La pitón birmana (Python bivittatus), una especie invasora que lleva décadas expandiéndose por los Everglades de Florida, se ha convertido en uno de los problemas ecológicos más difíciles de controlar en el sur de EEUU. Algunos ejemplares pueden alcanzar hasta 6 metros de longitud y alrededor de 90 kg, pero sus dimensiones son solo una parte del desafío. Detectarlas entre la vegetación y los humedales resulta complicado, por lo que investigadores y gestores de fauna están ensayando métodos capaces de hacer que sean las serpientes las que salgan de sus escondites.
El origen del problema se remonta a la llegada de estos reptiles del sudeste asiático al mercado estadounidense de mascotas. Algunas pitones fueron liberadas de forma deliberada o accidental y, durante el siglo XXI, lograron consolidar una población reproductora estable en Florida. Su expansión ha coincidido con fuertes descensos de mamíferos nativos: entre 2003 y 2011, los avistamientos de mapaches cayeron más de un 99% en zonas ocupadas por las serpientes, los de gatos monteses disminuyeron un 87,5% y los conejos llegaron a desaparecer.
Florida ha probado distintas herramientas para localizar y retirar estos depredadores. Desde 2021 está prohibido comprar, vender o transportar pitones birmanas en el estado, mientras que los ejemplares mantenidos como mascotas deben estar identificados y registrados. También se emplean cámaras de infrarrojo cercano, análisis de ADN ambiental y ejemplares macho equipados con transmisores de radio que, durante la época reproductiva, pueden conducir a los equipos hasta hembras ocultas. Una campaña de 2019 encontró indicios genéticos de pitones en 25 de los 28 puntos analizados mediante 140 muestras de agua.
Conejos robóticos como señuelo
La estrategia más llamativa surgió después de un estudio de la Universidad de Florida que utilizó conejos domésticos vivos como reclamo. Los animales conseguían atraer a las serpientes hacia puntos concretos vigilados por cámaras y permitieron registrar 21 pitones, con una frecuencia aproximada de una detección semanal. El sistema demostraba que el comportamiento depredador podía aprovecharse para localizar ejemplares difíciles de encontrar, pero mantener conejos vivos sobre el terreno exigía demasiados recursos y planteaba problemas prácticos evidentes.
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Los investigadores decidieron sustituirlos por 40 conejos de peluche modificados. Tras retirar el relleno, incorporaron motores capaces de producir movimiento y vibraciones, elementos calefactores para imitar la temperatura corporal de un animal vivo y paneles solares que permiten mantener el sistema operativo en los Everglades. Una fase posterior contempla añadir señales olfativas semejantes a las de un conejo real. Paralelamente, se desarrolla un sistema de inteligencia artificial diseñado para reconocer cuándo una pitón se aproxima y avisar a los equipos encargados de capturarla.
“Queremos imitar todos los procesos de un conejo real”, explicó Robert McCleery, profesor del Departamento de Ecología y Conservación de la Vida Silvestre de la Universidad de Florida. El objetivo consiste en concentrar a las serpientes en lugares conocidos en vez de obligar a los especialistas a rastrear enormes extensiones de humedal. Mike Kirkland, biólogo especializado en animales invasores del sur de Florida, considera que esta clase de proyectos podría utilizarse en zonas de especial relevancia ecológica para “atraer a las pitones fuera de sus escondites y hacer que vengan hasta nosotros”.
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La eficacia definitiva de estos conejos robóticos todavía está por determinar. McCleery indicó que los datos del estudio no estarán disponibles hasta noviembre y los investigadores mantienen en secreto la ubicación de los dispositivos para evitar interferencias. Erradicar por completo la pitón birmana de Florida se considera extremadamente difícil, de modo que la estrategia actual busca reducir su abundancia y limitar su presión sobre la fauna autóctona. Los señuelos se suman así a los transmisores, el ADN ambiental, las cámaras y las capturas selectivas con un objetivo concreto: conseguir que vuelvan a aumentar las poblaciones de mamíferos que han desaparecido o se han desplomado en los Everglades.
La pitón birmana (Python bivittatus), una especie invasora que lleva décadas expandiéndose por los Everglades de Florida, se ha convertido en uno de los problemas ecológicos más difíciles de controlar en el sur de EEUU. Algunos ejemplares pueden alcanzar hasta 6 metros de longitud y alrededor de 90 kg, pero sus dimensiones son solo una parte del desafío. Detectarlas entre la vegetación y los humedales resulta complicado, por lo que investigadores y gestores de fauna están ensayando métodos capaces de hacer que sean las serpientes las que salgan de sus escondites.

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