Matteo Salvini ha pasado su verano más difícil desde que fue elegido en 2013 para sustituir a Umberto Bossi como secretario general de la Liga. Su llegada a la cúpula provocó un terremoto en las raíces más profundas de la antigua Liga Norte, que perdió hasta el apellido. La formación abandonó las ambiciones independentistas para expandirse en todo el territorio nacional y cambió los insultos a los italianos del sur por el ataque a los inmigrantes. Lo hizo a pesar de tener a la mayoría de los barones leguistas en contra, incluido su fundador.
El experimento tuvo éxito los primeros años. En 2018 Salvini se convirtió en el ministro del Interior de un gobierno de coalición con el Movimiento Cinco Estrellas que le catapultó a lo más alto de su popularidad. Con el ‘Capitano’ al frente, como le llaman sus seguidores más fieles, la Liga se convirtió en la primera fuerza política italiana en las elecciones europeas de 2019, con el 34% de los votos, muy por delante de Hermanos de Italia, el partido de Giorgia Meloni, que apenas alcanzó el 6%. Hoy la situación es exactamente la contraria. La pérdida de feudos históricos y la caída en las encuestas ha puesto en cuestión el liderazgo de Salvini.
A finales de septiembre, la Liga celebró su fiesta anual en Pontida, un pequeño pueblo en el norte de Italia. Pero lo que normalmente es una ocasión para que los dirigentes del partido se den un baño de masas, esta vez se convirtió en un ajuste de cuentas.
Cuestionada gestión
El líder del partido y actual ministro de Transportes e Infraestructura fue recibido con pancartas críticas: “Secesión y no un puente en el Meriodione“, decía una de ellas, en referencia a la iniciativa impulsada por Salvini para construir el puente colgante más largo del mundo en el estrecho de Messina, entre Sicilia y la península italiana. Un proyecto faraónico que el Tribunal de Cuentas bloqueó hace un año y sobre el que la Fiscalía abrió este verano una investigación por presunta corrupción en la adjudicación de los contratos.
Su cuestionada gestión del partido y la incapacidad de haber llevado a término casi ninguna de las propuestas electorales con las que se presentó a las elecciones de 2022 en la coalición de derechas liderada por Meloni, como la reforma fiscal o la jubilación anticipada, provocó una revuelta sin precedentes de los gobernadores leguistas.

“Nosotros no somos ni de derechas ni de izquierdas, la Liga existe para [reclamar] la autonomía y el federalismo”, lanzó desde Pontida el expresidente de la región del Véneto, Luca Zaia, para muchos, guardián de las esencias del partido fundado por Umberto Bossi, fallecido en marzo. También fue muy aplaudida la intervención del presidente de Lombardía, Attilio Fontana, uno de los más críticos con Salvini, que abogó por recuperar el ADN original del partido: “Yo he nacido federalista y quiero el federalismo”, remarcó.
El ambiente estaba tan caldeado que tuvo que intervenir Giancarlo Giorgetti, actual ministro de Economía y mano derecha de Salvini. “Los enemigos no están dentro de la Liga sino fuera. Y no se ven”. No hizo falta nombrarlo, pero Roberto Vannacci fue el elefante en la habitación de la fiesta leguista.
Los orígenes de Futuro Nacional
El exgeneral del Ejército italiano llegó a la política de la mano de Salvini, que le ofreció encabezar las listas del partido en las elecciones europeas de 2024 para tratar de aprovechar la inesperada fama del militar, catapultado a la primera página de los periódicos tras la auto-publicación de un libro en el que arremetía contra la izquierda, los homosexuales y los inmigrantes. Con más de medio millón de votos, Vannacci consiguió su escaño en el Parlamento europeo y Salvini logró callar las bocas de los barones de su partido, que nunca vieron con buenos ojos al general. El tiempo, sin embargo, les ha acabado dando la razón.
En febrero, Vannacci abandonó las filas leguistas para fundar Futuro Nacional, un partido de extrema derecha que ya supera en intención de voto a la Liga y a Forza Italia, socios de Meloni en el gobierno de coalición.
Hace unas semanas, un grupo de dirigentes lombardos del partido pidió explícitamente a Salvini que diera un paso atrás y abandonara la secretaría general. La respuesta llegó desde Pontida. El líder de la Liga -cuyo mandato expira en 2029- anunció por sorpresa un congreso federal extraordinario en octubre. Una estrategia con la que Salvini aspira a “reforzar su legitimidad antes de las próximas elecciones y limitar la capacidad de sus críticos para hacer campaña en su contra durante un periodo prolongado”, sostiene Lorenzo Castellani, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Luiss de Roma.
Nadie ha dado un paso al frente todavía, pero el nombre que más suena para desafiar a Salvini es el de Massimiliano Romeo, líder del grupo parlamentario en el Senado. “Si hay un congreso de verdad, alguien se presentará”, declaró el senador leguista sin confirmar su candidatura.
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