Ajolotes, candelabros y polvo: quedan 14 días para maquillar el Metro rumbo al Mundial

El polvo, el ruido y el caos dominan hoy el Metro de Ciudad de México. La rehabilitación, que comenzó apenas en febrero, avanza a marchas forzadas mientras obliga a los usuarios a convivir con el olor a pintura fresca y a los trabajadores a maniobrar entre pasajeros para poder hacer sus tareas. A 14 días de la inauguración del Mundial en el Estadio Azteca, las estaciones lucen todavía en obra negra, con paredes abiertas, techos descubiertos y escaleras desmontadas. Entre todas las cosas que molestan a Reina Jiménez, de 27 años, de las obras apresuradas con las que ha convivido cada día de los últimos tres meses, hay una que destaca: “La falta de planeación”.

Muchos de los visitantes que usarán el Metro durante el Mundial probablemente viajarán en la Línea 2, que conecta el centro de la ciudad con Taxqueña, en el sur, rumbo al Estadio Azteca. EL PAÍS inició el recorrido este jueves en la estación Hidalgo, que ha captado la atención en la última semana porque se instalaron faroles y candelabros como iluminación. El director del Metro, Adrián Rubalcava, quiso sumarse a la tendencia en redes sociales con una selfie frente a una lámpara de araña colocada sobre unas escaleras. “Estoy supervisando las obras de Línea 2 y al llegar a Hidalgo… Sí dan ganas de hablar francés”, bromeó en X. La escena ha dejado memes, pero también molestia entre quienes usan el sistema todos los días. “Se ve curioso, pero más allá de la risa, la verdad es una burla esto”, dice Ximena Ramírez, mientras camina entre cubetas y materiales de construcción.

En las siguientes estaciones subterráneas de la línea —Bellas Artes, Allende y Pino Suárez— el polvo es lo que más cala a los usuarios. Algunos se cubren nariz y boca con las mangas, otros ocultan el rostro bajo la ropa y los más precavidos se colocan lentes y mascarillas antes de entrar. Las máquinas cortan metal y perforan el concreto a pocos metros de donde pasan miles de personas cada hora. Quienes viajan diariamente en esta línea se dicen agotados. “Deberían trabajar por las noches. No es posible que nos tengan así”, dice María José Rivera. “Atrasan a uno y parece que no saben ni qué están haciendo. No se ve para cuándo”, reclama Ulises Díaz. Frente a los torniquetes de Pino Suárez trabaja Miriam Hernández, de 30 años, que limpia una y otra vez con un trapo las bolsas de papas, bombones y dulces que vende en un pequeño comercio. “Las ventas sí se han visto afectadas”, dice. “¿Quién va a querer comprar con todo el polverío?”.

Jesús Torres Chávez, de 57 años, camina con ayuda de bastones ortopédicos por las secuelas de un accidente automovilístico. Espera el único elevador que funciona en Bellas Artes mientras señala las escaleras eléctricas detenidas. “Me han afectado las obras sobre todo por el bajo mantenimiento de las escaleras y las estaciones donde no funcionan los elevadores. Me tengo que salir más temprano”, cuenta. “Considero que es puro maquillaje y realmente el servicio sigue siendo muy deficiente. Los trenes están muy lentos y no hay mantenimiento”, reclama.

Cuando el Metro sale al tramo exterior, la tierra se dispersa más fácilmente, pero el ruido aumenta porque se mezcla con las obras también inconclusas sobre Calzada de Tlalpan. En Viaducto, una de las estaciones más retrasadas, el acceso se reduce a un pequeño pasillo donde trabajadores y usuarios hacen malabares para pasar. Hay que subir y bajar por una misma escalera eléctrica detenida, mientras obreros cargan cubetas, varillas y costales. Con casco y chaleco naranja, Angélica Luz, de 38 años, trabaja allí de 8.00 a 18.00 horas. “A las mujeres nos ponen a hacer de todo: ‘Mueve aquí, mueve allá’. Barrer, llevar cosas”, dice. “Tenemos dos semanas para acabar. El 11 de junio es la meta que nos dieron”. Esa es la fecha de la inauguración del Mundial y del primero de los cinco partidos que se jugarán en la capital. Según las autoridades capitalinas, las renovaciones deberían concluir días antes, el 7 de junio.

El convoy no se detiene este jueves en Zócalo, Villa de Cortés y Nativitas, que permanecen completamente cerradas. Al pasar frente a ellas, el atraso de las remodelaciones en los andenes vacíos es evidente. Al final de la línea aparece Taxqueña, también rodeada de obras. Ahí conecta el Tren Ligero, el otro transporte clave para movilizar a los aficionados rumbo al Estadio Azteca.

Ese sistema, que traslada diariamente a miles de habitantes de Xochimilco, “está listo al 94%”, asegura su gerente, Diego Álvarez. El resto de ajustes, como el reemplazo de algunas vías, tendrá que esperar hasta después del Mundial. “El Ajolote”, el nuevo tren bautizado así por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, fue inaugurado el pasado 11 de mayo. Ese día Brugada también acuñó el término “ajolotización”, con el que se refiere a los retoques de pintar de morado gran parte de la infraestructura pública e incorporar figuras de ajolotes por toda la ciudad.

Luego de ocho estaciones en un viaje con calma que contrasta completamente con el del Metro, aparece finalmente el Coloso de Santa Úrsula. La estación Estadio Azteca, destino de miles de aficionados durante el Mundial y el escenario de la inauguración del torneo, también continúa con trabajadores afinando detalles en los accesos, a pesar de haber sido dada por terminada hace más de dos semanas. Así, con obras apresuradas a costa de los chilangos, Ciudad de México se maquilla antes del primer silbatazo.

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