Donald Trump ha suspendido el plan de reunirse con Vladímir Putin en Budapest, según confirmó un funcionario estadounidense a ABC. El encuentro había sido anunciado la semana pasada y debía celebrarse en breve, pero quedó en pausa tras una llamada este martes entre … el secretario de Estado, Marco Rubio, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov.
La decisión alivia a varios líderes europeos que rechazan cualquier negociación que implique ceder territorio ucraniano a cambio de paz, más cuando se celebraba en un país, como es Hungría, cuyo presidente, Viktor Orbán, es un firme aliado de Moscú. Estos gobiernos avanzan además en el uso de activos rusos congelados para financiar a Ucrania en la guerra.
Trump no ha comentado públicamente el aplazamiento, sino que lo hizo un funcionario de la Casa Blanca que informó de que, tras el contacto entre Rubio y Lavrov, ya no es necesario avanzar en las negociaciones directas entre jefes de Estado, al menos de momento. «No está en la agenda», dijo sobre una reunión entre Trump y Putin.
El Kremlin señaló que sería necesaria una «preparación seria» antes de otra reunión. Trump y Putin se vieron por última vez en Alaska en agosto. Aquello dio lugar a la propuesta de una cumbre entre Putin y el ucraniano Volodímir Zelenski, que no se llegó a materializar. Zelenski busca reforzar su posición pidiendo misiles Tomahawk. Afirma que solo la presión hará avanzar la negociación y que Moscú volvió al diálogo cuando creyó posible ese suministro. Así se lo expresó a Trump en una visita a la Casa Blanca, la tercera en lo que va de año. Tras aquel encuentro se ha filtrado que hubo tensión a puerta cerrada, después de que Zelenski le mostrara al presidente norteamericano mapas con qué objetivos rusos podría atacar con misiles de largo alcance Tomahawk. De momento, Trump se ha negado a autorizar la entrega.
La postura de Trump ha fluctuado: primero presionó a Kiev para aceptar concesiones; después sugirió que Ucrania podía recuperar todo el territorio; y más recientemente pidió congelar la línea del frente «donde está». El domingo dijo que el Donbás debería «cortarse» dejando la mayor parte bajo control ruso.
Ucrania y varios gobiernos europeos temen que un alto el fuego sobre la línea actual consolide la ocupación y facilite futuros ataques rusos. Esta semana continúan las gestiones diplomáticas y la UE prevé discutir nuevas sanciones. El viernes se reunirá en Londres la llamada Coalición de los Voluntarios, con 35 países.
Una paz a medida
En la Casa Blanca, los republicanos dijeron este martes, tras una comida con el presidente, que están dispuestos a aprobar nuevas sanciones al Kremlin cuando Trump se lo solicite. El líder de la mayoría, el senador John Thune, dejó claro que el calendario de sanciones está vinculado a la estrategia diplomática: «Queremos ponerlo en el pleno cuando la Casa Blanca crea que es útil para que se sienten a la mesa y afronten el tema». Añadió que el proyecto «tiene 85 copatrocinadores, republicanos y demócratas», y que su bancada quiere «hacer todo lo posible para apoyar al presidente, a su equipo y a nuestros aliados para poner fin al derramamiento de sangre y avanzar hacia la paz».
Rusia ha dejado claro que no acepta un alto el fuego inmediato y que solo está dispuesta a una paz en sus propios términos. Lavrov dijo que «no hay marcha atrás», y rechazó detener los combates porque, según él, eso «solo significaría que una gran parte de Ucrania permanecería bajo el dominio del régimen nazi».
Moscú sostiene que la cita aún no estaba formalmente cerrada y culpa a Occidente de filtrar que se posponía por su «intransigencia». El Kremlin hace ver que sigue comprometido con los entendimientos alcanzados en Alaska y en las conversaciones directas con Trump, pero rechaza cualquier gesto previo de desescalada. La tensión se agrava con Europa, donde Polonia ha advertido de que no puede garantizar el paso seguro del avión de Putin por su espacio aéreo, y Bruselas trabaja en un plan alternativo que contempla concesiones territoriales, levantamiento de sanciones y garantías de seguridad supervisadas.
En el lugar en el que hirieron a Tamir Adar en el estómago mientras defendía el kibutz Nir Oz de los terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023, sus familiares han colocado una piedra, dos sillones de madera y una hamaca … bajo una pérgola. Es lo más cerca que pueden estar de él. «Allí nos reunimos su familia a recordarlo, a rezar por él», explica su tía, Adriana Adar. En mitad de la fiesta y el alivio que vive Israel por la paz y el regreso de los rehenes, 18 familias esperan aún el cuerpo de los secuestrados muertos en un extraño duelo sin tumba, un incierto proceso psicológico que tensa aún más las relaciones entre Tel Aviv y los terroristas.
Tamir era uno de los cinco encargados de defender el kibutz Nir Oz, así que, cuando sonaron las alarmas la mañana del 7 de octubre, tomó su arma y se despidió de su familia con un «nos vemos en diez minutos». El combate duró dos horas. Cientos de terroristas entraron en esta comunidad, donde un cuarto de sus habitantes (un tercio de los que estaban allí ese día) resultaron muertos o secuestrados. Lucharon en la zona cero de la masacre: de las 400 personas que vivían en este kibutz, 64 fueron asesinadas y 76 raptadas por los terroristas de Hamás y los civiles que se colaron desde Gaza al caer las vallas fronterizas.
«Pelearon duro –recuerda Adriana–, pero no tenían muchas armas y se fueron quedando sin munición». Suponiendo el desenlace, Tamir escribió a su mujer Hadas y le pidió que se encerrara a cal y canto en el refugio de la casa. Y que no abriera la puerta a nadie, aunque él se lo pidiera, pues temía que lo usaran para llegar a su familia. Dos años después, no tienen pruebas de que haya muerto.
El camino al duelo resultó una odisea. Durante los primeros días, Tamir no regresaba, pero había tantos cadáveres que no sabían si estaba entre ellos. En el kibutz los metieron en la nevera de las cocinas, pero no había electricidad. Después de un mes, el Gobierno les dijo que Tamir estaba secuestrado a partir de imágenes que habían encontrado y por fuentes del Ejército hebreo en Gaza.
La esperanza de la vida
«Durante 90 días mantuvimos una lucha por que siguiera vivo. Intentábamos buscar, saber de él, hacerle llegar medicinas». Entonces, les dieron la casi noticia: creían que había muerto de una herida en el estómago por la cantidad de sangre que se había derramado en el lugar donde lo habían alcanzado.
–¿Cómo vivieron el momento en el que supieron que había muerto?
–Ese momento todavía no se ha dado. Lo sabremos cuando lo tengamos aquí. Soy incapaz de pronunciar la palabra «seguro», pues uno se agarra a la mínima probabilidad de que esté vivo. Eso mismo nos tortura aunque llevamos dos años luchando con ello toda su familia. Tiene que volver. Salió a defender su país, y ahora su país no puede dejarlo solo. No los pueden abandonar. Nos alegramos mucho por los rehenes que han regresado y estamos felices por los que están aquí, pero deben volver todos.
Secuestrada y viuda
«No podremos seguir adelante si no regresan todos», lamenta Karina Engel-Bert, otra de las vecinas del kibutz Nir Oz. La mañana del 7 de octubre escuchó disparos. Ella se metió en el refugio de su casa con Mika y Yuval, sus dos hijas, que entonces tenían 18 y 11 años respectivamente. Su marido, Ronen, paramédico y fotógrafo, salió con su bolsa y el arma. Desde dentro escucharon la batalla que los terroristas mantuvieron contra él: los gritos, los disparos, las granadas. Al salir, vieron mucha sangre y Ronen no estaba. «Era un guerrero. Si lo hubieras conocido, sabrías que no nos hubieran secuestrado si él hubiera estado vivo».
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Testimonio de Karina Engel-Bert, que acaba de recuperar el cadáver de su esposo Ronen // Foto: Tamir Adar, con su familia
ABC
A ella se la llevaron terroristas civiles: la apalearon, la arrastraron por el suelo, la subieron a una moto. A sus hijas las secuestraron terroristas armados. Tuvieron un accidente y las dos resultaron heridas, una de ellas gravemente.
A Karina la llevaron con ellas días después de ser secuestrada –una comida al día, algo de pan con queso, un pepino, manipulaciones, filmaciones, tortura psicológica–, y las encontró demacradas, con el pelo enmarañado y una de ellas, que había perdido parte de un pie, se sentaba en una silla de ruedas.
En ese tiempo oscuro, se aferraron a la «luz pequeña» de que Ronen seguía vivo. A los 52 días, las liberaron a las tres y entonces el Ejército le dijo que tenía información de inteligencia que indicara que el padre de la familia había muerto. «No teníamos pruebas físicas, así que nos agarramos a eso durante estos dos años, tras los que estamos en el mismo lugar que aquel día en que todo empezó y terminó».
El duelo no es algo que comienza y acaba: «El duelo se parece al caparazón de un caracol. Entras, giras, sales, vuelves a entrar y no se acaba nunca». A falta de sepultura y cadáver –«qué palabra tan fea»–, intentaron vivir como él: hacer chistes, reír de las cosas, bailar con la música alta y recibir gente en casa. «Necesitamos que vuelvan todos para volver a construir nuestra vida y nuestro mundo».
Por ahora, lamenta que Hamás no haya cumplido su parte del acuerdo –devolver a los vivos, la mayor parte de los muertos y dar información sobre ellos–, y estén «jugando para ganar tiempo». Horas después de esta entrevista, Hamás entregó el cuerpo de Ronen Engel.
El ritual judío del entierro
La relación cultural de los judíos con los cadáveres de los fallecidos es especial. El deber sagrado consiste en enterrarlos en las primeras 24 horas y en Israel funciona incluso la Zaka, una organización de voluntarios encargados de limpiar y obtener cualquier resto humano para enterrarlo según la manera ritual convenida.
Nir Oz, el kibutz del horror Una roca conmemorativa, dos sillones y una hamaca recuerdan el lugar donde cayó abatido Tamir Adar. Todo el kibutz de Nir Oz, asaltado por los terroristas de Hamás y los civiles de Gaza el 7 de octubre de 2023, es un mausoleo del horror, como se ve en sus casas destrozadas y en los altares hebreos por las familias asesinadas ABC / PABLO M. DÍEZ
Después del 7 de octubre, peinaron los escenarios de la matanza e identificaron a algunos muertos por piezas dentales que encontraron entre las cenizas. Ahora no trabajan en Gaza y tienen pocas esperanzas de encontrar más cuerpos por la destrucción de la zona, la pérdida de referencias y, en general, la falta de información de dónde fueron escondidos por Hamás.
Israel, que también conserva cadáveres de palestinos, denuncia que Hamás no cumple su parte del tratado de paz por el cual debía entregar todos los rehenes, vivos o muertos. La organización terrorista se excusa en que muchos de ellos se han perdido, fueron enterrados en túneles o zonas destruidas o, sencillamente, desconocen su paradero pues las personas encargadas de custodiarlos están muertas.
Adriana Adar asegura que entre las familias existen tres grupos: aquellos de los que el Ejército conoce la localización de su pariente, de los que no saben nada y de los que tienen una idea de la zona en la que se puede encontrar. Ellos se encuentran en el tercer grupo.
Tamir, profesor en el kibutz que fundó con otros su abuelo y agricultor, era un amante «de las cosas sencillas», según su tía. Tenía –¿tiene?– dos hijos de cuatro y ocho años, una mujer, una abuela que fue secuestrada a la que sacaron de la cama y que devolvieron a los 49 días. Las matemáticas funcionan tan en su contra que solamente su familia puede agarrarse a la posibilidad, existente aunque descabellada, de que siga con vida.
Ayuda psicológica
«Sin un cuerpo es casi imposible comenzar un duelo», explica la doctora Einat Kauffman, quien trabaja con familiares de los rehenes de Hamás desde hace dos años. En este caso, lo razonable y lo emocional no caminan de la mano. «Las personas que se encuentran en esta situación piensan que ha habido algún error, que alguien mintió, que Hamás les engañó o que se equivocaron y que la persona sigue viva por ahí, quizás sufriendo, y que un día puede volver. Necesitan el cuerpo para saber que la persona ya no está».
La violencia en Gaza de este fin de semana, con Israel y Hamás acusándose mutuamente de vulnerar sus compromisos para acabar con la guerra en la Franja, ha hecho temer que el proceso impulsado por Donald Trump acabe en el cementerio de acuerdos … rotos en intentos de llegar a la paz en Oriente Próximo. Este lunes, los enviados de Trump para liderar las negociaciones entre Israel y Hamás -su amigo Steve Witkoff, su yerno Jared Kushner– han regresado a territorio israelí, después de la fragilidad mostrada por el cese de las hostilidades en los últimos días: choques violentos de Hamás contra clanes rivales, con decenas de muertos; dos soldados israelíes fallecidos en un incidente del que Israel acusa al grupo terrorista palestino, lo que motivó una respuesta contundente del Ejército de Israel, con una treintena de víctimas palestinas; y el anuncio del corte del envío de ayuda humanitaria.
Este era un viaje para el seguimiento de los acuerdos que ya estaba agendado, pero que cobra más relevancia ante lo ocurrido durante el fin de semana. Witkoff y Kushner mantuvieron el lunes una reunión con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en la que hablaron sobre «desarrollos y actualizaciones de la situación en la región», según dijo su portavoz, Shosh Bedrosian.
La ofensiva diplomática se completa esta semana con el viaje a Israel del vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, que se espera que llegue este martes a Tel Aviv y que pasará varios días en el país.
La visita del segundo de Trump fue anunciada por el propio Netanyahu durante un discurso este lunes ante la Knéset, el parlamento israelí. En él, el primer ministro israelí defendió que su Gobierno seguirá adelante con operaciones militares contra Hamás hasta desarmar y desmantelar a la organización terrorista, aunque esas operaciones estén ahora detenidas.
También detalló que el domingo Israel lanzó 153 toneladas de bombas sobre Gaza como respuesta al ataque a sus soldados. «Una de nuestras manos empuña un arma, la otra está extendida para la paz», aseguró, en una imagen que recordaba a aquel discurso en 1974 del líder palestino Yasser Arafat ante el pleno de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, en el que dijo que venía «con una rama de oliva y con una pistola».
Tras la violencia grave del fin de semana, este lunes la situación se había estabilizado en Gaza. Tanto Israel como Hamás aseguraban que estaban cumpliendo los acuerdos y que no estaban violando el alto el fuego. El Gobierno israelí defendió que no impediría la entrada de ayuda humanitaria en la Franja.
El retorno de los cuerpos
La presencia de los enviados de Trump a Israel servirá para apuntar esos acuerdos y supervisar los puntos que provocan mayores fricciones. Por un lado, la indignación israelí sobre el retorno de los cadáveres de rehenes que siguen en manos de Hamás. Las dificultades para localizar y extraer los cuerpos ha supuesto un retraso en este proceso, que prevé la devolución de la totalidad –28– de esos cadáveres. Estaba previsto que la noche del lunes se produjera la entrega de uno de ellos a las autoridades israelíes. Pero, también, para mantener a Netanyahu dentro del acuerdo y que no lo ponga en peligro con operaciones militares en la Franja.
Desde Washington, Trump confiaba de nuevo en que la organización terrorista palestina cumplirá con su parte para que no se descarrile su proceso de paz.
«Por primera vez hemos llegado a un acuerdo con Hamás. Y van a ser muy buenos, se van a portar bien, van a ser amables», dijo en la resaca de esos episodios de violencia. «Si no se comportan, vamos a entrar y erradicarlos», agregó Trump.
Visita de Vance
Aunque Trump lleva hablando así, en primera persona del plural, en referencia a EE.UU., sobre cómo responder a Hamás si el acuerdo decae por su culpa, volvió a dejar claro que no será su ejército quien ponga firme al grupo terrorista.
«No, no mandaremos soldados al terreno. No lo necesitamos. Hay muchos otros países que han firmado el acuerdo, son 59 países», dijo sobre los países que se adhirieron, según su versión, al acuerdo. «Además, Israel podría entrar ahí en dos minutos. Yo podría decirles ‘entrad ahí y arreglad eso’. Pero por ahora no lo hemos dicho. Vamos a darles una pequeña oportunidad y esperemos que haya menos violencia».
La presencia en Israel de Vance –que hasta ahora ha tenido un papel secundario en el gran logro diplomático del presidente de EE.UU. en lo que va de segundo mandato– tiene que ver más con la siguiente fase del proceso de paz, mucho más compleja: el establecimiento de un Gobierno de transición en Gaza liderado por tecnócratas palestinos -algo de lo que Hamás también iba a discutir con Egipto-, el desarme y desmantelamiento de la organización terrorista palestina o el establecimiento de una fuerza de estabilización internacional.
En este último punto, ya se dan los primeros pasos: Egipto apunta a ser quien lidere esa fuerza de seguridad en Gaza, que se impulsará a través de una moción de la ONU apoyada por los países europeos y por EE.UU., según ‘The Guardian’. No será una fuerza de paz propia de la ONU, sino un contingente internacional con poderes similares a las tropas internacionales en Haití para hacer frente a las bandas criminales. En un principio, no se espera que participen soldados europeos ni estadounidenses, más allá de efectivos para supervisión del proceso, pero no operando en el terreno, como se ha hecho con los 200 soldados enviados por EE.UU. a Israel con ese propósito.
Son las cuatro y media de la tarde en Madrid; las diez y media de la mañana, en Caracas. Días después del anuncio del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado, la líder opositora contesta vía Zoom a las preguntas … de ABC. Habla desde la clandestinidad. Al otro lado de la pantalla, se la ve impecable, a pesar de los meses de aislamiento y de la constante ofensiva del régimen de Nicolás Maduro en su contra. Tras inhabilitarla políticamente, desconocer los resultados de las elecciones de 2024 y poner en marcha una maquinaria de persecución y represión contra los opositores, el gobierno venezolano intenta llegar a acuerdos en secreto con el gobierno de Estados Unidos, cuya administración lo acusa de narcoterrorismo. Al ser preguntada por el escenario más próximo en su país o sobre si irá a recoger el Nobel de la Paz a Oslo, Machado contesta prestando atención a un único tema: la transición pacífica hacia la democracia en Venezuela. Sólo eso le importa.
¿Este Nobel de la Paz es una enmienda a la tibieza de países como Noruega en los intentos de paz?
Los venezolanos hemos recorrido todas las etapas. Hemos protestado de forma pacífica. Fuimos a procesos electorales, todos fraudulentos, pero en las elecciones del 28 de julio de 2024 demostramos nuestra victoria. La respuesta del régimen fue violencia y represión. Hemos acudido a 17 episodios de diálogo, en los cuales, las fuerzas democráticas nos hemos comprometido a buscar acuerdos para una transición ordenada. Todas las veces, el régimen ha violado su palabra. Se ha burlado del país y de la comunidad internacional. Ahora estamos en un momento decisivo. Maduro tiene que entender que, con o sin negociación, el tiempo se les acabó.
¿Cuál es el escenario próximo en Venezuela?
La situación se está acelerando. Maduro es la cabeza y el prisionero de una estructura criminal: narcoterrorismo, tráfico de oro, minerales, armas y personas, además de un mercado negro de petróleo. Venezuela se ha convertido en el centro del crimen mundial. Durante muchos años pedimos que el abordaje hacia el régimen fuese la aplicación de la ley, ‘law forcement’. A partir de este año estamos viendo que Estados Unidos ha adoptado esta posición. La información de los crímenes de Maduro y su entorno empieza a salir a flote y serán juzgados.
Ha dedicado el Nobel de la Paz a Venezuela. También a Donald Trump. ¿Cuál es su relación con el presidente de Estados Unidos?
Los venezolanos hemos hecho de todo y estamos dispuestos a entregarlo todo para que Venezuela sea libre. Pero esto es una estructura trasnacional del crimen. Necesitamos que nuestros aliados actúen y que el régimen tenga una amenaza real. Necesitamos a los verdaderos aliados de la comunidad internacional, empezando por el gobierno de los Estados Unidos y el presidente Donald Trump. Pero como bien ha dicho Marco Rubio, secretario de Estado, también se ha configurado una coalición donde participan gobiernos de América Latina, del Caribe y Europa, incluyendo el Reino Unido, los Países Bajos y Francia.
La izquierda española la acusa de golpismo, pero tampoco condenan la violación a los derechos humanos por parte del régimen de Maduro.
Cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a la que no creo que se pueda acusar de ser de derechas, dice que en Venezuela hay terrorismo de Estado; cuando el Consejo de Derechos Humanos, con el Alto Comisionado en Ginebra, lo confirma; cuando estamos hablando de más de 20.000 ejecuciones extrajudiciales y de que Maduro metió presos a jóvenes, ancianos y niños, queda claro que quien no denuncia este horror es porque tiene otros intereses y no hay nada que tú puedas decir para convencerlos.
Esa misma izquierda la acusa de promover una invasión.
En Venezuela ya hay una invasión: los cubanos, que manejan hasta nuestro sistema de identidad; los rusos y los iraníes, que han entrado en las fuerzas armadas, entrenando e ideologizado a militares venezolanos; los cárteles de la droga y la guerrilla colombiana. Esto no es una dictadura más, esto es narcoterrorismo y es una de las cosas más importantes que ha ocurrido en estos últimos meses: el mundo ha llamado a las cosas por su nombre.
¿Alguien del gobierno español se ha comunicado con usted para felicitarla por el Nobel de la Paz 2025?
Se han puesto en contacto con nuestro presidente electo, Edmundo González, conmigo no.
¿Sabe si lo han llamado desde Moncloa? ¿Acaso lo ha hecho el ministro de Relaciones Exteriores?
Prefiero que esa información la pueda dar a conocer el propio presidente Edmundo González.
Edmundo González viven el exilio; confirma las llamadas de los ministros Albares y Robles para mostrar su «simpatía» por la noticia del Nobel concedido a María Corina Machado
afp
Una hora más tarde, también por conexión telemática, el presidente Edmundo González Urrutia atiende al diario ABC. Elegido en los comicios de 2024 y forzado al exilio luego de que Nicolás Maduro desconociera el resultado, Edmundo González se mantiene fuera de su país. Incluso aunque el régimen haya apresado a parte de su familia, no hay acritud en sus palabras. Reconoce la intervención del Ministerio de Relaciones Exteriores de España en su asilo español y habla con total naturalidad de la actitud del gobierno de Pedro Sánchez.
María Corina Machado nos ha dicho que miembros del gobierno de España le han llamado con ocasión del Nobel. ¿Puede confirmarlo?
[Edmundo responde] Llamó el propio ministro de Relaciones Exteriores, Albares. Me transmitió la simpatía con la que recibieron la noticia. Nos dieron felicitaciones para transmitírselas a María Corina, cosa que hice enseguida. Se veía que era un mensaje genuino. También me llamó la ministra de la Defensa.
¿Margarita Robles, personalmente?
[Edmundo] Sí, ambos. Lo valoramos. Más allá de sus simpatías y sus conexiones, ha sido un gesto importante.
«Llamó el ministro de Relaciones Exteriores y la ministra de Defensa, ambos personalmente y lo valoramos. Ha sido un gesto importante»
Oficialmente, el gobierno de España no ha dado la enhorabuena por el Nobel de la Paz.
[Edmundo] Confío en que pronto habrá un comunicado oficial de algún tipo.
La prudencia de Edmundo González Urrutia al momento de referirse a España es clarísima. Insiste en señalar las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Nicolás Maduro, quien además mantiene en prisión desde hace un año a su yerno Rafael Tudares. «Aquí tiene que haber verdad y justicia para todos. Son muchos los que han sufrido vejámenes, yo mismo estoy siendo víctima de uno. El año de secuestro a mi yerno Rafael es algo que hacen contra mí», comenta.
¿Qué espera María Corina Machado de José Luis Rodríguez Zapatero?
[Sigue respondiendo María Corina] A estas alturas solamente espero que se haga a un lado y que permita que los venezolanos podamos liberar con dignidad a todos nuestros presos políticos y liberar a 30 millones de venezolanos, para que aquellos que se han ido puedan regresar.
¿España ha dado la espalda a Venezuela?
Lo que siento hacia España y hacia los españoles es un profundo agradecimiento, por la forma como nos han recibido a tantos compatriotas. Hay algunos silencios que duelen y hay ataques que enaltecen. Lo que pasa es que, en el caso específico de Pablo Iglesias y Podemos, ellos son actores políticos y operan con el gobierno de Nicolás Maduro, tienen una relación directa y lo enaltecen sus ataques.
¿Acudirá a recibir el premio Nobel?
Estamos haciendo todo para que eso ocurra, porque, al final, solamente será posible si Venezuela es libre y Venezuela será libre. Nosotros vivimos un día a la vez. Este es un tema existencial y moral: liberar a Venezuela y no habría mayor honor que poder estar allí, rodeada de venezolanos, en Oslo, haciendo un homenaje al pueblo que se ha ganado este reconocimiento.
«Nosotros fuimos a una elección en unas condiciones que jamás habría aceptado nadie. Entendimos que aquello no era una elección más. Era, es, una lucha existencial por la vida, la libertad y la verdad»
María Corina Machado
Premio Nobel de la Paz 2025
¿Cuál es el desenlace posible? ¿El reconocimiento de los resultados electorales? ¿La salida del régimen?
Los resultados electorales van a ser reconocidos. Nosotros fuimos a una elección en unas condiciones que jamás habría aceptado nadie. Nos decían ‘¿tú estás loca?’, ‘¿cómo se te ocurre ir a ese proceso, tan injusto, tan desigual?’. Entendimos que aquello no era una elección más. Era, es, una lucha existencial por la vida, la libertad y la verdad. Así lo asumimos, con una legión de más de un millón de voluntarios: recogimos las actas, las publicamos y logramos sacarlas a escondidas de Venezuela. Hoy están protegidas en el Banco Central de Panamá. En este momento depende de lo que Maduro haga hoy. Desde el día uno le ofrecimos una salida negociada. Y lo repito ya por tercera vez: con o sin negociación, ellos van a salir del poder.
¿Cómo es su día a día en la clandestinidad?
Confieso que ha sido una experiencia desafiante. He estado todo el tiempo rodeada de gente, abrazando, escuchando a miles y miles de personas, mirando a los ojos. Son cosas que yo asumía como intrínsecas y ya no están. Ahora vivo con una maleta. Esto ha sido un viaje espiritual. Me he vuelto mucho más reflexiva. Rezar me da mucha paz y me ayuda a mantener los pies en la tierra. Ahora tengo mucho más trabajo. Dese cuenta de que, justo gracias a la tecnología, todos los días puedo reunirme con más personas.
Está en la clandestinidad, pero volcada.
Así como montamos una estructura inédita para ganar una elección fraudulenta, hemos montado una estructura clandestina aprovechando también la tecnología y cuidándonos unos a otros.
Su liderazgo no tiene precedentes: mujer, en un país machista; civil, en un país militarista …
‘Eso es imposible’, ‘¿cómo se te ocurre?’; ‘¿estás loca?’. Son frases que estoy costumbrada a escuchar. Yo tenía todas las opciones para fracasar, porque soy mujer, porque soy divorciada, porque mi familia tenía dinero, porque no soy de izquierdas, porque soy liberal en un país que solo conoció el socialismo, porque no tenía experiencia política, porque no tenía partido… Vamos, todas las papeletas. Y la verdad es que yo siento que también ha habido una confluencia de realidades en la propia sociedad venezolana, tan desgarrada, tan golpeada, donde la mujer ha tenido un rol primordial. Como dice el padre Alejandro Moreno: ‘Tenemos una sociedad matricéntrica’, sobre todo en los sectores más vulnerables económicamente, pero también porque desde la llegada de Chávez las mujeres asumimos la primera línea. ¿Te acuerdas de cuál fue ese primer grito de protesta? ‘Con mis hijos No te metas’. Y ese ha sido el hilo conductor del chavismo. Como todo sistema totalitario, buscó dividirnos y enfrentarnos: ricos y pobres, blancos y negros, izquierda y derecha, los de las zonas rurales, los de las zonas urbanas… Nosotros nos propusimos unir a nuestra nación derribando esas barreras. Esa es la clave sobre por qué hemos llegado hasta aquí. Y ahí está la garantía de una transición ordenada y pacífica.
¿Realmente cree que eso será posible?
Hay algunos que quieren disuadir la idea de la transición diciendo que si se va Maduro, vendrá el caos. El caos es Maduro. Sé que cuando salga, cientos de miles de venezolanos que ya están haciendo sus maletas, van a regresar. Ese día voy a estar ahí, en el puente Simón Bolívar y en el aeropuerto, recibiéndolos. Es ahí cuando nos va a tocar un trabajo profundo de reconstrucción.
Una sensación agria se impuso en la sociedad ucraniana tras el anuncio de la cumbre bilateral entre Estados Unidos y Rusia en Hungría un día antes del encuentro con Zelenski. Muchos en Ucrania ya anticipaban los resultados de la reunión entre Trump y Zelenski. … El mandatario estadounidense, durante la parte pública del encuentro, elogió en varias ocasiones a su homólogo ucraniano. Pero «una palabra amable y un arma siempre pueden lograr más que una simple palabra amable», escribió el periodista y bloguero ucraniano Yan Valentov.
La negativa sobre el suministro de los Tomahawk no sorprendió en el país en guerra. Tampoco sorprendió el comentario posterior del presidente norteamericano llamando a ambos mandatarios «a detener la matanza y llegar a un acuerdo». Las palabras de Trump suenan como un viejo capítulo repetido que el país invadido está obligado a ver.
Después de la reunión a la que asistieron los periodistas, ambos mandatarios continuaron las discusiones en privado. Acto seguido, Zelenski mantuvo una conversación con varios líderes europeos.
La cuestión de los Tomahawks fue central debido a las expectativas generadas por el propio Trump. Sin embargo, no se concretó ningún compromiso. El mandatario ucraniano aseguro que las negociaciones sobre las capacidades de largo alcance de Ucrania, incluidos los misiles Tomahawks, quedarán en el ámbito privado. «Estados Unidos no quería una escalada», manifestó el mandatario en la rueda de prensa posterior al encuentro.
Trump está dispuesto confiar en las supuestas intenciones de Putin de poner fin a la guerra. Y para ello le ha concedido más tiempo. Pero desde el país invadido consideran que la falta de presión sobre Rusia llevará a una prolongación del conflicto. «La única señal real de progreso después de la llamada del presidente Trump a Putin sería que Rusia aceptara un alto el fuego, pero nunca lo hará mientras siga siendo apaciguada», manifestó la diputada Kira Rudik, líder del partido opositor Golos.
Zelenski trató de navegar entre preguntas incómodas, y antes de la reunión a puerta cerrada propuso a Trump un trato: drones ucranianos a cambio de los misiles Tomahawk. La respuesta del mandatario estadounidense alabó los aparatos voladores creados por los ucranianos, pero sin comprometerse a nada.
«La llamada entre Trump y Putin demuestra que los misiles Tomahawk han obligado a Putin a volver al diálogo con Estados Unidos»
Andrii Sybiha
Ministro de Exteriores de Ucrania
Las teorías sobre la estrategia del mandatario estadounidense al apostar por un segundo cara a cara con Putin comenzaron a rodar en Ucrania tras el anuncio del encuentro en Budapest. Políticos como el diputado opositor de Solidaridad Europea, Oleksii Goncharenko, hicieron una lectura positiva. En un artículo de opinión publicado en el medio digital Glavkom, Goncharenko señala que el líder estadounidense no querrá otra repetición de los pobres resultados de Alaska. Y «el Kremlin también lo entiende perfectamente. Será difícil rechazar a Trump. Lo que significa que existe la oportunidad de presionar a Putin. Y, quizás, finalmente abrir el camino a la paz», manifestó el legislador.
El periodista ucraniano Vitali Portnikov aseguró en una entrevista en el canal Expresso que «Trump aceptará ir a Budapest solo si los funcionarios estadounidenses y rusos se ponen de acuerdo sobre algunos puntos específicos que puedan anunciar».
A la espera de la reunión de alto nivel en Washington, el editorial del rotativo ‘The Kyiv Independent’ resumía las sensaciones en el país ante la nueva cumbre. «Ya hemos estado aquí antes. Varias veces. Ni siquiera hace tanto tiempo». El medio califica de «día de la marmota» el resultado del último intercambio verbal entre la Casa Blanca y el Kremlin. Pero destaca también el poder de Trump para poner fin a la invasión rusa: «Lo único que tiene que hacer [Trump] es no caer en las tonterías de Putin».
Una paz lejana
La reunión entre Trump y Zelenski adquirió un tono agrio incluso antes de comenzar. La conclusión de la conversación con Putin causó «sorpresa» a Zelenski cuando aterrizaba en EE.UU. Según la publicación estadounidense Axios, el líder ucraniano hasta ese momento se mostraba optimista sobre la posible entrega de los misiles estadounidenses Tomahawk.
La diplomacia ucraniana trató de mostrar una visión positiva de lo acontecido. «La llamada entre el presidente de EE.UU., Donald Trump, y Putin demuestra cómo incluso la discusión sobre los misiles Tomahawk ya había obligado a Putin a volver al diálogo con Estados Unidos», destacó el ministro de Exteriores, Andrii Sybiha.
Trump aspira a lograr resultados en la guerra de Ucrania tras el acuerdo que puso fin al conflicto en Israel, pero alcanzar esta meta en podría ser mucho más complicado y el propio entorno del republicano así lo ha manifestado.
El vicepresidente norteamericano, J. D. Vance, avanzó en una entrevista que ni Moscú ni Kiev «están listas» para la paz. «Creo que hay una falta de alineación fundamental de expectativas, donde los rusos tienden a pensar que lo están haciendo mejor en el campo de batalla de lo que realmente lo están haciendo», manifestó el número dos de Trump.
«Esta es la número nueve», dijo Donald Trump, con cierta satisfacción, este viernes desde la Sala del Gabinete de la Casa Blanca. Estaba rodeado por miembros destacados de su Gobierno. Tenía enfrente al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, una vez más de … visita en Washington. Se refería, claro, a la guerra entre Rusia y Ucrania, la novena, en la propia cuenta del presidente de EE.UU., a la que va a poner fin desde su regreso al poder el pasado enero.
«Creo que podemos ser capaces de llegar a un acuerdo y creo que vamos a ser capaces de llegar a un acuerdo», confió Trump, siempre optimista, sobre el final de esta guerra, que solo le ha deparado frustración desde que volvió a jurar su cargo. Prometió en campaña que acabaría con ella «en 24 horas» y la realidad no ha dejado de golpearle desde entonces.
Trump se vio con Zelenski, con quien mantiene una relación turbulenta, en medio de una nueva ofensiva diplomática para llevar al ucraniano y a su homólogo ruso, Vladimir Putin, a una mesa de negociación que consiga un acuerdo de paz. El presidente de EE.UU. quiere utilizar el impulso de su éxito formidable en Oriente Próximo, con el acuerdo que medió entre Israel y Hamás para la liberación de rehenes y parar la guerra en Gaza, para trasladar esa tónica al teatro del este de Europa.
Nada más tomar la palabra, Zelenski felicitó a Trump por su logro en Oriente Próximo y, de hecho, le pidió aprovechar esa carrerilla diplomática para «acabar la guerra de Rusia contra Ucrania».
El encuentro fue correcto, pero tenso, con los dos líderes con gesto serio y sin caer en las adulaciones que suelen protagonizar las reuniones de Trump con mandatarios de todo el mundo, pero no derivó en las explosiones de otros episodios, como la bronca en el Despacho Oval del pasado febrero -azuzada por el vicepresidente de EE.UU. J.D. Vance, también presente en la reunión de este viernes- que puso en peligro el juego de alianzas de EE.UU. en Europa.
Putin y la paz
En la reunión ambos líderes no subrayaron sus diferencias, pero es evidente que las hay. Zelenski dejó claro desde el primer momento que Putin «no está listo para la paz» y que la única forma de que acabe la guerra es que Trump le «fuerce» a la mesa de negociación.
El presidente de EE.UU. opinó lo contrario: «Yo creo que el presidente Putin quiere acabar la guerra. Si no, no estaría yo hablando así». Es la posición que Trump ha mantenido en todos estos últimos meses, pese a las evidencias de las tácticas dilatorias de Putin para seguir golpeando a Ucrania en el frente y pese a las muestras de su homólogo ruso.
Trump lo justificó en la llamada que mantuvo en la víspera con Putin, el punto de inicio de esta nueva ofensiva diplomática. «Hablé con él durante más de dos horas», dijo este viernes. «Nos detuvimos en muchos detalles. Quiere que esto acabe. El presidente Zelenski también quiere que esto acabe. Ahora tenemos que conseguirlo».
Trump respondió preguntas a los periodistas antes de la reunión bilateral
EFE
En esa llamada, Trump acordó con Putin que la semana que viene se celebrarán reuniones de alto nivel entre los máximos responsables de la diplomacia de EE.UU. y de Rusia: el secretario de Estado, Marco Rubio, y el ministro de Exteriores, Sergei Lavrov. Esos encuentros servirán para preparar una cumbre entre él y Putin en Budapest, con el presidente de Hungría, Viktor Órban, que tiene afinidad con ambos líderes, como anfitrión. Eso debería ocurrir en un plazo de «unas dos semanas».
Posible «encuentro doble»
Trump dijo que la reunión en Hungría podría ser un «encuentro doble» en el que él se citaría de forma separada tanto con Putin como con Zelenski, una indicación de algo que es realidad: como reconoció Trump, el ucraniano y el ruso no se pueden ver, «y eso dificulta mucho las cosas».
«Estos dos líderes no se llevan bien, y queremos que esto sea algo cómodo para todo el mundo», dijo.
El objetivo de Zelenski era menos confiar en que Putin se avenga a un acuerdo de paz mediado por Trump y más apuntalar apoyo estadounidense para presionar de verdad a Putin para que acepte poner fin a la guerra. Para él, las prioridades eran negociar las eventuales garantías de seguridad por parte de EE.UU. para un escenario posterior a la tregua con Rusia y, de forma inmediata, obtener armamento poderoso con capacidad de cambiar la dinámica en el frente y forzar al presidente ruso a la mesa de negociación. Según fuentes ucranianas, durante el encuentro Zelenski llegó a mostrar a Trump un mapa con posibles objetivos en territorio ruso.
«Tengo confianza en que, con su ayuda, podemos parar esta guerra, realmente la necesitamos», le dijo a Trump. En los últimos días, el presidente de EE.UU. ha hablado de la posibilidad de enviar misiles Tomahawk a Ucrania, un arma ofensiva poderosa, que daría capacidad al ejército ucraniano de atacar objetivos a mucha distancia en Rusia.
Pero la reunión de ayer evidenció que esto ha podido ser solo una amenaza de Trump a Putin para tratar de impulsar su ofensiva diplomática. En la víspera de la reunión con Zelenski, Trump empezó a dudar de esa posibilidad. Y, por sus palabras delante del presidente ucraniano, parecía todavía más lejana.
«Preferiríamos mucho más que ellos no necesitaran los Tomahawk», dijo Trump, que añadió que es preferible «acabar con la guerra». El presidente de EE.UU. deslizó que desprenderse de parte de su arsenal de Tomahawks «es un problema».
«Necesitamos los Tomahawks, y necesitamos muchas de las otras armas que estamos enviando a Ucrania», añadió. «Esperemos que no los necesiten. Esperemos que seamos capaces de acabar la guerra sin tener que pensar en los Tomahawks. Y estamos cerca de ello», confió, en una muestra más de que la amenaza a Rusia con el envío de esos misiles pierde peso por el momento.
Preguntado por si le preocupaba que Putin, que fue quien solicitó la llamada de la víspera que ha dado lugar a las negociaciones de la semana que viene, esté tratando de ganar tiempo, Trump contestó: «Lo estoy. Pero me la han tratado de jugar toda la vida los mejores y he salido bastante bien».
«Deben parar donde están»
Tras la reunión, Trump se subió al avión presidencial, rumbo a Mar-a-Lago, su mansión en la costa de Florida. En el trayecto, compartió un mensaje en redes sociales en el que definió la reunión con Zelenski como «interesante» y «cordial», pero aseguró que le dijo que «es hora de acabar con la matanza y llegar al acuerdo».
«Se ha derramado suficiente sangre, con los límites de propiedad definidos por la guerra y el coraje», aseguró sobre las líneas del frente, donde Rusia controla cerca del 20% del territorio de Ucrania. «Deben parar donde están», añadió, en una referencia que podría entenderse como una asunción por parte de Ucrania de que debe ceder territorio a Rusia. Ello a pesar de que hace unas semanas Trump cambió de forma radical su posición sobre la guerra en Ucrania y defendió que Kiev debía pelear para recuperar su territorio por completo. «¡Que los dos declaren victoria, que decida la historia! No más disparos, no más guerra, no más gasto de cantidades enormes e insostenibles de dinero», ha dicho ahora.
Esta es una posición difícilmente asumible por el Gobierno de Kiev, que rechaza la renuncia a su integridad territorial. Pero Zelenski, en rueda de prensa, buscó interpretarlo de otra forma. «El presidente tiene razón. Tenemos que parar donde estamos», dijo. «Y después tenemos que hablar», añadió en referencia a «dar los pasos verdaderos hacia una paz real, duradera y justa». Es decir, que mantiene su posición: arrancar un alto el fuego a Putin y después negociar sobre un acuerdo duradero.
«El presidente Trump entiende que la cuestión más difícil en cualquier tipo de negociación, en cualquier formato de negociación, será la del territorio», dijo Zelenski.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, llega este viernes a la Casa Blanca con una petición concreta: más armas y garantías de seguridad. En su tercera visita a Washington desde el regreso de Donald Trump al poder, el líder ucraniano busca consolidar la … cooperación militar y económica con Estados Unidos en un momento en que la guerra entra en una fase prolongada y el presidente norteamericano intenta presentarse como mediador directo ante Moscú.
Zelenski pasó la noche en la residencia oficial de invitados, Blair House, bajo un fuerte dispositivo de seguridad en torno a la Casa Blanca. Trump ha anunciado que se reunirá con Vladímir Putin en Hungría «en unas dos semanas», aunque sin fecha confirmada, y ha insistido en que su objetivo es «poner fin a la guerra» bajo su propia mediación.
El mandatario ucraniano llega con una agenda centrada en la obtención de armamento de largo alcance y nuevos sistemas de defensa antiaérea. En particular, Kiev solicita misiles de crucero Tomahawk y baterías Patriot, además de aviones F-16 y sus misiles compatibles. Zelenski pretende reforzar las capacidades de ataque y defensa antes del invierno, cuando se prevé un incremento de los bombardeos rusos sobre infraestructuras energéticas.
Trump, sin embargo, se muestra antes ambiguo respecto a la petición. «Necesitamos Tomahawks para Estados Unidos también. Muchos… No sé qué podemos hacer al respecto», dijo el jueves en tono entre bromista y evasivo. Pese a ello, reconoció que podría utilizar la posibilidad de enviar misiles como elemento de presión para obligar a Moscú a regresar a la mesa de negociación. Según el propio presidente, Putin «no reaccionó bien» cuando le planteó la idea en una conversación telefónica mantenida el miércoles.
La delegación ucraniana había preparado el terreno durante la semana. El lunes, la primera ministra, Yuliia Svyrydenko, y el jefe de gabinete, Andrii Yermak, se reunieron con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y con representantes de los grandes contratistas de defensa estadounidenses, Lockheed Martin y Raytheon. Estas compañías fabrican los sistemas Patriot y los misiles Tomahawk que Ucrania reclama con urgencia.
Bessent y Svyrydenko revisaron la puesta en marcha del Fondo de Inversión y Reconstrucción EE.UU.-Ucrania, un acuerdo bilateral firmado en abril que busca canalizar inversiones estadounidenses hacia los sectores energético, minero e de infraestructuras ucranianos. El Tesoro norteamericano instó además a los socios europeos a reforzar la aplicación de sanciones contra Rusia y a penalizar a los países que financien su maquinaria bélica mediante la compra de petróleo ruso.
En paralelo, Zelenski se reunió en Washington con directivos de Raytheon y Lockheed Martin, así como con el secretario de Energía, Chris Wright, y representantes de empresas del sector. Con los fabricantes de armamento, las conversaciones se centraron en ampliar la producción conjunta y acelerar el suministro de sistemas de defensa. Con el Departamento de Energía, el diálogo se orientó a la reconstrucción de la red eléctrica ucraniana, devastada por los ataques rusos.
Antes de la reunión con Trump, Zelenski declaró que esperaba que el impulso diplomático generado tras el alto el fuego en Gaza «sirva también para poner fin a la guerra en Europa». «El lenguaje de la fuerza y la justicia funcionará contra Rusia», afirmó.
«Paz mediante la fuerza»
El presidente norteamericano, por su parte, insiste en su doctrina de «paz mediante la fuerza». La Casa Blanca presenta sus esfuerzos como una continuación de la estrategia que llevó al acuerdo de Oriente Próximo, descrito por Trump como el noveno pacto de paz mediado personalmente por él desde su retorno al poder.
En ese contexto, el mandatario ha endurecido su exigencia a los aliados de la OTAN: ha pedido elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB para 2035, advirtiendo de que quienes no cumplan podrían afrontar represalias comerciales. España, que mantiene un gasto militar del 1,3%, fue uno de los países señalados directamente por Trump, que amenazó con imponer aranceles «como castigo» por su incumplimiento.
Mientras tanto, la Unión Europea anunció esta semana un nuevo sistema de defensa antidrones que estará operativo antes de 2027, destinado a proteger el espacio aéreo europeo de posibles incursiones rusas. Bruselas subraya que la amenaza no desaparecerá incluso si la guerra termina y busca coordinar sus planes con la OTAN y con Washington.
La reunión de este viernes representa un momento clave para la relación entre Trump y Zelenski, marcada por tensiones desde su primer encuentro en la Casa Blanca, en febrero. Aquel diálogo, recordado por su dureza, terminó sin acuerdo, después de que Trump condicionara la ayuda estadounidense a un alto el fuego y Zelenski advirtiera de que Putin planeaba prolongar la guerra. Desde entonces, ambos líderes han mantenido contactos esporádicos, incluyendo una cita en el Vaticano en abril y otra en la Asamblea General de la ONU en septiembre, donde Trump afirmó por primera vez que Ucrania «puede ganar y recuperar todo su territorio con apoyo europeo».
Donald Trump habló ayer por teléfono con Vladímir Putin, en medio de crecientes presiones por parte del Gobierno de EE.UU. para llevar al presidente de Rusia a la mesa de negociación por la paz en Ucrania y en la víspera de la visita … a la Casa Blanca de Volodímir Zelenski.
El presidente de EE.UU. informó a través de su red social de la conversación telefónica y anunció que se ha acordado «una reunión la semana que viene con nuestros asesores de alto nivel». Esa reunión, todavía sin un lugar y una fecha concretos, estará seguida por una cumbre entre los dos mandatarios. «Después, el presidente Putin y yo nos encontraremos en un lugar ya acordado, en Budapest (Hungría), para ver si podemos poner fin a esta ignominiosa guerra entre Rusia y Ucrania», dijo.
«El presidente Zelenski y yo nos reuniremos mañana en el Despacho Oval, donde discutiremos sobre mi conversación con el presidente Putin, y mucho más», agregó en alusión a la visita hoy del presidente ucraniano, antes de cerrar su mensaje: «Creo que hoy se han logrado grandes progresos en esta conversación telefónica».
La de ayer fue una llamada larga, de más de dos horas, que abre una nueva oportunidad para la diplomacia, después de muchos intentos frustrados. Trump detalló que será su secretario de Estado, Marco Rubio, quien encabezará la delegación estadounidense en las conversaciones de alto nivel de la próxima semana, «junto con otras personas que serán designadas». No mencionó a Steve Witkoff, que hasta ahora ha liderado las negociaciones con Rusia y también las que acabaron con éxito la semana pasada entre Israel y Hamás.
La conversación entre Trump y Putin tenía de fondo las amenazas por parte de Trump de proporcionar los poderosos misiles Tomahawk a Ucrania, un movimiento que podría cambiar la dinámica en el frente. Es una vieja aspiración de Zelenski, a la que han dicho que no hasta ahora tanto el anterior Gobierno de Joe Biden como el actual de Trump, y que dotaría a su Ejército con un arma de ataque que podría ayudar a forzar a Rusia a buscar un acuerdo.
«¿Quieren que haya Tomahawks volando hacia ellos? Pienso que no, y es posible que hable con Rusia sobre ello», dijo Trump el domingo pasado, a bordo del Air Force One, rumbo a Oriente Próximo para celebrar el acuerdo que forjó entre Israel y Hamás. «Podría decir, ‘mira, si esta guerra no acaba en acuerdo, voy a mandar Tomahawks’».
En la víspera, esas presiones hacia Rusia se manifestaron también en las palabras del secretario de Defensa, Pete Hegseth, durante una reunión de la OTAN en Bruselas. «Si no hay un camino a la paz a corto plazo, EE.UU., de manera conjunta con sus aliados, dará los pasos necesarios para imponer costes a Rusia por su agresión continuada», dijo. «Si hay que tomar ese paso, el Departamento de Guerra de EE.UU. está listo para hacer su parte de la forma que solo EE.UU. puede hacer». «Si algo sabemos sobre el presidente Trump, es que busca la aplicación activa de paz a través de la fuerza», dijo Hegseth después a la prensa. «En eso se centran nuestros esfuerzos».
De «24 horas» a nueve meses
La frustración de Trump sobre la guerra en Ucrania no ha dejado de crecer desde que llegó a la Casa Blanca el pasado enero. En campaña, prometió acabar con esa guerra «en 24 horas» y confió en que la relación de sintonía que ha labrado con Putin se lo permitiría.
La realidad, sin embargo, se ha mostrado tozuda. Putin ha aprovechado la manga ancha concedida por Trump -que nunca ha querido elevar las presiones sobre Moscú para no perder la posibilidad de un acuerdo- para ganar posiciones en el frente y continuar debilitando a Ucrania. Pero desde el final del verano, tras una cumbre con Putin en Alaska que no sirvió para nada, solo para que el presidente ruso ganara más tiempo, ha dado señales de que se le empieza a acabar la paciencia. En especial, después de que Putin haya hecho caso omiso a sus presiones y ultimátums, que, por otro lado, el propio Trump no ha sido capaz de cumplir.
Con Zelenski ha mantenido una relación turbulenta. Entre acusaciones de que la guerra había sido culpa del presidente ucraniano, la relación estalló con aquella bronca monumental en el Despacho Oval en febrero. En los últimos meses, con el apoyo de los socios europeos de Ucrania, la relación se ha estabilizado, Zelenski se ha alineado con las exigencias de Trump para la negociación. Y hoy, en un nuevo encuentro en el Despacho Oval, espera obtener un respaldo definitivo para avanzar hacia el acuerdo o, de lo contrario, mejorar sus posibilidades en el frente con armamento de gran impacto.
Antes de la cumbre en la capital húngara, la semana que viene habrá una reunión de alto nivel entre los dos países
«El único lenguaje que entiende Putin es el de la presión. Presión con sanciones, presión con armamento de larga distancia», defendió Zelenski ayer mismo, en un mensaje en sus redes sociales, en referencia a los Tomahawks y a los ataques de Rusia la noche anterior contra la infraestructura eléctrica de su país. «Estamos preparados para la reunión con el presidente Trump, tanto el componente militar como el económico. Todos los detalles están listos», aseguró.
La nueva intentona diplomática de Trump sobre la guerra de Ucrania ocurre cuando el presidente de EE.UU. todavía paladea su gran éxito diplomático desde que regresó a la Casa Blanca: el acuerdo para parar la guerra en Gaza, liberar a los rehenes israelíes, replegar al Ejército de Israel en la Franja y avanzar hacia una paz estable y duradera en Oriente Próximo.
«Me felicitó por la paz»
«El presidente Putin me felicitó a mí y a EE.UU. por el gran logro de conseguir la paz en Oriente Próximo, algo que, según dijo, se ha soñado durante siglos», aseguró sobre el acuerdo entre Israel y Hamás, con la implicación de los países árabes, aunque esa paz duradera todavía está lejos de materializarse.
Trump no se olvidó de mencionar algo que se presumía en cuanto logró su gran éxito en Gaza: aprovechar el impulso, la carrerilla diplomática, para anotarse un acuerdo de paz en Ucrania que se le resiste. «Yo creo que el éxito en Oriente Próximo ayudará en esta negociación y en conseguir un final para la guerra entre Rusia y Ucrania».
«Dedicamos también mucho a hablar sobre comercio entre Rusia y EE.UU. una vez la guerra en Ucrania haya terminado», en una nueva muestra de que Trump busca acercar a Putin al acuerdo con el caramelo económico. En las últimas semanas, el multimillonario neoyorquino ha insistido en que la economía rusa está al borde del colapso y que hay «largas colas» para comprar gasolina.
Tras la llamada, la portavoz de Trump, Karoline Leavitt, confió en que la cumbre entre ambos líderes es «muy posible» y defendió que el presidente de Estados Unidos sigue creyendo en la posibilidad de sentar a Putin y a Zelenski en la misma mesa para acabar con la guerra.
Desde Moscú, un portavoz de Putin, Yuri Ushakov, confirmó la llamada con Trump y aseguró que se celebró por iniciativa del Kremlin y dijo que los enviados de ambos países se encontraron «sin retraso» para allanar el camino de la eventual cumbre en territorio húngaro.
Ushakov, eso sí, insistió en la posición que ha mantenido el Gobierno de Putin desde que Trump empezó a hablar de los Tomahawk: que su envío a Ucrania supondrán un fuerte obstáculo para la paz y un deterioro de las relaciones entre Rusia y EE.UU.
Donald Trump dijo sobre Hamás en marzo que «solo la gente enferma y retorcida conserva cuerpos, ¡y ustedes son enfermos y retorcidos!«. Siete meses después los cuerpos de los rehenes se han convertido en el primer problema al que se enfrenta el acuerdo de … alto el fuego y Trump se habrá llevado una sorpresa al conocer que Israel conserva más de 700 cuerpos de palestinos y cada vez que Hamás le entrega los restos de un rehén, ellos también devuelven cadáveres a cambio.
Los israelíes acusan a los islamistas de violar el acuerdo porque no entregaron todos los cuerpos el lunes y adoptaron medidas de castigo como posponer la reapertura del paso de Rafah o reducir la entrada de ayuda humanitaria. Hamás ha entregado diez cuerpos hasta el momento en tres entregas diferentes y al menos uno de ellos no pertenece a un rehén, se trata del cuerpo de un palestino de Cisjordania usado como escudo humano por las tropas en los túneles, según informó Al Jazeera. Los islamistas informaron además que han entregado ya todos los que tenían localizados y en su poder y reclamaron equipamiento especial para encontrar y rescatar los que faltan. Faltan 18 cuerpos y los israelíes desconfían de la palabra del enemigo.
Israel sabía que recuperar todos los cuerpos sería muy difícil, que podría llevar semanas e incluso meses llegar a ellos. Esto se debe a que el ejército ha arrasado partes enteras de Gaza y sigue ocupando el 50 por ciento de la Franja, a donde los milicianos no tienen acceso. «Rescatar a los rehenes, vivos y muertos, es una gran mitzvá, un deber judío, moral y nacional de primer orden», recordaron a las autoridades varios rabinos en una declaración conjunta. Como ocurre en el Islam, la ley judía ordena que un cuerpo sea enterrado los antes posible, normalmente dentro de 24 horas, y recuperar los restos mortales es considerado un «deber sagrado».
Israel cuenta incluso con una organización llamada Zaka, cuya labor consiste en «recolectar todos los restos de los muertos, incluyendo su sangre, para que puedan ser enterrados conforme a la ley religiosa judía». Esta es la organización que se encarga de actuar después de los atentados en suelo israelí y su papel fue importante tras el ataque de Hamás del 7 de octubre. Sus miembros son casi todos judíos ultraortodoxos y todos voluntarios. Zaka no trabaja dentro de Gaza para recuperar los cuerpos, pero Israel presiona para formar un equipo junto a Catar, Turquía, Estados Unidos y la Cruz Roja Internacional para intentar acelerar la búsqueda, siempre con la colaboración de Hamás.
Enterrados en cementerios
Los secuestrados por Hamás estaban en manos de la ‘Unidad de la Sombra’, ellos son los encargados de velar por los rehenes vivos y conservar los restos de los fallecidos, un arma de guerra para futuros intercambios que se guarda bajo secreto. Fuentes consultadas en Gaza señalan a cementerios y túneles como lugares para enterrar a los rehenes fallecidos. «Ha habido casos en los que los entierran en cementerios, en medio de las demás de tumbas y, como los israelíes han borrado de la tierra hasta los cementerios, no hay forma de dar con ellos. Los mapas que tenían con la localización de los cuerpos no sirven porque todo ha desaparecido. A esto hay que sumar que, si Israel ha matado a los responsables de esos enterramientos, es más difícil todavía», apunta un periodista palestino que cubre desde hace años el día a día de los islamistas en la Franja.
Algunos rehenes murieron junto a sus captores en túneles debido a los bombardeos, lo que complica la localización, pero «al ser posiciones de Hamás podrían recuperarse, el problema está en las zonas borradas del mapa y en que, en el caos generado el 7 de octubre en toda la zona fronteriza, otras facciones palestinas también se hicieron con cuerpos y los metieron en Gaza sin informar a Hamás», apuntan las mismas fuentes.
Guerra de cuerpos
Mientras Israel espera a los suyos para enterrarlos, el ministerio de Salud de Gaza informó haber recibido 90 cadáveres palestinos en las últimas 48 horas, un intercambio recogido también en acuerdo. No se aclaró si los fallecidos murieron bajo custodia israelí o si fueron sacados de Gaza por tropas israelíes mientras buscaban rehenes. Fuentes médicas palestinas denunciaron que algunos de los cuerpos estaban con los ojos vendados y esposados, con indicios de que varias personas podrían haber sido sometidas a «ejecuciones». Además, encontraron huellas de tanques en algunos cuerpos, lo que sugiere que podrían haber sido atropellados por vehículos israelíes.
El último balance de la organización The Palestinian National Campaign for the Retrieval of Martyrs’ Bodies and the Disclosure of the Fate of the Missing señala que Israel retiene los cuerpos de 735 palestinos, incluidos 67 niños. Los israelíes mantienen una guerra de cuerpos tanto con Hamás como con Hizbolá y en los últimos años se han producido varios intercambios. Retener los cuerpos «viola las leyes del derecho humanitario internacional. De acuerdo con la Convención de Ginebra y el protocolo adicional I, Israel tiene la obligación de devolver los restos del muerto. Esto incluye recoger, evacuar y enterrar el cadáver. Además, bajo la ley humanitaria internacional las partes de un conflicto armado deben respetar la muerte y las condiciones en las que se celebran aquí los funerales obstruyen cualquier posibilidad de realizar investigaciones sobre las circunstancias del deceso», señala la organización Al Haq, dedicada desde 1979 a promover y proteger los derechos humanos y la aplicación de la ley en los Territorios Ocupados.
Además de milicianos, para los israelíes es una práctica habitual la retención de los cuerpos de palestinos que cometen ataques con cuchillos o atropellos múltiples. Las autoridades justifican la retención, congelación de los cuerpos y la obligación de los entierros exprés para evitar que cada funeral se convierta en «una exaltación del terrorismo». Es también un castigo colectivo para las familias musulmanas que, como las judías, también deben enterrar a sus muertos en las primeras 24 horas.
La Comisión Europea ha aprobado un nuevo plan integral para intentar fortalecer las capacidades militares europeas y que ha sido bautizado como Hoja de Ruta para la Preparación para la Defensa 2030. Si este plan tiene éxito, debería permitir a los países una « … coordinación voluntaria» para alcanzar los objetivos de capacidades militares que ha definido la OTAN, que seguirá siendo la pieza clave para la defensa europea. Se sabe que no todos los países tienen la misma sensibilidad en este tema, ni siquiera por lo que respecta a uno de los aspectos más vistosos, como es el llamado «muro antidrones», que ya había anunciado la propia presidenta Ursula von der Leyen. Pero la Comisión considera que hay «una conciencia creciente de la necesidad de usar cada vez más los contratos conjuntos en materia de defensa».
Según Von der Leyen, «las recientes amenazas han demostrado que Europa está en peligro. Debemos proteger a cada ciudadano y a cada centímetro cuadrado de nuestro territorio. Y Europa debe responder con unidad, solidaridad y determinación».
Las cuatro iniciativas que se pretende convertir en símbolos de esta propuesta («flagships» en inglés) serían, además de ese «muro» de defensa contra drones, la Vigilancia del Flanco Oriental, el Escudo Aéreo Europeo y el Escudo Espacial de Defensa. Según Von der Leyen, «esto fortalecerá nuestras industrias de defensa, acelerará la producción y mantendrá nuestro prolongado apoyo a Ucrania». Los países son libres de participar en los proyectos que más consideren y de asociarse con aquellos que también estén interesados, con el objetivo de que eso contribuya a cimentar la base de la tecnología militar europea, mientras que la Comisión contribuirá a facilitar su financiación teniendo en cuenta las reglas presupuestarias.
Políticamente, se trata de una petición hecha por el Consejo Europeo y sigue a varios proyectos destinados a financiar y compartir proyectos de la defensa, incluida la bautizada como «brújula estratégica» aprobada el año pasado. El texto de la propuesta hace hincapié en el hecho de que Europa «también debe estar preparada para los campos de batalla del futuro, en consonancia con la naturaleza cambiante de la guerra. La innovación y la iteración tecnológicas, desarrolladas a gran escala y con rapidez, y basadas en soluciones de doble uso, determinarán la fuerza en el campo de batalla. Quienes desarrollen sus propias tecnologías serán los más fuertes y menos dependientes, especialmente para los sistemas críticos de la guerra moderna, como drones, satélites o vehículos autónomos. Ucrania sigue siendo la primera línea de defensa de Europa y forma parte integral de la arquitectura de defensa y seguridad europea, y la UE continuará apoyándola e intensificando su cooperación».
Miembros de la UE pero no de la OTAN
Sin embargo, no todos los países lo ven del mismo modo en estos momentos. Además, hay miembros de la UE que no son parte de la OTAN (Austria, Chipre, Irlanda y Malta) que deberán encajarse con acuerdos particulares con la Alianza Atlántica en el aspecto operativo de los proyectos en los que quieran participar.
Entre las voces destaca Hungría, que no solamente mantiene bloqueadas las próximas entregas de municiones a Ucrania pagadas con el presupuesto comunitario, sino que quiere poner en marcha una consulta popular para rechazar este plan de preparación para la defensa. Otros como Holanda, Croacia y Letonia ya han empezado a celebrar reuniones para definir su posible participación en el sistema antidrones.
Los proyectos emblemáticos en general tendrán financiación comunitaria siempre que basen en tecnología europea y Bruselas espera que desemboquen en elementos de «defensa colectiva» europea, aunque, según fuentes de la Comisión, «en caso de guerra sería la OTAN quien decidiría su intervención» porque con este proyecto «no hay una voluntad de desarrollar una estructura militar propia de la UE».
La hoja de ruta también establece planes para crear una zona de movilidad militar en toda la UE en 2027, con normas armonizadas y una red de rutas terrestres, aéreas y marítimas para el rápido traslado de tropas y equipos por toda Europa porque ahora mismo se necesita un mínimo de veinte días para que una unidad de un país pueda cruzar la frontera de otro país miembro. Este es un aspecto que interesa sobre todo a la OTAN, que ha pedido ya que esos requisitos se flexibilicen.
La Comisión Europea y la Alta Representante presentarán esta hoja de ruta al Consejo Europeo del próximo día 23 para que los dirigentes de los distintos países se pronuncien sobre ello.