La campaña presidencial se enfoca en el Cauca, un bastión de la izquierda que la derecha busca disputar

A dos meses de las votaciones a la Presidencia de la República, el departamento del Cauca, históricamente más asociado a las dinámicas del conflicto armado que a las disputas electorales, empezó a ganar visibilidad en la contienda. La cuna de la candidata uribista Paloma Valencia —quien disputa el segundo lugar en las más recientes encuestas e hizo presencia en la tradicional celebraicón de la semana santa de la capital del departamento, Popayán— y de la lideresa indígena Aída Quilcué, fórmula del puntero Iván Cepeda, es ahora también escenario de tensiones internas en la campaña del ultra Abelardo de la Espriella. El peso simbólico ha cobrado relevancia en esta contienda. Es uno de los departamentos con mayor diversidad étnica de Colombia, y tiene una agenda local atravesada por problemas de seguridad, gobernabilidad y pobreza.

La aparición de la uribista Valencia y de la izquierdista Quilcué en el tarjetón para el 31 de mayo recuerda un profundo contraste, la tensión histórica que enfrenta a quienes han concentrado el poder desde la colonial ciudad de Popayán con las comunidades que han vivido bajo su dominio. Quilcué es oriunda del montañoso municipio de Páez y fue la primera dirigente mujer del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), la organización étnica regional más significativa del país, que representa a las comunidades más vulneradas de Colombia. Valencia creció en la capital departamental, es nieta de un expresidente y biznieta de un fallido candidato presidencial, los dos conservadores, y proviene de las élites políticas y las viejas familias terratenientes de la que fuera una de las ciudades más ricas y poderosas de la Nueva Granada durante la colonia, pero ha pasado a ser una ciudad intermedia que medra a la sombra de la más industrial Cali.

En 2015, cuando Valencia apenas tomaba relevancia en la escena pública como senadora recién elegida del entonces nuevo partido Centro Democrático, propuso dividir el departamento. Su idea era convocar un referendo para trazar una frontera interna entre los territorios indígenas y los que llamó mestizos, con el argumento de que eso permitiría una mayor autonomía a los pueblos étnicos y reduciría las confrontaciones. La idea ubicó a Valencia, desconocida para muchos en ese momento, en el centro de una discusión profundamente racista y clasista.

El Cauca se ha convertido en la última década en un bastión electoral de una izquierda que ha pasado de ser pequeña a gobernar el país. En los comicios de 2022 fue una de las regiones donde la fórmula del veterano político Gustavo Petro y la lideresa afro Francia Márquez obtuvo algunos de sus resultados más altos: en segunda vuelta alcanzó el 79 % de los votos, con 516.614 apoyos. A esa victoria ayudó que la ahora vicepresidenta de Colombia también sea oriunda de esta región: nació, creció y su familia aún vive en el municipio de Suárez, un pequeño poblado sobre la cordillera occidental de Los Andes, que vive la guerra entre por lo menos tres grupos ilegales que disputan el control de las economías ilícitas.

El escenario caucano, en principio favorable para la fórmula de Cepeda – Quilcué, no ha pasado desapercibido para la derecha, que busca abrirse espacio y pellizcar votos en una región donde tradicionalmente ha tenido menor presencia electoral, y también debilitar. Esta semana, el columnista Yohir Ackerman reveló la renuncia del equipo de campaña del ultraderechista De la Espriella en el Cauca. Según la columna, la salida de los 11 miembros responde a desacuerdos con la conducción de la campaña desde la dirección nacional y a cuestionamientos sobre la estrategia en el territorio.

Uno de los nombres que más generó molestia en el grupo fue el de Andrés Nazarith Vidal, un afro de 33 años designado por De la Espriella como coordinador departamental, pues los demás consideraron una imposición centralista y cuestionaron su falta de trayectoria en las estructuras políticas de la región. El equipo nacional emitió este lunes un comunicado en el que defienden el nombramiento y aseguran que la renuncia revela prácticas racistas y clasistas por loa salientes colaboradores.

El episodio, que parece menor, dejó al descubierto no solo las fracturas internas de esa campaña, sino también las dificultades de las candidaturas para adaptarse a las dinámicas políticas del Cauca, un departamento en el que pesan fuertemente las trayectorias comunitarias, los liderazgos locales y las redes organizativas que no siempre responden a las lógicas de los partidos nacionales. En ese panorama, el departamento de 1,6 millones de habitantes, un 3% de la nacional, se perfila como un escenario retador para que las candidaturas construyan legitimidad, en buena medida por las agendas cruzadas entre los liderazgos indígenas, los afro, los campesinos y los habitantes urbanos.

Quilcué, que acompañó al sonado acto en plaza pública Cepeda este fin de semana en Medellín, ha comenzado sus recorridos en su natal Cauca esta semana y prepara nuevos actos de campaña. Así, la izquierda busca sostener con liderazgo local los respaldos que viene construyendo, mientras la derecha intenta abrirse espacio en medio de tensiones internas y resistencias locales. Lo que ocurra allí en las próximas semanas no solo medirá las fuerzas políticas, sino también hasta qué punto las campañas logran traducir sus apuestas nacionales en apoyos concretos en uno de los departamentos más complejos del país.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *