una prima de aproximadamente 26% frente al precio promedio ponderado por volumen (VWAP) de 30 días de GeoPark.

    En términos económicos,los términos de intercambio, incluida la prima de emisión, representan aproximadamente US$160 millones, equivalentes a un incremento inmediato de valor estimado en US$1,50 por acción para los accionistas de GeoPark.

    Una vez concretada la emisión, Gilinski tendría aproximadamente 56,3% de GeoPark. Sin embargo, si se activan los mecanismos de ajuste contemplados en el acuerdo, el grupo podría recibir hasta 5,4 millones de acciones adicionales, elevando su participación potencial hasta 58,4%.

    El acuerdo también contempla una alternativa de liquidez para los accionistas de GeoPark.

    El Grupo Gilinski prevé lanzar una oferta pública de adquisición (OPA) a un precio de US$12,22 por acción, por un monto total de US$100 millones.

    De acuerdo con los términos divulgados, esta oferta representaría un pago prorrateado equivalente a aproximadamente US$2,10 por acción para los accionistas de GeoPark que participen en ella.

    La operación fue aprobada por el directorio de GeoPark. Gabriel Gilinski, Dorita Gilinski y Camilo Martínez, directores nominados por el Grupo Gilinski, fueron excluidos de las deliberaciones y de la votación relacionadas con la transacción.

    GeoPark aseguró además que continuará cotizando en la Bolsa de Nueva York (NYSE) y mantendrá un directorio con mayoría independiente y las estructuras de gobierno corporativo correspondientes.

    La adquisición de Bare se suma a las operaciones que GeoPark mantiene en Colombia y Argentina, especialmente a su crecimiento en Vaca Muerta.

    La compañía estima que la incorporación de la producción de Bare, junto con el crecimiento esperado en Argentina, podría llevar su producción total a entre 75.000 y 85.000 barriles de petróleo equivalente por día (boepd) en 2030.

    Esto supondría multiplicar por aproximadamente 2,7 veces sus niveles actuales de producción.

    GeoPark considera que Bare puede convertirse en uno de los principales motores de ese crecimiento debido a la combinación de reservas de gran escala, infraestructura existente y potencial para aumentar el factor de recobro.

    Jaime Gilinski, presidente del Grupo Gilinski, destacó el potencial que el conglomerado observa en Venezuela y en el desarrollo del bloque Bare: “Creemos en el potencial de Venezuela y en la capacidad de GeoPark para desarrollar Bare de manera responsable. Nos enorgullece acompañar el crecimiento de la Compañía en el país”.

    Por su parte, Felipe Bayón, CEO de GeoPark, calificó la reactivación del sector energético venezolano como una de las oportunidades industriales más relevantes de América Latina y resaltó la escala, infraestructura y producción histórica de Bare.

    La compañía sostiene que su experiencia en activos maduros y en crudos pesados, junto con su conocimiento de operaciones en América Latina, le permitirá avanzar en un redesarrollo progresivo del bloque.

    La transacción representa un movimiento de doble alcance: Gilinski obtiene el control de una compañía energética con presencia regional y GeoPark consigue una plataforma para ingresar a Venezuela.

    Para Venezuela, el proyecto supone la llegada de capital y capacidad técnica para intentar recuperar producción en un campo que cuenta con infraestructura existente pero cuyo factor de recobro actual sigue siendo relativamente bajo.

    Para GeoPark, en tanto, Bare agrega un activo de gran escala y larga duración a sus operaciones en Colombia y Argentina, con la posibilidad de aumentar significativamente sus reservas, producción y generación de EBITDA durante los próximos años.

    El principal desafío estará en la evolución del entorno operativo y regulatorio venezolano. Precisamente por ello, los términos de la operación incorporan mecanismos destinados a considerar el riesgo país y eventuales cambios en las condiciones contractuales del proyecto.

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    Bloque de preguntas y respuestas:

  • Las empresas energéticas de EE.UU. refuerzan su presencia en Venezuela tras el acuerdo petrolero

    Las empresas energéticas de EE.UU. refuerzan su presencia en Venezuela tras el acuerdo petrolero

    Las empresas energéticas estadounidenses firmaron el miércoles una serie de acuerdos valorados en varios miles de millones de dólares con Venezuela, pocos días después de que el país sudamericano aceptara ceder a Washington el control de una parte enorme, aproximadamente una quinta parte, de sus vastas reservas de petróleo.

    El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, viajó a Caracas, la capital de Venezuela, para supervisar la firma de acuerdos por valor de “decenas de miles de millones de dólares de inversión”, que se interpretan como la contrapartida por la obtención por parte de Washington del control mayoritario de 65.000 millones de barriles de reservas de crudo venezolano.

    Wright afirmó que los acuerdos suscritos por Venezuela con la petrolera estadounidense Chevron, GE Vernova, filial de General Electric, y la italiana ENI eran “fundamentales para poner en marcha esta dinámica de paz, oportunidad y prosperidad” en el país.

    Una mujer camina junto a un tanque de almacenamiento de petróleo de la empresa estatal venezolana PDVSA, en Cabimas, Venezuela, martes, 1 de septiembre de 2026

    Una mujer camina junto a un tanque de almacenamiento de petróleo de la empresa estatal venezolana PDVSA, en Cabimas, Venezuela, martes, 1 de septiembre de 2026 – Ariana Cubillos/Copyright 2026 The AP. All rights reserved

    El presidente estadounidense Donald Trump ha presentado el acuerdo sobre las reservas de petróleo de Venezuela como “el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”.

    El anuncio llega mientras los republicanos estadounidenses se preparan para posibles pérdidas en las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre, debido a la escalada del precio de los combustibles provocada por su guerra contra Irán y a una crisis nacional más amplia del coste de la vida en vivienda, alimentación, suministros y otras necesidades básicas.

    Sin embargo, los acuerdos han suscitado serias dudas sobre la soberanía de Venezuela. Críticos tanto en Estados Unidos como en Venezuela acusan a Trump de mantener al país como rehén después de haber derrocado al expresidente Nicolás Maduro en una redada y de advertir de que Delcy Rodríguez podría correr la misma suerte si no se pliega a las exigencias de Washington.

    Estados Unidos no estaba “robando el petróleo venezolano“, insistió Wright. “Lo único que hacemos es aprovechar un recurso subterráneo inactivo, que no está aportando nada al pueblo venezolano, y aportar el dinero y la tecnología para desarrollarlo”.

    La presidenta interina, Delcy Rodríguez, negó previamente estar entregando las riquezas de su país y sostuvo que dar entrada a Estados Unidos en la riqueza petrolera de Venezuela es necesario para asegurar inversiones en el sector.

    El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, habla tras la firma de un acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela, en Caracas, 2 de septiembre 2026

    El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, habla tras la firma de un acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela, en Caracas, 2 de septiembre 2026 – Pedro Mattey/Copyright 2026 The AP

    “Más petróleo se traduce en más empleo, salarios más altos, mejores servicios públicos, hospitales, escuelas y comida”, afirmó. Rodríguez ha calculado que Venezuela obtendrá 209.000 millones de dólares (180.000 millones de euros) de beneficios por estos acuerdos en 25 años.

    El gigante petrolero estadounidense Chevron confirmó que ampliará sus operaciones en Venezuela después de que el presidente Donald Trump anunciara un ambicioso acuerdo para desarrollar las reservas de crudo del país y otorgar al Pentágono una participación en los beneficios.

    Chevron, la única petrolera estadounidense con una presencia significativa en Venezuela, informó el miércoles de que se le han asignado nuevas áreas en la Faja del Orinoco, donde ya tiene operaciones activas.

    La empresa prevé invertir más de 7.000 millones de dólares (6.000 millones de euros) en los próximos cinco años, con el objetivo de más que duplicar su producción actual hasta alrededor de 600.000 barriles al día.

    “La historia de Chevron en Venezuela se remonta a más de un siglo y nuestra posición reforzada refleja la confianza en el profundo potencial de recursos del país”, afirmó el consejero delegado, Mike Wirth, en un comunicado.

    La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, habla durante una reunión con el secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, en Caracas, 2 de septiembre de 2026.

    La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, habla durante una reunión con el secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, en Caracas, 2 de septiembre de 2026. – Pedro Mattey/Copyright 2026 The AP.

    Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con un total de más de 303.000 millones de barriles de crudo, según el Boletín Estadístico Anual 2025 de la OPEP. Arabia Saudí ocupa un lejano segundo lugar, con 267.000 millones de barriles.

    El acuerdo ha sido recibido con escepticismo por parte de expertos en energía, que sostienen que harán falta años para reactivar la industria petrolera de Venezuela, sumida en el caos tras años de abandono.

    También hay dudas sobre si la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, tiene autoridad para otorgar a North American Blue Energy Partners (NABEP) derechos por 100 años sobre 17 yacimientos petrolíferos con reservas de 65.000 millones de barriles, y sobre si futuras administraciones venezolanas o estadounidenses podrían revocar el acuerdo.

    La Constitución de Venezuela establece que acuerdos como el firmado por Estados Unidos deben ser aprobados por la Asamblea Nacional, algo que no ha ocurrido, escribió Ian Vásquez, vicepresidente de estudios internacionales en el Cato Institute.

    “El acuerdo carece de legitimidad, ya que se pactó con una dictadura que se ha aferrado al poder durante décadas mediante la violencia y cometiendo el que probablemente fue el mayor fraude electoral de la historia de América Latina en 2024″, escribió Vásquez.

    “El acuerdo también se alcanzó bajo una enorme presión, militar y de otro tipo, por parte de Estados Unidos. Por ello, cualquier futura democracia venezolana cuestionará el pacto, lo que socavará la confianza en el arreglo actual”, añadió.

  • ‘México, gracias por todo lo que has hecho por mí’

    ‘México, gracias por todo lo que has hecho por mí’

    Hay varias historias que describen la realidad de México. Algunos cuentan la de una paralizante incertidumbre creada por nuevas reglas judiciales.

    Otra es la del líder de la empresa más valiosa de Estados Unidos, el genio cuyas máquinas hicieron posible esta era de inteligencia artificial. Él estrechó ayer la mano de un personaje bien conocido y lanzó un mensaje a los habitantes de este país que gusta del arroz con leche:

    “Marcelo, es un gran honor conocerte. Me alegra mucho encontrarte aquí en el G20. Este es el comienzo de una revolución industrial y, en su esencia, en su base, se encuentra una supercomputadora de IA que fabrica NVIDIA. Resulta que las supercomputadoras de IA de NVIDIA se fabrican en México. Contamos con muchas empresas increíbles y muchos artesanos y trabajadores excepcionales que trabajan para nosotros en la construcción de estas increíbles máquinas. Tengo muchas ganas de ir a México y ayudar a impulsar a México hacia esta era, la era de la IA”, dijo ayer Jensen Huang, fundador y líder de Nvidia, mientras extasiaba a un secretario de Economía cuya sonrisa le daba vuelta a la cabeza.

    Para dimensionar la relevancia de Huang basta entender que incluso Elon Musk batalla para acceder a sus productos, pues empresas como Tesla o SpaceX deben hacer fila junto con Apple, Microsoft, Google y Meta…

    Marcelo Ebrard, con una dicción dificultada por la incapacidad temporal para unir los labios, alcanzó a decir: “Lo invité a nuestro país. Muchas gracias. Está muy interesado en apoyarnos y ayudarnos a lanzar esta iniciativa sobre inteligencia artificial. Ya estamos fabricando las computadoras que ellos utilizan”.

    Huang correspondió con un saludo desde ese salón ubicado en algún punto de Carolina del Norte, Estados Unidos:

    “Muchas gracias por tu tiempo. Y México, gracias por todo lo que has hecho por NVIDIA y gracias por todo lo que has hecho por mí”.

    ¿Pues qué anda haciendo México, tú?

    No lo aclaró ayer 2 de septiembre, Jensen, pero han trascendido detalles que permiten aproximarse a esas tareas. Por ejemplo, que los mexicanos producen servidores y racks para IA con GPUs Blackwell —B200 y GB200—.

    La taiwanesa Foxconn está construyendo, en Guadalajara –El Salto-Tonalá, Jalisco, zona metropolitana– la planta más grande del mundo para ensamblar los servidores GB200 de Nvidia.

    La producción masiva, cuyo arranque se reportó a inicios de 2026, contempla una capacidad de miles de servidores al año.

    Desde 2025, Nvidia ha incrementado el envío de servidores armados en México para aprovechar el T-MEC y evitar los aranceles que enfrentaría al importarlos desde Asia.

    Para las empresas de alta tecnología ha sido un descubrimiento clave encontrar en México mano de obra avanzada y confiable. He platicado con CEOs de la industria aeronáutica que recuerdan cómo llegaron al país para fabricar arneses y terminaron construyendo piezas o aviones casi completos, transformando ciudades como Querétaro o Chihuahua.

    La posible visita de Huang a México ocurriría durante lo que él llama la era de la inteligencia artificial. Pero esta herramienta se percibe cada vez más como un commodity, una tecnología de propósito general —general purpose technology o GPT—, comparable con la electricidad.

    De ahí que el gobierno del presidente Donald Trump describa esta etapa como una “Edad de Oro de la Innovación Estadounidense”, basada en la IA, pero también en una agresiva desregulación y en la agilización de procesos entre laboratorios.

    La ejecución de esa estrategia recae, en buena medida, en Michael Kratsios, descendiente de griegos y director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica del país vecino, quien elaboró un informe titulado Science, A New Golden Age, publicado en julio:

    “Nuestra nación erradicó la polio, llevó al hombre a la Luna, descifró el genoma humano e impulsó la revolución digital. Con su liderazgo [presidente Trump], extenderemos nuestro poder científico y tecnológico al segundo siglo estadounidense y continuaremos generando las innovaciones y los descubrimientos que definen el mundo moderno”, escribió.

    ¿Qué papel va a jugar México en esta era? Quizás Huang pueda venir a darnos ideas.

  • México, Taiwán y Vietnam ganan ante la pérdida de mercado de China en EU

    México, Taiwán y Vietnam ganan ante la pérdida de mercado de China en EU

    La Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (USITC) proyectó mayores ganancias para México, Taiwán y Vietnam en el mercado de importaciones de Estados Unidos por la pérdida de la participación de China.

    Su prospección es resultado de una investigación llamada “Efectos en la economía estadounidense de la revocación del estatus de relaciones comerciales normales permanentes de China”, la cual le encargó el Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes.

    Tomando como año base 2023 y por un periodo de seis años a partir de entonces, México se colocó como el mayor ganador fuera del propio Estados Unidos en términos absolutos (18,300 millones de dólares, con un crecimiento de 3.6 por ciento).

    Pero en cifras relativas, Taiwán obtuvo un crecimiento de 12.6%, lo que equivale a 12,500 millones de dólares, seguido de Vietnam, con un alza de 10.4% o 12,400 millones de dólares.

    Según la indagación, la revocación del estatus de relaciones comerciales normales permanentes de China y el consiguiente aumento de los costos del comercio bilateral con China reconfigurarían los patrones de comercio y abastecimiento de Estados Unidos a través de dos canales principales: la reorientación del abastecimiento estadounidense fuera de China y el aumento de los costos de los insumos intermedios que afectarían a toda la economía estadounidense.

    El resultado sería una reducción persistente del valor de las importaciones procedentes de China, que caería 30.8% (140,900 millones de dólares) en el sexto año en comparación con la línea de base y 73.8% (337,900 millones de dólares) a largo plazo, modestos aumentos en las importaciones de muchos otros proveedores extranjeros y un mayor consumo interno de la producción estadounidense, acompañado de un descenso gradual de la competitividad de las exportaciones estadounidenses.

    Al mismo tiempo, los productores estadounidenses cubrirían gran parte del vacío creado por la menor competencia de las importaciones chinas, lo que generaría aumentos sustanciales en los envíos para consumo interno a lo largo del tiempo (un aumento de 0.6 % en el sexto año en comparación con el escenario base, lo que representa un incremento de 205.900 millones de dólares). El porcentaje escalaría a 1.8 % a largo plazo.

    En retrospectiva, las exportaciones estadounidenses de bienes y servicios a China aumentaron de 21,800 millones de dólares a 162,600 millones de dólares entre 2000 y 2025.

    Durante el mismo periodo, las importaciones estadounidenses procedentes de China aumentaron de 103,200 millones de dólares a 331,900 millones de dólares. Los productos manufacturados representaron más de 88% de las importaciones estadounidenses procedentes de China en igual lapso.

    La Comisión optó por utilizar 2023 (modelo GE) y 2024 (modelo PE) como años base para analizar el impacto de la revocación de relaciones comerciales normales permanentes de China. Esta elección reflejó tanto la mayor estabilidad de los aranceles efectivos estadounidenses antes de 2025 como, en el caso del modelo GE global, los retrasos en la disponibilidad de datos de comercio y producción internacionales.

    Según la USITC, los consumidores y productores estadounidenses ajustarían sus decisiones de abastecimiento, reorientando sus compras de importaciones chinas hacia fuentes nacionales y otros socios comerciales.

    Si bien las importaciones estadounidenses procedentes de China disminuirían, las importaciones de otros socios comerciales aumentarían, especialmente las de México, Taiwán, Vietnam, Canadá, Japón y Corea del Sur, lo que resultaría en una disminución de 0.5% en las importaciones totales mundiales durante el sexto año.

    Finalmente, los consumidores y productores estadounidenses se enfrentarían a aumentos de precios de 0.7 y 0.5%, respectivamente, a largo plazo. Los precios más altos de los bienes intermedios reducirían la producción real en 0.2% a largo plazo. Y la mayoría de las industrias experimentarían pequeñas disminuciones en la producción real (generalmente de menos de 1 por ciento).

    La USITC es una agencia federal bipartidista del gobierno estadounidense que investiga asuntos de comercio internacional y asesora al presidente y al Congreso de los Estados Unidos.