Los candidatos a la presidencia de Perú cierran la campaña entre caballos, orquestas y números cómicos

Carlos Álvarez, un cómico que lleva 42 años haciendo reír a los peruanos, se esforzó para que lo tomaran en serio durante gran parte de la campaña electoral. El candidato de País para Todos contuvo sus chistes y su infinito repertorio de imitaciones en cada entrevista y acto público, pensando que su humor burlón era impropio de un estadista. Más bien fruncía el ceño, y con un dedo inquisidor repetía su “fórmula” para acabar con el crimen: pena de muerte para los sicarios en flagrancia, renuncia al Pacto de San José y cadena perpetua para los extorsionadores. Hasta que en los debates hizo a un lado los consejos de su equipo e imitó a uno de sus adversarios, César Acuña, el dueño de un conglomerado de universidades que, por su dificultad de palabra, es una máquina de producir memes. La escena se viralizó, y desde entonces Álvarez ha liberado su principal capital político: su facilidad para provocar carcajadas.

Y es lo que ha sucedido el jueves por la noche, en unas canchas de fútbol chamuscadas, donde Álvarez ha montado un escenario en una zona pobre del distrito de Chosica, a las afueras de Lima, para cerrar su campaña. La multitud le sonríe al candidato que asomó la cabeza en el segundo lugar de las intenciones de voto de las encuestas en la recta final de la campaña por la primera vuelta de este domingo para la presidencia de Perú.

Álvarez no pisó la universidad y no cuenta con mayor formación política. Pero el gran pecado que le recuerda la prensa es el haber apoyado activamente a Alberto Fujimori en los años noventa. Álvarez ridiculizaba a los adversarios del autócrata en su programa. Por eso un sector de la población considera que, de pasar a la segunda vuelta junto a Keiko Fujimori —primera en los sondeos—, el país deberá elegir entre dos opciones del mismo espíritu político. “El monstruo y sus mutantes”, ha deslizado el escritor Gustavo Faverón. “He sido el candidato que más puyas ha recibido. Y no he respondido, porque más importante es el Perú. Unámonos. Lo digo de corazón”, ha dicho Carlos Álvarez, vestido de camisa blanca y chaleco.

En otro rincón de Lima, en el distrito de Villa El Salvador, Keiko Fujimori (Fuerza Popular) despidió la campaña con el respaldo de sus partidarios naranjas con la música criolla de Lucía de la Cruz. La hija del autócrata y heredera del fujimorismo está empecinada en que la cuarta vez será la vencida. La política ha llegado a la segunda vuelta en las últimas tres elecciones, donde ha perdido por una nariz. En 2016 y 2021 agitó la bandera del fraude y sumió al país en una crisis; un clima de sospecha que podría volver a instalarse este domingo.

El ultraconservador Rafael López Aliaga (Renovación Popular), el aspirante que parecía inamovible en el primer puesto hasta su desplome en marzo, clausuró su campaña en el Campo de Marte, un parque emblemático de la capital. Y lo hizo con una cartelera digna de cualquier discoteca: siete orquestas. La mitad de ellas de origen cubano. Pero difícilmente el baile borre el exabrupto más reciente de López Aliaga: decirle “basura” al pueblo de Andahuaylas por no haberlo recibido con los brazos abiertos.

Días atrás, Ricardo Belmont (Cívico Obras), el candidato más longevo de la contienda, con 80 años, llenó la Plaza San Martín, en el Centro Histórico de Lima. Belmont irrumpió como un outsider a fines de los ochenta para convertirse en alcalde de Lima. Y, contra todos los pronósticos, ha escalado del pelotón de los “otros” hasta el empate técnico en el segundo lugar. Al igual que Carlos Álvarez, su gran activo es su dominio de escena en décadas como un personaje de la radio y la televisión. Eso sí, ha sido denunciado por estafa por cientos de peruanos que aportaron a su canal RBC.

Uno de los ingresos más histriónicos fue el de Roberto Sánchez (Juntos por el Perú). El candidato de izquierda, que ha sostenido durante su campaña que es el heredero político de Pedro Castillo, apareció en la Plaza Dos de Mayo del Centro Histórico montado en un caballo y con el sombrero que, asegura, el expresidente le dio en prisión. Acompañado de la familia de Castillo, remarcó que lo indultará en un eventual gobierno. Los mítines, ausentes durante la campaña, reaparecieron para reafirmar que la política en países como Perú es sobre todo un espectáculo.

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