El servicio de inteligencia de Gustavo Petro pierde su credibilidad con conspiraciones y errores públicos

El caso de alias Papá Pitufo, un poderoso empresario acusado de ser el mandamás del contrabando y la corrupción en Colombia, ha puesto contra las cuerdas al servicio de inteligencia de Gustavo Petro. A través de unos audios difundidos hace una semana en la televisión nacional, se conoció una conversación en la que Jorge Lemus, exdirector de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), le decía a un abogado de Pitufo que “de pronto” podían “hablar algo dentro de la Fiscalía” para favorecer a su cliente. La DNI, que nació en 2011 como una solución a terribles escándalos del viejo Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) durante el Gobierno de Álvaro Uribe, ha sido utilizada por la Administración de Gustavo Petro para alimentar sus conspiraciones. Los errores se acumulan y, uno tras otro, dejan en evidencia el tamaño de la crisis de inteligencia.

El propio Petro, que en otras ocasiones ha hablado de montajes para perjudicarlo, ha reconocido esta vez la gravedad de la situación. “No me cabe duda de que el señor Marín [Pitufo] infiltró los cuerpos de investigación del Gobierno”, concedió en X tras la revelación de los audios en Noticias Caracol. Según el mandatario, los agentes han jugado “a dos bandos”. Por un lado, decían que cumplirían su deseo de traer a Pitufo desde Portugal para que rinda cuentas ante la justicia colombiana y destape la corrupción de gobiernos anteriores. Por otro, de acuerdo con Petro, “pedían dinero por codicia en Europa” y “le prometían [a Pitufo] que no sería juzgado”. “Nunca lo trajeron”, lamentó.

El petrismo le soltó la mano a Lemus, el tercero de cuatro antiguos integrantes de la guerrilla del M-19 que han encabezado la DNI en este Gobierno. El presidente le pidió, unos días antes de la revelación de los audios, su renuncia como director de la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF), a la que había llegado tras ser desplazado de la DNI en enero. El funcionario dijo en Blu Radio que la decisión se debía a que se sumaría a la campaña presidencial de Iván Cepeda, el candidato de Petro. El aspirante lo desmintió el lunes en declaraciones al mismo medio de comunicación: aseguró que el exdirector de la DNI ni siquiera le había contado de sus intenciones y que le respondería con “un tajante no”. Mientras tanto, la Procuraduría ha abierto una investigación contra Lemus y ha ordenado una inspección a la sede de la DNI.

La respuesta del petrismo contrasta con el otro gran escándalo de los últimos meses, también destapado por Noticias Caracol: la infiltración de la DNI por parte del Estado Mayor de Bloques y Frente (EMBF), una disidencia de las extintas FARC que se encuentra en negociaciones de paz con el Gobierno. Petro se ha mantenido firme en desestimar como “un montaje” que el grupo armado haya recibido información de un general del Ejército y un funcionario de la DNI para evitar operativos de las Fuerzas Militares y llevar a cabo desplazamientos seguros en territorios en disputa. De forma desafiante, esta semana Petro ha designado al entrenador de educación física Wilmar Mejía, el polémico exdirectivo de inteligencia acusado de colaborar con el grupo armado, como el sucesor de Lemus en la UIAF.

“Es absurdo que alguien que presuntamente ayudó a vender la inteligencia del país ahora sería la cabeza de la inteligencia financiera”, respondió uno de sus críticos, el director del partido Nuevo Liberalismo, Juan Manuel Galán. “¿Así pretenden combatir el lavado de activos y el narcotráfico?“, se sumó otro contradictor, el exministro Mauricio Cárdenas.

Varias entidades se han tomado en serio la denuncia periodística sobre las supuestas filtraciones del grupo armado. La Procuraduría suspendió en noviembre a los dos funcionarios implicados y definió sus acciones como “gravísimos hechos que han generado la mayor preocupación y zozobra en el país”. La Fiscalía, por su parte, avanzó en investigaciones que tenía prácticamente detenidas hasta entonces. Esta semana, además, le pidió al Gobierno que levante las órdenes de captura contra el líder de la disidencia del EMBF, Calarcá Córdoba, a quien señala de haber cometido varios crímenes en medio de las negociaciones de paz.

Petro no teme la pérdida de credibilidad en sus instituciones de inteligencia. Casi en simultáneo al escándalo de Pitufo, abrió un tercer frente con el candidato presidencial Abelardo de la Espriella. En una serie de mensajes en X, dijo que había accedido a “informes hechos desde inteligencia” que mostraban que su rival de ultraderecha se había reunido con los propietarios de Thomas Greg, una empresa que tiene varios contratos para la organización de las elecciones y que hasta hace unas semanas también manejaba la expedición de pasaportes. Según Petro, De la Espriella ofreció devolverles la fabricación de los documentos de viaje a cambio de “ciertos algoritmos que le aseguren la Presidencia”. El candidato ultra negó los señalamientos, de los cuales no se han filtrado pruebas, y acusó al mandatario de perseguirlo con interceptaciones ilegales. La Procuraduría, una vez más, abrió una indagación.

Un deterioro acelerado

La DNI surgió en 2011 luego de la disolución del poderoso DAS, fuertemente golpeado por un escándalo de interceptaciones ilegales a magistrados, políticos opositores, periodistas y líderes sociales durante el Gobierno de Uribe. La nueva dirección asumió solamente las funciones de inteligencia, mientras que la protección de personas amenazadas, los controles migratorios y la investigación de delitos quedaron en manos de otros organismos. El objetivo era que la fragmentación evitara los abusos que había tenido el antiguo DAS.

Juan Carlos Buitrago, que ocupó varios cargos en la inteligencia de la Policía y en la DNI, comenta en una llamada telefónica que la nueva dirección había superado gran parte de los problemas de su antecesora en la última década. “No hay comparación. Logramos crear una agencia madura, muy en función de los intereses del Estado, y con profesionales muy bien seleccionados. Fuimos entrenados por la CIA [Estados Unidos], el MI6 [Reino Unido], el Mossad [Israel]”, explica. Considera que el declive comenzó en el Gobierno de Iván Duque (2018-2022) y se acentuó de manera acelerada en el de Petro. “Muchos de los jóvenes que formamos ya no están. Los quitaron o ellos se aburrieron y se fueron”, evalúa. “Desconocen protocolos de ingreso y selección, jerarquía de operaciones y ejecución de gastos reservados”.

El experto, que fue uno de los denunciantes de Pitufo y ahora dirige la consultora Strategos BIP, señala dos tipos de problemas. El primero de ellos es que, según él, las operaciones priorizan “los intereses personalísimos del presidente” y no las amenazas contra el Estado. Considera que el caso con las disidencias de las FARC muestra que la DNI está “en función de las directrices de la paz total”, para mantener a Calarcá en las mesas de negociaciones, y que el ofrecimiento de beneficios judiciales a Pitufo buscaba que no salpique a Petro en escándalos de corrupción. El segundo problema, explica, es la falta de habilidades para moverse en un mundo que está repleto de intrigas constantes. “No creo que Lemus sea un bandido, creo que actuó manipulado o por ingenuidad”, dice. “Hay otro grupo de personas en el Gobierno que sí tiene conexiones criminales y se aprovechan”, añade.

Uno de los casos más evidentes de estas torpezas fue la replicación de Petro de un informe sembrado de dudas y sin pruebas. El presidente denunció en febrero un plan para sembrar cocaína en uno de sus vehículos durante una visita a Estados Unidos y así sabotear la reunión con Donald Trump. Ordenó la salida de un general, Edwin Urrego, y un coronel, Óscar Moreno. Sin embargo, en los días siguientes, distintos integrantes de la Policía le aseguraron que había sido engañado en un esquema para sacar adelante una venganza interna. El Ministerio de Defensa emitió un nuevo informe exculpatorio de los acusados. Según explicó una fuente a este periódico, fue uno de los desencuentros que llevó al presidente a pedirle la renuncia a Lemus como director de la UIAF.

Elizabeth Dickinson, investigadora de International Crisis Group, coincide con Buitrago en que ha habido “un debilitamiento significativo” en este Gobierno, con “muchos cambios de personal”. “La confianza es la base sobre la cual se construye la inteligencia. La percepción es que la DNI ha perdido esa confianza, tanto en lo público como con los demás organismos de inteligencia”, apunta. Para ella, es clave entender a la entidad como una más en un ecosistema más amplio que incluye a organismos de inteligencia del Ejército, la Armada y la Policía. “Debería ser el punto de encuentro de todos esos órganos, y no lo es”, afirma.

Más allá de la gravedad de las actuaciones denunciadas, lo que más evidencia la crisis es la cantidad de escándalos que salen a la luz. Las actividades de la DNI, lejos del secretismo que debería caracterizarlas, están en el debate público. Marcan la agenda a pocas semanas de las elecciones, los funcionarios aparecen en medios de comunicación y nada hace pensar que Pitufo sea el último escándalo.

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