Un antiguo iceberg antártico 6 veces más grande que Madrid se está volviendo azul y la NASA está preocupada

Written by

in

El iceberg A-23A, uno de los bloques de hielo más grandes y longevos observados en la Antártida, ha mostrado una imagen poco habitual desde el espacio. Las fotografías obtenidas por el satélite Terra de la NASA revelaron extensas zonas azules sobre su superficie mientras avanzaba por el Atlántico Sur. El fenómeno apareció casi 40 años después de que se separase de la plataforma de hielo Filchner. Su aspecto ofrece a los científicos una radiografía visible del profundo deterioro que ha sufrido durante su largo recorrido.

La historia del A-23A comenzó en 1986, cuando se desprendió de la Antártida con una superficie cercana a los 4.000 kilómetros cuadrados, un tamaño equivalente a más de seis veces Madrid según la comparación planteada. El gigantesco bloque quedó después encallado durante más de 30 años en las aguas poco profundas del mar de Weddell. No recuperó su movilidad hasta 2020, cuando comenzó una trayectoria que acabaría conduciéndolo hacia regiones oceánicas progresivamente más templadas.


El cambio más llamativo quedó registrado el 26 de diciembre de 2025 por el instrumento MODIS del satélite Terra. Las imágenes difundidas por el Observatorio de la Tierra de la NASA mostraban grandes acumulaciones de agua de deshielo de color azul repartidas sobre el iceberg. Un astronauta de la Estación Espacial Internacional volvió a fotografiarlo al día siguiente y captó una superficie todavía más cubierta de agua. Para entonces, el hielo había perdido buena parte de las dimensiones que tenía cuando abandonó la Antártida.

El agua abre las grietas

Las zonas descritas por los investigadores como una especie de masa azul saturada de agua son consecuencia del proceso de fusión y de la progresiva fragmentación del hielo. Ted Scambos, investigador de la Universidad de Colorado Boulder, explicó el mecanismo: “Tienes el peso del agua asentado dentro de las grietas del hielo y obligándolas a abrirse“. Esa presión puede ampliar las fracturas internas y comprometer la estabilidad de un bloque ya debilitado. Las imágenes también muestran una fina franja blanca alrededor del perímetro que parece contener temporalmente parte del agua acumulada.

placeholder
Imagen más cercana del iceberg A-23A, en la cual se aprecia claramente el color azul (NASA)

Imagen más cercana del iceberg A-23A, en la cual se aprecia claramente el color azul (NASA)

Las bandas azules y blancas que atraviesan el A-23A tienen, además, un origen mucho más antiguo que el deshielo actual. Según Walt Meier, investigador del National Snow & Ice Data Center, proceden de estrías creadas hace cientos de años, cuando aquel hielo todavía formaba parte de un glaciar que avanzaba sobre el lecho rocoso antártico. Esas antiguas irregularidades dejaron pequeñas crestas y depresiones capaces de dirigir ahora el recorrido del agua. Su conservación permite observar desde el espacio huellas formadas mucho antes de que el iceberg comenzara su viaje.

Otra señal llamó especialmente la atención de los científicos: una zona blanca situada junto al iceberg podría corresponder a un blowout, una especie de reventón provocado por la presión del agua. Chris Shuman, científico retirado de la Universidad de Maryland Baltimore County, explicó que la acumulación en la parte superior habría generado suficiente presión para atravesar el hielo cerca de los bordes. El agua dulce pudo caer entonces decenas de metros hasta alcanzar el océano. Allí habría formado una pluma de descarga mezclada con numerosos fragmentos de hielo desprendidos del A-23A.

Una superficie cada vez menor

El deterioro fue especialmente intenso durante 2025, cuando el A-23A perdió varios fragmentos de gran tamaño entre julio y septiembre. Los cálculos del Centro Nacional de Hielo de EEUU situaban su superficie en unos 1.182 kilómetros cuadrados a principios de año, frente a los aproximadamente 4.000 kilómetros cuadrados que tenía originalmente. Aun después de esa reducción seguía figurando entre los mayores icebergs presentes en el océano. Los expertos citados por la NASA consideraban entonces que las balsas de agua, las fracturas y las fugas eran señales de que su estructura estaba llegando a una fase crítica.

TE PUEDE INTERESAR

Su recorrido también ha sido excepcionalmente largo: después de quedar atrapado durante décadas, pasó meses girando dentro de un vórtice oceánico conocido como columna de Taylor, se aproximó a la isla de Georgia del Sur y volvió a quedar temporalmente retenido en aguas poco profundas. Cuando finalmente escapó hacia mar abierto, comenzó a fragmentarse con rapidez mientras las corrientes lo empujaban hacia aguas más cálidas.

El iceberg A-23A, uno de los bloques de hielo más grandes y longevos observados en la Antártida, ha mostrado una imagen poco habitual desde el espacio. Las fotografías obtenidas por el satélite Terra de la NASA revelaron extensas zonas azules sobre su superficie mientras avanzaba por el Atlántico Sur. El fenómeno apareció casi 40 años después de que se separase de la plataforma de hielo Filchner. Su aspecto ofrece a los científicos una radiografía visible del profundo deterioro que ha sufrido durante su largo recorrido.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *