Astrónomos europeos reciben la señal de un objeto en movimiento ubicado a 25.700M de km de la Tierra

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Una señal extremadamente débil ha conseguido atravesar una distancia difícil de imaginar antes de ser registrada por un radiotelescopio terrestre. La detección no procede de una de las grandes instalaciones de la NASA, sino de un observatorio operado con participación de radioaficionados en el noreste de Países Bajos. El equipo tuvo que enfrentarse a una frecuencia para la que la antena ni siquiera había sido diseñada originalmente. Tras corregir los efectos provocados por el movimiento entre la Tierra y el emisor, los investigadores comprobaron que aquella pequeña marca escondida entre el ruido tenía un origen muy concreto.

El objeto era la Voyager 1, la histórica sonda de la NASA que continúa alejándose del sistema solar después de casi medio siglo de viaje. Astrónomos vinculados al grupo AMSAT lograron captar su señal mediante el Radiotelescopio de Dwingeloo, situado en Países Bajos, cuando la nave se encontraba a más de 25.700 millones de kilómetros de la Tierra. La distancia ronda actualmente las 171 unidades astronómicas, tomando como referencia que una unidad astronómica corresponde a la distancia media entre nuestro planeta y el Sol.


La dificultad no depende únicamente de la distancia. La Voyager 1 transmite telemetría a 8,4 GHz, una frecuencia superior a aquellas para las que fue concebido originalmente el radiotelescopio neerlandés, por lo que fue necesario instalar una nueva antena. A esas frecuencias, la malla de la gran parábola refleja peor la señal y complica todavía más la recepción. El equipo utilizó las predicciones orbitales de la sonda para corregir el desplazamiento Doppler provocado tanto por el movimiento de la Tierra como por el de la propia nave, una técnica que permitió distinguir en directo la señal portadora del ruido.

Una señal casi enterrada en el ruido

La hazaña adquiere otra dimensión al comparar la potencia recibida con la de dispositivos cotidianos. Según explica la NASA, la energía de la señal de Voyager que alcanza una antena terrestre puede situarse alrededor de 10 elevado a -16 vatios. Un reloj digital moderno funciona con una potencia aproximadamente 20.000 millones de veces superior. Esa debilidad obliga habitualmente a recurrir a las enormes antenas de la Deep Space Network, la infraestructura con la que la agencia estadounidense mantiene el contacto con sus misiones más lejanas.

El grupo de radioaficionados ya había localizado anteriormente a la nave, aunque las condiciones eran muy diferentes. En 2006, cuando consiguieron detectarla, la Voyager 1 se encontraba a unos 14.700 millones de kilómetros, muy por debajo de la distancia actual. Thomas Telkamp, voluntario del histórico radiotelescopio de Dwingeloo, explicó que durante todos estos años la sonda ha seguido recorriendo una enorme distancia y que, como consecuencia, la señal recibida ahora resulta considerablemente más débil. Pese a utilizar una instalación mucho menor que las antenas de la NASA, el equipo ha conseguido situar a Dwingeloo entre los pocos radiotelescopios terrestres capaces de recibir una transmisión procedente de Voyager 1.

Voyager 1 se acerca a otro récord

La sonda se encamina además hacia una referencia inédita para un objeto construido por el ser humano. El próximo 13 de noviembre está previsto que alcance una distancia equivalente a un día luz de la Tierra. A partir de ese momento, cualquier señal enviada desde nuestro planeta necesitará aproximadamente un día completo para llegar hasta la nave, y otro tanto para que una eventual respuesta regrese. Ese retraso ilustra mejor que cualquier cifra la separación acumulada desde que las sondas Voyager fueron lanzadas en 1977.

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La foto 'Pale Blue Dot' — el punto pálido azul que es la Tierra — tomada por el Voyager 1 en su viaje hacia el exterior del sistema solar el 14 de febrero de 1990 (NASA/JPL)

La foto ‘Pale Blue Dot’ — el punto pálido azul que es la Tierra — tomada por el Voyager 1 en su viaje hacia el exterior del sistema solar el 14 de febrero de 1990 (NASA/JPL)

La longevidad de Voyager 1 también está obligando a administrar unos recursos cada vez más limitados. La reducción del combustible y de la energía disponible ha llevado a la NASA a apagar instrumentos científicos para mantener operativos otros sistemas, mientras que algunos fallos técnicos ya han obligado a buscar soluciones poco habituales. En octubre de 2024, por ejemplo, la agencia recurrió temporalmente a un transmisor que llevaba sin utilizarse desde 1981 después de que el principal dejara de funcionar correctamente. La misión se aproxima así a sus últimos años operativos: con la energía disponible disminuyendo, se espera que la nave termine apagándose de forma permanente durante la década de 2030.

Una señal extremadamente débil ha conseguido atravesar una distancia difícil de imaginar antes de ser registrada por un radiotelescopio terrestre. La detección no procede de una de las grandes instalaciones de la NASA, sino de un observatorio operado con participación de radioaficionados en el noreste de Países Bajos. El equipo tuvo que enfrentarse a una frecuencia para la que la antena ni siquiera había sido diseñada originalmente. Tras corregir los efectos provocados por el movimiento entre la Tierra y el emisor, los investigadores comprobaron que aquella pequeña marca escondida entre el ruido tenía un origen muy concreto.

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