Un Brasil polarizado vuelve a medirse en las urnas

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“¿Qual Brasil você quer?”, dice uno de los últimos posts de Lula da Silva en sus redes sociales: “¿Un Brasil que invierta en comida en su mesa, salud, vivienda, cultura y en la protección del medio ambiente y de su pueblo? ¿O un Brasil que sea entregado a los intereses extranjeros y no le importe su población? Un futuro que no podemos arriesgar”. Entretanto, Flavio Bolsonaro dispara en su cuenta de X contra el partido de Lula, sin perder la esperanza de ganar en primera vuelta: “¿Vocé está cansado de PT (Partido de los Trabajadores)? ¿Cansado de comida cara, del salario que se acaba antes de fin de mes, de tantas peleas, tanto desorden y tanta cobardía? ¡Entonces vamos a resolver eso en la primera vuelta!”.

Casi en la víspera de las elecciones presidenciales, la polarización en Brasil no sólo se siente en las calles, también alborota las redes sociales y los mensajes de los candidatos aumenta la confrontación.

Brasil se quedó sin el último debate en televisión antes de las elecciones presidenciales tras el plantón del mandatario Luiz Inacio Lula da Silva y el senador Flavio Bolsonaro, los dos grandes favoritos, y la inesperada intervención de la justicia.

Polémicos fallos judiciales llevaron a TV Globo a cancelar el debate pocas horas antes de su retransmisión, en una jornada insólita en la historia reciente de los procesos electorales del país. El primero en desistir fue el propio Lula, el miércoles. El actual gobernante prefirió dar una entrevista a la misma hora en el popular pódcast ‘Flow’, donde afirmó que decidió no asistir al debate porque el formato es “infructífero” y permite “bromitas” de rivales de poco peso.

El segundo en dar marcha atrás fue Flavio Bolsonaro, dos horas antes del comienzo del debate. Explicó en sus redes sociales que decidió no comparecer por “la censura vergonzosa” impuesta por el Tribunal Superior Electoral (TSE). Se refería a un fallo de una jueza del TSE dictado la tarde del jueves que prohibía a TV Globo exhibir el atril vacío de Lula durante la retransmisión del debate. La decisión, tomada con carácter de urgencia en respuesta a un recurso de la campaña de Lula, también impidió que los otros aspirantes a la Presidencia formularan preguntas dirigidas al jefe de Estado, aunque estuviera ausente. La jueza alegó un “potencial desequilibrio” que perjudicaría al dirigente del Partido de los Trabajadores (PT). Casi al mismo tiempo, un juez de la Corte Suprema ordenó incluir en el debate al agitador ultra Renan Santos, abanderado del partido Misión, quien no había sido invitado por Globo al amparo de la legislación vigente.

Por todo ello, se canceló el debate. Globo afirmó que las sucesivas decisiones judiciales tomadas momentos antes del debate generan “inseguridad jurídica” y representan “una injerencia indebida en la libertad que tienen los medios” para organizar este tipo de encuentros.

Es muy improbable pero no imposible que este domingo 4 de octubre la elección presidencial se defina en primera vuelta. Lo que sí es seguro es que la segunda vuelta la disputarán Luiz Inacio Lula da Silva y Flavio Bolsonaro, dos polos opuestos que hacen denodados esfuerzos por llegar a esas regiones donde más son rechazados.

Todos los sondeos arrojan que el techo de Lula es de un poco más de 40% y ganaría a Bolsonaro en la primera ronda, por cerca de 4 puntos. En los sondeos de la segunda vuelta, ambos empatan. En el año 2022 Lula derrotó al entonces presidente Bolsonaro por apenas 2,14 millones de votos, que representaba el 1.8% de los votos.

Estamos frente a un Brasil partido en dos o hasta en tres, comentan los analistas. Además de los lulistas y los bolsonaristas, están los indecisos y los que han optado por ninguno de los dos candidatos, que en conjunto forman una legión aparte de casi 30%.

En los últimos días, ambos comandos de campaña volcaron sus estrategias a captar a los electores indecisos y contener el voto en franjas socioeconómicas clave. Por el lado del oficialismo, el Gobierno dictó la prohibición de las apuestas deportivas y casinos en línea, incluso, Lula fue a visitar a la esposa de un ludópata, que lo había perdido todo. Además, relanzó el programa de renegociación de deudas «Desenrola» y aplicó un reajuste del 15% en el subsidio Bolsa Familia. La iniciativa apuntó a recuperar terreno entre las mujeres de menores ingresos y consolidar el respaldo en la región del Nordeste, donde Lula se impone por 65% contra un 25% de su principal rival.

Por su parte, Flavio Bolsonaro del Partido Liberal (PL), quien naturalmente asumió la representación de la derecha tras la inhabilitación y condena de su padre, ha intentado recortar distancias apoyado en un discurso centrado en la inflación, la seguridad y el costo de vida. El candidato del PL mantiene ventaja en los principales distritos electorales del Sudeste, como San Pablo y Río de Janeiro, además de registrar un marcado apoyo entre el electorado evangélico (47% frente al 27% del actual presidente) y los sectores de ingresos medios y altos.

“Lo que se ve es una elección donde de nuevo hay dos polos opuestos. Uno a la derecha más extremada con la familia Bolsonaro, representada por el candidato Flavio Bolsonaro y una izquierda con Lula. La polarización se basa en una pregunta: quién quieres que no gane. Hay un empate en el rechazo a los dos candidatos. Un 47% no quiere que gane Lula y 47% que no quiere que gane Bolsonaro”, dice desde Brasil a LA RAZÓN el periodista y analista internacional Ivan Godoy.

En consecuencia, la elección la ganará el que consiga atraer el respaldo de esa gente que todavía no está decidida y que no es Lulista ni Bolsonarista. No todos los pobres están con Lula da Silva, ni todos los jóvenes ricos están con Flavio Bolsonaro. La polarización en Brasil tiene matices y hay gente que ya no toma partido y se encoge de hombros.

El mapa electoral de la primera vuelta muestra que Lula da Silva está por delante en 10 estados (todo el Nordeste y Amapá). Flavio Bolsonaro lo aventaja en 8 (Río de Janeiro, Paraná, Santa Catarina, Mato Grosso do Sul, Mato Grosso, Acre, Rondônia y Roraima). Y 9 están empatados dentro del margen de error, entre ellos San Pablo, Minas Gerais y Rio Grande do Sul.

Felipe Nunes, director de la encuestadora Quaest, afirma que el panorama de Lula hoy es casi una copia del de octubre de 2022, cuando le ganó al entonces presidente Jair Bolsonaro. Lula se impuso en segunda vuelta.

“Hay mucha gente de derecha que considera que hubiese tenido más chance contra Lula el gobernador de San Pablo, Tarcisio de Freitas, porque tiene una imagen más moderada que Bolsonaro, pero no fue aceptado por la familia Bolsonaro. Los grandes empresarios tenían preferencia por él, es un técnico que ha hecho un buen gobierno en Sao Paulo”, afirma Godoy.

En Brasil, tanto el Presidente, como los alcaldes y gobernadores pueden reelegirse de manera consecutiva, pero no pueden postular por tercera vez, sino que debe esperar una contienda. En el caso de Lula en la anterior ocasión que postuló a la reelección, ganó. En cambio, Bolsonaro, cuando intentó reelegirse en el 2022 fue derrotado por Lula.

“Hay un personaje curioso como candidato llamado Augusto Cury que llegó hasta el 11% en las preferencias. Mucha gente pensó que podría romper esa polarización, sin embargo, ahora no alcanza al 3%. Se trata de un candidato de centro, el resto casi todos son de derecha, por eso Lula se ha negado a participar en el debate, no le convenía enfrentarse a un bloque de derechas”, sostiene Godoy.

En el Nordeste, donde vive un gran porcentaje de familias de escasos recursos, Lula gana con más del 70%, es justamente la zona más beneficiada con el aumento de los programas sociales. “Brasil es el único país en el mundo donde la cuarta parte de la población del país es mantenida por el Estado, con dinero”, sostiene Godoy. Otro bastión de Lula es la región amazónica. Pierde, en cambio, en la región sur del país, la más desarrollada, que le da gran apoyo a la derecha.

“Lula para ganar en segunda vuelta tendrá que equilibrar en Mina de Gerias y no perder con una diferencia muy grande en San Pablo, además lograr una victoria lo más fuerte en Nordeste y tratar de ganar votos en la zona con mayor población y más rica: el sudeste de Brasil”, explica Godoy.

Otro punto importante de la polarización es si quieres estar de lado de Estados Unidos o mantener el país al margen de su injerencia. Lula acusó a la familia Bolsonaro de perjudicar al país para beneficiarse políticamente pactando con Estados Unidos. “Hay un buen porcentaje de la población que es partidaria de que Brasil se aproxime más a Estados Unidos”, señala Godoy. Si gana Bolsonaro habrá un gran cambio en la política externa de Brasil, que afectará a todo el continente.

“Es interesante observar que los escándalos y las campañas sucias no afectan mayormente a ninguno de los dos candidatos. Así como tienen un voto consolidado de rechazo muy fuerte, también lo tienen a su favor. Aquí se habla de candidatos teflón que no se les pega la grasa”, afirma el analista.

Para ganar más votos del centro, Flavio Bolsonaro intenta presentarse también como un Bolsonaro moderado y busca mejorar su votación con las mujeres, porque su padre tuvo fama de machista. “Jair Bolsonaro fue muy duro con candidatas mujeres de centro, que lo enfrentaron, entre ellas Simone Tebet, que sin ser de izquierda, terminó apoyando a Lula en la segunda vuelta y fue nombrada ministra en su gobierno”, recuerda Godoy.

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