La amarga conquista espacial de Musk: Starship llega a órbita pero explota al amerizar en el Pacífico

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Elon Musk tiene entre ceja y ceja llevar al hombre a Marte. El planeta rojo todavía le queda lejos, pero este lunes ha dado un paso en la dirección correcta. Starship, la enorme nave de acero inoxidable con la que el fundador de SpaceX quiere completar su misión, ha conseguido por primera vez entrar y permanecer en la órbita terrestre. Es un gran salto que la compañía lleva meses preparando y casi todo ha salido a pedir de boca. Sin embargo, el hombre más rico del mundo se ha tenido que conformar con una victoria a medias. Después de alcanzar la órbita, desplegar 26 satélites para engordar la constelación de Starlink y completar la maniobra de regreso, la nave terminó explotando y volando por los aires al tratar de posarse en el océano Pacífico.

Este amargo final no empaña ni un ápice el gran mérito del vuelo 14. Impulsada por 33 motores del cohete Super Heavy, logró ir más allá de donde había llegado jamás. En las pruebas anteriores, la Starship había sido capaz de alcanzar el espacio y lograr alturas suborbitales. Esta vez la nave tenía que acelerar más para superar la atmósfera y convertirse, por primera vez, en un objeto que diese vueltas alrededor de la Tierra. Las cifras hablan por sí solas. Alcanzó una velocidad de casi 26.400 kilómetros por hora para lograrlo para alcanzar unos 276 kilómetros de altitud.

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Hubo un momento en el que los responsables de este lanzamiento se plantearon abortar la conocida como inserción orbital. El motivo es que uno de los seis motores de Starship se apagó antes de tiempo. Tras revisar los datos, los ingenieros comprobaron que aún había suficiente redundancia y dieron luz verde al encendido.

Este test no era un simple examen para la Starship. En esta ocasión, llevaba faena de verdad. En la bodega, la nave cargaba 26 satélites de tercera generación para engordar su servicio de internet Starlink. Se fueron colocando uno a uno mientras completaba su viaje orbital.

Tres de estos satélites están equipados con cámaras que han fotografiado el escudo térmico y el fuselaje, para obtener más información y resolver uno de los grandes retos que tiene Musk para convertir Starship en una nave realmente reutilizable. No basta con llegar hasta allí arriba. El verdadero desafío es conseguir que vuelva entera y pueda hacerlo otra vez.


Es aquí donde llegó la parte amarga. SpaceX tenía en mente que la misión diese seis vueltas a la Tierra, durante aproximadamente diez horas. En pleno vuelo tuvo que improvisar y recortar. Cuando apenas se habían cumplido dos horas y diez minutos, Starship se giró y volvió a encender uno de sus motores con el fin de frenar la trayectoria y abandonar la órbita. La maniobra salió bien y empezó su descenso hacia el Pacífico. La nave pasó entonces otro momento crítico, la reentrada en la atmósfera terrestre. Fue justo al final, cuando alcanzó el punto de aterrizaje frente a las costas de Chile, cuando todo pasó. La nave se llegó a posar sobre el océano. Durante unos segundos, parecía que la victoría era completa. Pero Starship se ladeó y explotó.

El objetivo orbital se cumplió. La recuperación, no. La explosión no borra la victoria, pero da una foto real de dónde se encuentra el programa. Starship ya sabe hacer algo que hasta este lunes nunca había conseguido, entrar en órbita, desplegar una carga útil y regresar de forma controlada. Lo que todavía no sabe hacer es convertir toda esa secuencia en una rutina. Ese es precisamente el corazón del proyecto de Musk. SpaceX persigue una máquina que pueda repetir el proceso una y otra vez, sobrevivir a la reentrada, aterrizar, ser recuperada y volver a despegar. Como si fuera un avión que opera vuelos intercontinentales, que llega a destino, se revisa y en unas horas está cruzando el charco de nuevo.

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El siguiente paso será todavía más ambicioso, intentar que Starship regrese hasta Starbase y sea atrapada por los enormes brazos mecánicos de la torre. Musk lleva años hablando de Marte, pero el camino hasta allí pasa primero por resolver problemas mucho más cercanos.

Elon Musk tiene entre ceja y ceja llevar al hombre a Marte. El planeta rojo todavía le queda lejos, pero este lunes ha dado un paso en la dirección correcta. Starship, la enorme nave de acero inoxidable con la que el fundador de SpaceX quiere completar su misión, ha conseguido por primera vez entrar y permanecer en la órbita terrestre. Es un gran salto que la compañía lleva meses preparando y casi todo ha salido a pedir de boca. Sin embargo, el hombre más rico del mundo se ha tenido que conformar con una victoria a medias. Después de alcanzar la órbita, desplegar 26 satélites para engordar la constelación de Starlink y completar la maniobra de regreso, la nave terminó explotando y volando por los aires al tratar de posarse en el océano Pacífico.

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