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El gigante bancario avanza al ritmo de la ley para captar al segmento institucional en la región.
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La regulación de Brasil podría inclinarse hacia restricciones estrictas como el modelo MiCA europeo.
Durante años, la relación entre la banca tradicional y el ecosistema de los criptoactivos estuvo marcada por una distancia cautelosa y un estricto rigor regulatorio. Sin embargo, esa frontera se desdibuja a medida que Bradesco, un gigante financiero que gestiona una de las mayores redes bancarias de Brasil, formaliza su infraestructura en este sector.
La entidad confirmó este 14 de mayo de 2026 que, ya prepara un servicio de custodia de activos digitales, un movimiento que responde a la necesidad de ofrecer un entorno regulado para una clase de activos que ya no es ajena al balance de los grandes inversores.
Esta transición es el resultado de más de una década de investigación en redes de criptomonedas que ahora se traduce en una estructura operativa, como lo detalló Renata Petrovic, jefa de innovación del banco, durante el evento Blockchain.Rio 2026.
Según Petrovic, el proyecto está diseñado para ofrecer seguridad en «todo el espectro» de los activos digitales, abarcando desde criptomonedas y stablecoins hasta la tokenización de activos financieros reales. Para lograrlo, el banco consolidó una alianza con un socio tecnológico externo, cuya identidad permanece bajo reserva mientras se afinan los protocolos de implementación.
Custodia de bitcoin entre el control y el cumplimiento
La viabilidad operativa de esta infraestructura depende de la capacidad del banco para integrar los criptoactivos en los protocolos de supervisión vigentes. Por ello, la entidad decidió integrar herramientas de Chainalysis para el rastreo de datos y el monitorear del origen y destino de los fondos en la cadena de bloques. En el entorno bancario, este nivel de transparencia es el requisito mínimo para prevenir el blanqueo de capitales y cumplir con las exigencias de los reguladores internacionales.
Este sistema de monitoreo y análisis es el que habilita el cumplimiento de la Regla de Viaje (Travel Rule), la normativa internacional que obliga a las instituciones financieras y proveedores de servicios de activos digitales a identificar plenamente al originador y beneficiario de cada transferencia, acompañando los datos a lo largo de toda la operación.

En ese sentido, Bradesco opta por esta estrategia de control exhaustivo para asegurar que sus servicios digitales se mantengan dentro de los márgenes de seguridad jurídica que exigen las autoridades brasileñas. Evitando, con ello, que los activos bajo su custodia se vean comprometidos por actividades ilícitas.
No obstante, el despliegue final de estos servicios estará condicionado por la evolución del marco legal y la aprobación definitiva de las autoridades competentes. Esto tomando en cuenta que los planes de la institución financiera coinciden con un momento de tensión normativa en el país.
La ofensiva contra las stablecoins en Brasil
Como lo informó CriptoNoticias recientemente, el Banco Central de Brasil (BCB) formalizó una recomendación al Congreso Nacional para prohibir o restringir severamente las stablecoins emitidas por empresas extranjeras que no cuenten con supervisión local, como Tether (USDT) o Circle (USDC).
Adicionalmente, la institución emitió la Resolución BCB Nº 561 a través de la cual prohíbe el uso de bitcoin, y cualquier otro activo digital incluidas stablecoins y otras criptomonedas, en la liquidación con el servicio de pagos y transferencias internacionales conocido como eFX,
Por lo tanto, la estrategia de Bradesco de avanzar «sin adelantarse ni quedarse atrás» adquiere pleno sentido ante este escenario. Al desarrollar una custodia institucional y local, el banco se posiciona para ofrecer una alternativa que cumpla con los requisitos que el Banco Central exige, adelantándose a un posible vacío de liquidez si las stablecoins extranjeras llegan a ser vetadas.
Esta encrucijada traslada ahora la atención al Congreso Nacional que determinará si Brasil opta por una política de exclusión o por un régimen de autorización estricto similar al modelo MiCA en la Unión Europea.
Este reglamento europeo, que entró en vigor para ordenar el sector, demostró que regular no significa prohibir. En lugar de vetar las stablecoins, la UE les exigió licencias locales y reservas auditadas, forzando a los emisores globales a integrarse al sistema o abandonar el mercado.
Ahora, para el mercado brasileño, la apuesta está en la capacidad de las instituciones para ofrecer canales regulados que concilien la necesidad de control del Estado con la demanda de herramientas digitales eficientes por parte de los ciudadanos.

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