Los hutíes en Yemen tensionan el mar Rojo obligando a EE UU a reaccionar

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Después de seis meses jugando un discreto papel en la guerra lanzada por EE UU e Israel contra la República Islámica y con el telón de fondo del bloqueo de Ormuz, los rebeldes proiraníes de Yemen, los hutíes, protagonizan desde hace poco más de una semana una fulgurante ofensiva militar que amenaza la otra gran ruta comercial marítima de la región y trasladar la guerra al mar Rojo.

Este lunes, el movimiento político y militar chií reivindicaba una operación “a gran escala” contra “instalaciones militares” en Arabia Saudí -principal apoyo de las fuerzas armadas yemeníes reconocidas internacionalmente-, incluido el lanzamiento de “decenas de misiles balísticos y drones” contra la base aérea Rey Jalid, situada en Jamis Mushait.

En un comunicado publicado en redes, el portavoz del movimiento hutí, que controla la zona más poblada del país y la propia capital, Saná, desde 2014, aseveraba que los ataques, ejecutados “en respuesta a la brutal agresión saudí” y ante la “escalada significativa” de los bombardeos de Riad en los últimos días, fueron “precisos” y causaron “daños significativos” en la citada base. Los rebeldes chiíes afirman haberse hecho con varias islas “estratégicas” más situadas en el sur del mar Rojo.

Por su parte, la Defensa Civil de Arabia Saudí emitía en las últimas horas varias alertas de seguridad en la provincia de Jamis Mushait y la ciudad de Abha, recomendando a la población que busque lugares seguros para protegerse. Al cierre de esta edición no había información sobre víctimas o daños en territorio saudí.

Simultáneamente, los combates terrestres entre las fuerzas gubernamentales, que llevan en las últimas horas ataques aéreos con el objetivo de hacerse con la ciudad de Moca, y los insurgentes afines a Irán se recrudecen. Dada la gravedad de la situación, la Administración Trump salía al paso y el propio vicepresidente JD Vance revelaba que su Gobierno está manteniendo ya contactos directos con los hutíes.

Los hutíes lanzaron el 3 de septiembre una ofensiva en zonas de las provincias de Taiz y Hodeida y desde entonces han logrado importantes avances territoriales, incluida la toma de la ciudad de Moca y otros puntos en la costa del mar Rojo, incluidos los alrededores del estrecho de Bab el Mandeb, en un duro varapalo para las autoridades reconocidas internacionalmente.

Entretanto, el Gobierno de Irán dio su versión sobre la cancelación en vísperas de su celebración de la cita regional prevista para este lunes en Omán con objeto de abordar el mecanismo pactado entre Mascate y Teherán para el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz. Según el ministro iraní de Exteriores, “Arabia Saudí pidió que la reunión no se celebrara por el momento”, lo que ha de interpretarse como la reacción de Riad ante la escalada del movimiento proiraní contra su propio territorio.

La suspensión del encuentro, que iba a tener lugar en la ciudad de Salalá, en el sur de Omán, fue confirmada en redes por el ministro de Exteriores omaní, Badr al Busaidi, quien destacó que el aplazamiento tuvo lugar “en aras del consenso”, sin más detalles al respecto. El portavoz de la Cancillería iraní instaba a los países del Golfo “a sentarse a la mesa y debatir sobre la creación de una región segura y libre de la injerencia de actores extranjeros destructivos”.

Con un régimen envalentonado por su capacidad de resistencia frente a Washington y Tel Aviv, su ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, había repetido el domingo que la reapertura de la vía marítima por donde en tiempos de paz transita el 25% del petróleo y el gas natural del mundo depende de que EE UU cumpla sus compromisos con el memorando de entendimiento firmado en junio en Pakistán, antes de insistir en que el objetivo de la reunión en Omán era abordar el acuerdo entre Teherán y Mascate, que “no implica, en modo alguno, la reapertura del estrecho de Ormuz”.

“Irán y los hutíes mantienen capacidad para condicionar al golfo Pérsico, cuyos países tendrán que redefinir sus alianzas entre China y EE UU ante la nueva resistencia iraní. Arabia Saudí es un claro ejemplo: atrapada entre la amenaza hutí y la presión del presidente Donald Trump, tendrá que redefinir su relación con EE UU en términos tanto militares como ideológicos”. Asegura a LA RAZÓN el analista político hispano-iraní Daniel Bashandeh.

“El resultado de este nuevo equilibrio podría convertirse en un modelo para el resto de la región. Sin embargo, la problemática sigue siendo la cuestión nuclear de Irán. La guerra no ha resuelto el objetivo principal de EE UU y condicionará también la estrategia defensiva de los países del Golfo”, concluye el especialista en Irán.

Por otra parte, en el ámbito puramente doméstico y ante el temor de que el deterioro de la situación económica de la población pueda plasmarse en nuevas concentraciones públicas de rechazo a las autoridades islámicas, el régimen de los ayatolás prosigue con su férrea estrategia de persecución de la disidencia. A última hora del domingo desde la Policía se advertía de que tienen “el dedo en el gatillo” ante posibles protestas.

“Estamos en una situación de guerra y en caso de que un vendepatrias, con la invitación del enemigo, busque generar inseguridad, lo consideramos como un enemigo y actuaremos de la misma forma que haríamos con el enemigo”, aseguraba comandante de la Policía Nacional de Irán, el general Ahmad Reza Radan, durante una entrevista con la televisión estatal.

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