“Después de todo, tú eres la única muralla. Si no te saltas, nunca darás un solo paso”, cantaba a principios de los setenta Luis Alberto Spinetta (1950-2012). Su primer hijo aún no había nacido, pero algo de ese desafío vital, criado entre melodías y disonancias, entre poesías, guitarras y ritmos sincopados, se deja escuchar en los pasos con que recorre su propio camino como músico Dante Spinetta. Sobre ese legado de libertad creadora, la trayectoria de Spinetta (49 años, Buenos Aires) lo ha llevado desde una aparición pionera para el rap o hip hop en América Latina –a fines del siglo pasado y como parte del dúo Illya Kuryaki and the Valderramas–, hasta una obra solista que hoy estrena su sexto álbum, Día 3 (Sony Music), un disco donde el mestizaje musical salta muros: en sus canciones, el funk y el soul conviven en armonía con el tango y el bolero. “La música”, dice en esta entrevista, “es un viaje para llegar a distintos territorios mentales y espirituales”.
Dante Spinetta sale a recibir a EL PAÍS a la puerta de La diosa salvaje, el ya mítico estudio de grabación que fue de su padre, en Villa Urquiza, uno de los barrios de casas bajas que componen la heterogénea partitura de Buenos Aires. En una sala colmada de consolas, pantallas e instrumentos, dos presencias parecen dar la bienvenida. Cerca de la entrada, un vinilo: Thieves in the temple (Ladrones en el templo), de Prince. En el otro extremo, después de varias piezas que denuncian fanatismo coleccionista por la serie animada He-Man, una imagen juvenil de Luis Alberto Spinetta, el Flaco en la época de su banda Invisible.
Día 3 fue concebido por Dante Spinetta como el final de una trilogía integrada por sus álbumes anteriores, Mesa dulce (2022) y Puñal (2017). “Puñal es un disco atravesado por el dolor y Mesa dulce es mucho más funky. Día 3 tiene una mezcla de las dos cosas, siento que es un disco de resurrección”, dice. “Narrativamente, lo armé como si fuera una historia de alguien que se separa y se pone soltero. O de cuando yo me puse soltero”, confiesa. “Arranca Pensando en ella [la primera canción], una ruptura con la sensación de ‘vamos a apretar El reset [título del tercer tema] y nos vamos a olvidar de todo’. Empezás a conocer gente y es El plancito [el cuarto tema], algo más sexual. Pero de golpe te encontrás destruido y solo, como Solos en la oscuridad[novena canción]”.

A la vez, el álbum tiene otra veta narrativa: “Es un disco que trata de conectar con el lado humano, con la imperfección de lo humano. Estamos siendo demasiado controlados por los algoritmos, nuestro tiempo en pantalla es cada vez más. Y nos desconectamos como personas”, dice. “Una canción como Maldito frenesí habla de eso, de la epidemia de ansiedad y soledad que hay en el mundo. Con la música pasa lo mismo. Hay discos que están hechos con 15 productores, 15 compositores y son una porquería hecha para vender, nada más. La música tiene que ser alimento para el espíritu”.
Pregunta. ¿Reivindica el trabajo del artista como artesano frente a la industria cultural?
Respuesta. A mí me gustan las visiones personales de los artistas y creo que de a poco eso se está perdiendo… Hay algo de esta industria que atenta contra la creatividad. En los años 90, por ejemplo, en la época de oro del hip hop, también en los 2000, todos los productores trataban de sonar de una manera diferente, todos tenían su sello y la competencia era ver quién era más fresco. Hoy en día todos quieren sonar igual. Es como que la mayoría se quiere subir a una misma ola. Por suerte sigue habiendo también artistas creativos que buscan algo diferente.
En su nuevo álbum, cuenta Spinetta, mezcló “los condimentos” que ya venía usando, ”como el rhythm and blues, el hip hop y el funk, pero en distintas proporciones”, con la esperanza de que “sea un disco que con el tiempo se vaya poniendo bueno, que vaya madurando como un buen vino”, sonríe. Así entran notas de boleros y de tangos, también cuerdas de la Orquesta Sinfónica Nacional checa, vientos de Michael B. Nelson, participaciones del estadounidense De la Ghetto y del argentino Juanse, con un homenaje a Charly García incluido. Todo bajo un halo nostálgico o melancólico que recorre varias canciones. “Todos los sueños que tuvimos hoy van a desaparecer”, canta Spinetta en El reset.
P. La mezcla de géneros y de estilos, pero también de músicas antiguas y modernas, ¿supone una postura ideológica?
R. Sí, 100%. Ese concepto de mestizaje musical está conmigo desde siempre y tiene que ver con cómo crecimos acá, escuchando tangos, a Rubén Blades y a Jimi Hendrix… Me gusta ese concepto medio ‘volver al futuro’, de ir para atrás y para adelante en el tiempo con las cosas. Porque la música es mágica y hay magia en todas las épocas. Cuando empezamos en los noventa con Illya Kuryaki nos hemos comido mucha mala onda también, porque para los raperos éramos demasiado rockeros, para los rockeros demasiado raperos. Pero yo siempre creí en eso, en no ponerme límites estilísticos, porque la música también es un viaje para llegar a distintos territorios mentales y espirituales. Quiero seguir siendo un alumno del sonido y de la música, seguir investigando, seguir jugando y divirtiéndome. Cuando algo te conmueve, no importa el estilo, es amor. Si conectas, es real.
P. Día 3 parece pensado como una unidad conceptual, pero hoy la escucha de la música, a través de las plataformas, es más fragmentaria, ya no se acostumbra escuchar un álbum completo.

R. Los formatos van a cambiar siempre… Pero yo sigo pensando la música conceptualmente como una obra, y que cada tema sea como un capítulo de un libro. Es una mirada personal y no está mal que otros quieran hacer un compilado de singles también. Muchas veces las mejores canciones son esas que están dentro de un disco y que no estaban destinadas a ser un hit radial.
La presentación del nuevo disco incluirá una gira que comenzará en junio y recorrerá ciudades de Argentina, Perú, Colombia, México, Chile, Uruguay y España. Durante el mes pasado, Spinetta y Emmanuel Horvilleur llevaron la música de Illya Kuryaki and the Valderramas a distintas ciudades latinoamericanas.
P. ¿Cuál es el presente y el futuro de Illya Kuryaki?
R. Con Emma [Horvilleur] somos brothers y decidimos tocar de vez en cuando, pero sin hacer entrevistas, sin grabar discos, sin hacer nada más que subirnos al escenario cada tanto. Aunque sea más popular que nosotros, Illya Kuryaki es como nuestro acto secundario hoy, nuestra prioridad es ser solistas. Pero, ¿por qué no disfrutar de todo lo que hicimos? Seguimos disfrutando de salir a tocar, sin dar explicaciones. Estamos preparando un documental sobre la banda, tenemos mucho material filmado.
P. ¿Tiene posición tomada sobre las políticas culturales del actual Gobierno argentino? Muchos artistas se han pronunciado contra el desfinanciamiento de programas e instituciones de fomento a la música.
R. La verdad es que ya hace muchos años y muchos gobiernos estoy muy decepcionado. Y en este Gobierno no veo nada diferente. Se han cortado subsidios para un montón de proyectos relacionados con el arte, el cine, la música, pero a mí me preocupa más que veo cada vez más gente recogiendo de la basura, me preocupa que los viejos y los jubilados puedan comer bien, me preocupan la soberanía nacional, los territorios, el trabajo… Yo me considero muy afortunado, estoy haciendo música, que es lo que amo, en un mundo en que en este momento están tirando bombas. Me duele demasiado y mi manera de aportar algo es con la música.

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