Una matemática simula los próximos 1.000 años de la humanidad y descubre lo único que podría salvar a la civilización del colapso

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Una simulación matemática sobre los próximos 1.000 años de la humanidad ha explorado qué condiciones permitirían a una civilización tecnológica mantenerse activa frente a crisis ambientales, escasez de recursos o fallos tecnológicos. El trabajo, dirigido por la matemática Celia Blanco y publicado como preprint en arXiv, no pretende anticipar el futuro de la Tierra, sino estudiar cómo distintas formas de organización pueden alterar la supervivencia de sociedades avanzadas. La investigación conecta este problema con la paradoja de Fermi, la conocida pregunta sobre por qué todavía no hemos detectado otras civilizaciones inteligentes pese a la enorme extensión y antigüedad del universo.

Los investigadores plantean una posibilidad distinta a la desaparición definitiva: una civilización podría atravesar repetidamente etapas de expansión tecnológica, crisis, recuperación y nuevos periodos de desarrollo. Bajo esa hipótesis, el silencio cósmico no exigiría necesariamente que la inteligencia fuese excepcionalmente rara. Bastaría con que las sociedades tecnológicas permanecieran detectables durante intervalos relativamente breves. Para estudiar esta idea, el equipo construyó 10 escenarios de civilización con diferentes niveles de recursos, gobernanza, presión ambiental y capacidad para recuperarse después de una catástrofe.

Diez futuros posibles

Cada escenario fue sometido a 200 simulaciones que cubrían un horizonte de 1.000 años. Las sociedades podían continuar desarrollándose hasta agotar determinados recursos o sufrir un riesgo existencial generado de forma aleatoria, como una catástrofe ambiental o un fallo tecnológico. Después del colapso, algunas tenían capacidad para reconstruirse dependiendo de la tecnología, las infraestructuras y los recursos que hubiesen sobrevivido. Los autores utilizaron una medida denominada duty cycle, que representa la proporción del tiempo durante el cual una civilización conserva un nivel tecnológico suficientemente elevado como para permanecer activa.


Los resultados muestran comportamientos muy diferentes. Los escenarios denominados Golden Age y Out of Eden (Edad de Oro y Fuera del Edén) consiguieron completar las simulaciones sin experimentar colapsos, mientras que siete de los diez modelos terminaron cayendo en todas las ejecuciones realizadas. Otros futuros alternaron repetidamente crisis y reconstrucciones. Living with the Land (Vivir con la Tierra), una sociedad limitada por fuertes restricciones ecológicas, permaneció tecnológicamente activa alrededor del 38% del periodo simulado. Ouroboros, un modelo jerárquico que encadenaba expansión, colapso y recuperación, alcanzó aproximadamente un 87%.

La clave está en los recursos

El análisis permitió identificar dos variables especialmente sensibles: la velocidad a la que una sociedad consume sus recursos y la cantidad de recursos que conserva o recupera tras una crisis. Cambios relativamente pequeños alrededor de determinados umbrales provocaron diferencias importantes en la capacidad de una civilización para mantenerse activa durante largos periodos. A partir de esos resultados, los autores apuntan hacia estrategias como reducir el consumo, proteger conocimientos esenciales y diseñar infraestructuras distribuidas que faciliten una eventual reconstrucción. También plantean repositorios con información sobre agricultura, medicina, energía o comunicaciones, siguiendo una filosofía similar a la de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard.

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La investigación tiene límites importantes. El modelo parte de sociedades inspiradas en la experiencia humana, supone un crecimiento tecnológico lineal y utiliza tasas de agotamiento de recursos previamente fijadas. Sus autores reconocen que una hipotética civilización extraterrestre podría organizarse de formas completamente diferentes y que el estudio todavía no ha pasado por revisión por pares. Tampoco demuestra que la humanidad vaya a sufrir un colapso ni permite predecir cuándo podría producirse. Su aportación consiste en mostrar que la continuidad tecnológica podría depender menos de evitar cualquier crisis que de conservar suficientes recursos, conocimientos e infraestructuras para recuperarse cuando una crisis llegue.

Una simulación matemática sobre los próximos 1.000 años de la humanidad ha explorado qué condiciones permitirían a una civilización tecnológica mantenerse activa frente a crisis ambientales, escasez de recursos o fallos tecnológicos. El trabajo, dirigido por la matemática Celia Blanco y publicado como preprint en arXiv, no pretende anticipar el futuro de la Tierra, sino estudiar cómo distintas formas de organización pueden alterar la supervivencia de sociedades avanzadas. La investigación conecta este problema con la paradoja de Fermi, la conocida pregunta sobre por qué todavía no hemos detectado otras civilizaciones inteligentes pese a la enorme extensión y antigüedad del universo.

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