Sudamérica: semáforo en rojo… (Último tango, opinión)

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Si hace cuarenta años dos selecciones sudamericanas enfrentaban a similares asiáticas y no ganaban era una vergüenza. “¡Insólito, no le pudimos ganar a Japón…!”, bramaban los hinchas. Se hacían 18.000 kilómetros, pero se iba para cobrar un buen cachet. Ahora, si van y consiguen un empate es “un buen resultado”. Partidos de este jueves 24 de septiembre: Corea del Sur 3 – Ecuador 0 y Japón 3 – Uruguay 1. Lo peor es que ya consideramos lógicos estos resultados. Normales. Porque nos sabemos menos. Lo dice la realidad: Corea del Sur asistió a los últimos once Mundiales consecutivos, Ecuador a cinco. Japón clasificó a todos desde Francia ’98 para acá (ocho en total), Uruguay sólo a seis. Con un agregado: Corea y Japón deben pelear sus boletos en una eliminatoria de 46 equipos, Ecuador y Uruguay en una de 10. Como en política, economía, seguridad, educación, salud, Sudamérica también va decayendo en fútbol. En las pruebas PISA, de nivel educativo, seis de los diez primeros del mundo fueron del sudeste asiático; los sudamericanos, de mitad de tabla para abajo.

El viernes fue el turno de Brasil: le arrancó un heroico empate a Australia en el minuto 95. Las placas tectónicas del fútbol se mueven lentamente, pero se mueven.

Van 23 Mundiales en 96 años, nunca hubo finalistas que no fueran de Europa o Sudamérica. Ningún otro continente estuvo realmente cerca de llegar a la máxima instancia. Hasta ahí, bien. En los primeros 48 años de disputa (1930-1978), Sudamérica ganó 6 títulos y Europa 5. En los 48 siguientes Europa levantó 8 veces la Copa frente a 4 de América del Sur. Se abrió una brecha y el Mundial 2026 la profundizó, encendió una luz roja para el continente que dio a Pelé, Maradona y Messi.

Carlo Ancelotti Foto:EFE

Un dato aún más perturbador: de las últimas 8 ediciones (1998-2026), Europa se llevó 6. Esto marca un dominio del Viejo Mundo y una parábola descendente de Sudamérica. También un toque de atención y nostalgia: ya no estará Messi en 2030. Con él siempre se mantuvo la esperanza, como cuando estaban Pelé y Maradona. De hecho, con ellos tres en cancha Sudamérica estuvo presente en ocho finales. Otra mala es que desde hace 76 años hay sólo dos representantes en la instancia suprema: Brasil y Argentina. Los demás, lejos.

Lionel Messi, figura de Argentina Foto:AFP

Argentina ha mantenido un nivel: en los últimos 48 años arribó seis veces a la final. Sin embargo, para México/Estados Unidos/Canadá no alumbró ningún jugador nuevo de alta calidad. No digamos un Maradona o un Messi, sí una figura que marque diferencias. Por ello Scaloni repitió en el Mundial norteamericano 17 nombres de los que actuaron en Catar 2022. Y ellos fueron los que animaron los ocho partidos del 2026. Eso determinó que, en la final ante España, se viera un equipo fatigado, con varios miembros en fase de jubilación. El ingeniero Manuel Pellegrini, magnífico entrenador chileno que dirigió a San Lorenzo y River, nos dijo una vez: “En la Argentina levantás una baldosa y encontrás un crack”. Ya no. Se pueden levantar aceras enteras y no surge nada. Aclaremos que tampoco Europa muestra ninguna luminaria joven de menos de 25 años. Lamine Yamal pasó inadvertido en la coronación mundial de España.

No sólo es Argentina. Entre los seis representantes sudamericanos no se vislumbró una novedad en materia individual, ni una sola estrella naciente. Lo único rescatable de Brasil, aunque sin brillar en absoluto, pero al menos marcando 4 goles, fue Vinicius, a quien, en las épocas gloriosas de Brasil tal vez no le daba para ser suplente. Brasil debe repensar todo su fútbol. En 2030 cumplirá 28 años sin coronar y sin alcanzar el cotejo decisivo. Hasta ser local en 2014 no le sirvió: fue apaleado por Alemania con aquel terrible 7 a 1. En este 2026 Noruega lo expulsó del campeonato muy temprano, en octavos de final. Ya venía de un triunfo angustioso sobre Japón 2-1 en el minuto 95. No tuvo juego ni alma. Estaba siendo eliminado por Noruega y ni inquietó al arquero Nyland. Se contrató a Carlo Ancelotti con la idea de ser campeón, mas su fracaso fue rotundo.

Vinícius Jr. Foto:EFE

El recordado Tostão criticó el planteo de Ancelotti: “Brasil jugó al contragolpe, como si Noruega fuera Francia”, cediendo demasiado protagonismo al rival cuando, por calidad, debía haber asumido más la iniciativa. Señaló un problema histórico del mediocampo brasileño: “Brasil lleva años formando extremos y delanteros, pero no grandes centrocampistas capaces de controlar el juego. El ejemplo es España y la influencia de Rodri en la organización del equipo”. No obstante, no apuntó a un solo culpable sino a un cúmulo de factores: “Brasil arrastra dificultades en ámbitos como la educación, la corrupción, la criminalidad y la productividad, y ese contexto también termina reflejándose en el fútbol”. Por último, destacó la globalización del fútbol: “Las diferencias entre Brasil y otras selecciones se han reducido por la mejora táctica, física y tecnológica en todo el mundo”.

Néstor Lorenzo Foto:AFP

Fuera de Argentina, el que más satisfizo fue Colombia, un equipo serio, competitivo, con mucha solvencia, pero poco gol. Tampoco avanzó más de octavos de final. Una pena porque exhibió un aceitado funcionamiento, magnífica defensa y mediocampo, aunque una vez más chocó contra su karma: el gol. Un número inquietante lo explica: 20 selecciones, incluso varias eliminadas antes que la de Néstor Lorenzo, convirtieron más que Colombia. Creó cantidades de jugadas de riesgo, por vértigo o por movimientos tácticos, el problema fue la definición. John Córdoba, Luis Suárez y Cucho Hernández, sus tres centrodelanteros no convirtieron un gol en cinco partidos. Ninguno dio la talla para un Mundial. Luis Díaz, llegado como luminaria al torneo, no apareció. Eléctrico como siempre, pero también errático, apurado, fallón. Se anotó una sola vez en la red. Tampoco generó situaciones. Eso y el drama del número 10. James Rodríguez, impresentable físicamente, caminó todo el Mundial. No tuvo influencia ni generó peligro en el área rival. Ni tan solo con sus centros.

James Rodríguez y Luis Díaz. Foto:Instagram: luisdiaz19_

No obstante, se retiró invicta la selección amarilla. Y gustó. En el duelo de grupos, aunque terminaron 0 a 0, fue ampliamente superior a Portugal, que llegó como uno de los favoritos. Tiene que dar un salto de calidad.

Uruguay terminó en un vergonzante 37° lugar. No pasó de la fase de grupos, cayó ante España y apenas pudo igualar con Arabia Saudita y Cabo Verde. Una de las peores actuaciones en la historia mundialista para un país que es bicampeón. ¿Ya no es una selección grande…?

Selección de Uruguay Foto:EFE

Paraguay fue decimosexto con un juego ultradefensivo. Debutó siendo aplastado por Estados Unidos con un 4 a 1 que pudo ser mucho más amplio. Luego se recuperó y dio un golpe grande: eliminó a Alemania por penales tras igualar 1 a 1. Fue todo un suceso y el Gobierno guaraní decretó feriado nacional para que el pueblo festeje. Aunque se trató posiblemente de la peor Alemania en sus 92 años de participaciones mundialistas. La Albirroja tampoco atravesó los octavos de final: cayó ante Francia 1 a 0 en un polémico partido.

Ecuador fue 25°. Se quedó en dieciseisavos. Ha sido un golpe duro. Debe empezar un proceso de cero. Tiene la excelente base defensiva y, como todo el subcontinente, debe encontrar valores nuevos en creación y ataque. En lo que ya no puede equivocarse más es en la elección del técnico.  

Sudamérica debe volver a pensar en la formación de talentos, aunque los presidentes de asociaciones no parecen tener ese objetivo en su órbita. Lamentablemente, puede que esa su prioridad número mil.

Último tango

JORGE BARRAZA

Para EL TIEMPO

@JorgeBarrazaOK

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