Trump y Xi comparten risas ante el retrato de un bolígrafo automático que representa a Joe Biden

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Para Donald Trump las apariencias lo son casi todo. Bien podría dar fe Volodímir Zelenski, a quien el mandatario estadounidense reprochó que vistiera uniforme militar durante su primera y tensa reunión en 2025. O su secretario de Estado, Marco Rubio, y su vicepresidente JD Vance, a quienes un día decidió regalar unos zapatos Florsheim de 145 dólares después de considerar —según una anécdota recogida por el Wall Street Journal— que los suyos “eran una mierda”.

Esta obsesión por la estética, sin embargo, trasciende lo personal. Impregna también sus mensajes políticos (como sus vídeos hechos con inteligencia artificial publicados en redes sociales) y la remodelación del Salón de Baile de una Casa Blanca que comenzó a redecorar a su gusto nada más regresar al poder. De ahí que no sea de extrañar que en una visita de Estado de calado, como la del presidente chino Xi Jinping celebrada esta semana, el republicano haya decidido mostrarle algunos de sus cambios favoritos.

Concretamente, el presidente de EE UU le enseñó el jueves a su homólogo chino el “Paseo de la fama”, como se conoce al corredor instalado en el Ala Oeste en el que se exhiben los retratos de todos los presidentes del país, desde George Washington hasta la actualidad. Todos, menos el de Joe Biden, a quien Trump retiró para sustituir por la fotografía de un bolígrafo automático.

Y es que desde su regreso al poder, Trump ha insistido en que su antecesor sufría un grave deterioro cognitivo y que documentos importantes firmados durante su mandato fueron rubricados usando un bolígrafo automático. El demócrata siempre ha negado esta teoría, algo que no ha impedido que Trump se jacte de su idea y haya decidido mostrárselo a Xi en un encuentro caracterizado por la buena sintonía entre los líderes, principales rivales económicos y sumergidos en una disputa arancelaria. La respuesta de Xi fue, como era de espera, reírse.

“Este es Trump y este es el bolígrafo automático; es Biden”, le dijo el presidente estadounidense a Xi, quien emitió una breve carcajada junto con el equipo que los acompañaba, según un vídeo compartido en redes sociales por la Casa Blanca. Xi y Biden se reunieron en tres ocasiones durante la presidencia del demócrata (2021-2025), un período marcado por recurrentes tensiones bilaterales en el que la Casa Blanca identificó a China como su principal rival estratégico.

Esta anécdota refleja la sintonía que comparten ambos líderes, que han buscado el acercamiento personal a pesar de las crecientes tensiones entre las dos mayores potencias mundiales por la guerra arancelaria, el conflicto en Irán, la competencia por la inteligencia artificial y las discrepancias sobre el futuro de Taiwán, territorio autónomo que Pekín reclama como suyo y con el que Washington mantiene un acuerdo de defensa.

La cumbre ha destacado más por los gestos y las buenas palabras que por la firma de grandes acuerdos, al margen de la prórroga de la tregua arancelaria hasta enero que anunció el miércoles el secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent. Ocurrió apenas un día antes de que Trump, en un gesto nada habitual, acudiera a recibir a su homólogo a pie de pista tras bajar del avión.

Por su parte, Xi, en la que ha sido su primera visita de Estado a Washington en más de una década, puso el acento en la necesidad de preservar una “estabilidad estratégica” entre ambas superpotencias, un concepto que viene empleando desde la visita de Trump a Pekín el pasado mayo, cuando mantuvieron su último cara a cara.

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