Podría decirse que los emprendimientos digitales en Colombia tuvieron su mayor auge entre 2013 y 2016: todos en esa industria querían crear la startup que los convirtiera en el Mark Zuckerberg colombiano. Según el Ministerio de las TIC, a diciembre de 2016 el programa Apps.co del Gobierno había registrado 75.400 negocios de base tecnológica en el país. Unos pocos lograron consolidarse, pero ninguno como Nicolás Rojas (Bogotá, 31 años), un bogotano que hoy dirige dos empresas de software: Imagine Apps, con el 70% de sus clientes en el mercado internacional, y Dapta, una plataforma de automatización impulsada por inteligencia artificial, que ya trabaja con más de 30.000 firmas en 37 países.
No solo lo mueve romper techos, sino demostrar que el talento colombiano no tiene nada que envidiarle al de Silicon Valley. “Nos falta creérnosla, pero somos más profesionales, trabajamos más; simplemente nos ha faltado canalizar ese potencial”, dice. Comparte sus logros y derrotas para inspirar a los más jóvenes en sus redes sociales, donde tiene una sólida comunidad de más de 100.000 seguidores en plataformas como TikTok, LinkedIn e Instagram.
Todo empezó, dice, “por pura casualidad”. Era un adolescente cuando tomó en el colegio una clase de HTML y, poco después, un conocido le preguntó si sabía de alguien que hiciera páginas web. “Fue ciento por ciento coincidencia. Yo dije: ‘¡Hagámosle!”, recuerda. Días después la entregó nervioso: durante casi un año temió que el sitio en internet se dañara o que le pidieran el dinero de vuelta. Pero no pasó nada de eso y, al contrario, funcionó muy bien. El voz a voz y la capacidad comercial que heredó de su padre, Luis, hicieron el resto. “Se convirtió en una bola de nieve”, asegura.
A los 17 años, ya con varios clientes, decidió formalizar las cosas con la ayuda de su amigo David Lancheros. Una tarde de 2012 se bajó del bus del colegio frente a la Cámara de Comercio de la calle 140 en Bogotá; preguntó cómo se creaba una empresa, hizo la fila y firmó los papeles. Así nació, en su versión más embrionaria, Imagine Apps.
El primer gran bum llegó en 2014, con el Mundial de Brasil. En un solo fin de semana, con apenas 100.000 pesos en pauta de Instagram, lanzó MundiApp, una aplicación para organizar las láminas repetidas y faltantes del álbum Panini. Publicada antes que la de la propia marca, a los 45 días ya era la plataforma deportiva más descargada del mundo, con 1,7 millones de usuarios. De ese modo, dice Rojas, logró su primer “techo roto”.
Luego, en 2016, viajó a Reino Unido a trabajar para una sociedad británica de turismo. Allí, en eventos de tecnología, conoció a colombianos que laboraban en Amazon, Meta y Google. Ellos, afirma el emprendedor, “se habían ido del país por falta de oportunidades”. Esa experiencia le confirmó que Colombia tiene talento de primer nivel, y le dio un propósito nuevo: construir una compañía de software con ADN colombiano capaz de retener esa mano de obra altamente calificada.
Con ello en mente, volvió en 2017, terminó Ingeniería Industrial y se enfocó de lleno en Imagine Apps, hasta consolidarla como la multinacional que existe hoy. “Fuimos a imprimir sus primeras tarjetas de presentación. Ahí me pregunté: ‘Dios mío, ¿en qué se está metiendo?”, recuerda su papá, actualmente gerente comercial de esa organización. Meses después, cuando Rojas le contó que había arrendado un espacio en WeWork, entendió que “eso de la empresa iba muy en serio”.
En 2018 llegó Gustavo Jiménez, su primer empleado. Con él comenzaron a aparecer más personas y más proyectos. Según registros de la compañía, a 2019 Imagine Apps había entregado más de 100 desarrollos digitales para organizaciones como Oracle, el PNUD y la Universidad de los Andes, además de una plataforma de seguridad ciudadana adoptada por más de 300 municipios colombianos. Todas estas actividades les permitieron superar el millón de dólares en facturación: otro techo roto.
La pandemia puso a prueba lo construido. Aunque en marzo de 2020 tuvo su mejor mes histórico, en abril los clientes empezaron a cancelar contratos y a congelar inversiones no esenciales, y las ventas cayeron de 215 a 40 millones de pesos. Rojas llegó a diseñar una decena de escenarios para evitar despidos. Sin embargo, las cosas mejoraron, y cerró el año con una facturación de 1.200 millones de pesos, su mejor cifra hasta entonces. Estos hitos lo llevaron a ganar en 2021 el Premio Nacional al Talento Joven, otorgado por la Presidencia de la República.
Pero con el crecimiento llegaron también los límites del modelo. Rojas se dio cuenta de que construir “el Globant colombiano” —una fábrica de desarrollo de software a gran escala— era, sobre todo, un negocio de capital y de relaciones, no de innovación. De hecho, los empresarios lo contactaban junto con otras tres o cuatro fábricas de software, y ganaba quien tuviera el mejor precio o los mejores contactos. Para diferenciarse, empezó a desarrollar herramientas internas, y una de ellas —una plataforma para integrar entre sí sistemas distintos— terminó con más potencial que la propia Imagine Apps.
En febrero de 2023 la convirtió en una empresa aparte: Dapta, un servicio de automatización en la nube impulsado por inteligencia artificial. Financiado con una inversión del acelerador 500 Global en México, hoy tiene 50 empleados, oficinas en Bogotá y en Phoenix (Arizona), y trabaja con más de 30.000 firmas en 37 países. Rojas dejó la operación diaria de Imagine Apps —aunque sigue siendo accionista— para dedicarse por completo a este nuevo proyecto.
Entre tanto, con 31 años y una actividad empresarial en ascenso constante, insiste en que no ha tenido que renunciar a vivir plenamente, aunque reconoce que sí ha sacrificado tiempo con amigos y familia. Eso sí: no baja el ritmo. Como dice Gustavo Jiménez, hoy ingeniero de soluciones en Dapta, “es una máquina, trabaja más que nadie”.

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