En una mezcla de inglés, francés y alemán, el primer ministro canadiense, Mark Carney, intervino ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo un día después de que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, planteara que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado”. El anuncio sorprendió al tratarse de una condición inédita en la historia de la Unión Europea.
El deterioro de las relaciones entre Canadá y Estados Unidos se ha intensificado desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump en enero de 2025. Tras el colapso de las negociaciones para renovar el acuerdo comercial durante el verano de 2026, la administración estadounidense impuso aranceles a los productos canadienses. En este contexto, Trump planteó la anexión de Canadá como el estado número 51, se refirió a Carney como “gobernador” y firmó una orden ejecutiva para rebautizar el lago Ontario como “lago América”.
La reacción de la Casa Blanca ante el anuncio en Estrasburgo fue inmediata: Trump calificó la propuesta europea de “ridícula” y advirtió de que, si considera la iniciativa como un “acto hostil”, responderá con “aranceles muy altos” o con la suspensión del comercio con Europa en varios sectores. Por su parte, Von der Leyen defendió el acercamiento argumentando que la Unión debe adaptarse a un escenario internacional abiertamente hostil, caracterizado por políticas de poder y relaciones diplomáticas fracturadas.
En la apertura de la sesión parlamentaria este jueves, la presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola, intervino para recalcar que Canadá es un aliado que comparte valores democráticos y el compromiso con el comercio justo. Metsola mencionó al sacrificio de las tropas canadienses en suelo europeo y aseguró al mandatario que la Eurocámara apoyará el proceso en cada etapa.
“La libertad hay que protegerla cada día”, dijo Carney en su turno de palabra, además de agradecer la disposición europea, respaldando la ambición de la propuesta. La denominación formal, ecplicó, independientemente de que sea “Alianza para el Futuro” o “membresía asociada”, es una cuestión que corresponde a Europa, ya que lo importante es la cooperación. Además, recordó que Canadá no solicita la adhesión como miembro de pleno derecho.
Carney sostuvo que los lazos transatlánticos van más allá del comercio y de los tratados firmados y recurrió al concepto químico adoptado por Goethe, la “afinidad electiva”, para describir la relación entre ambas economías, subrayando que la unión no depende únicamente de la geografía. Eso sí, recordó que Canadá y Dinamarca comparten una frontera de 3.000 kilómetros en el Ártico.
Durante su análisis económico, denunció que la integración y el comercio se están utilizando como herramientas de presión geopolítica mediante aranceles y restricciones financieras. También alertó sobre el papel de las plataformas tecnológicas globales, señalando que intentan fijar reglas, controlar datos, difundir desinformación y eludir regulaciones estatales.
Carney explicó la importancia de esta colaboración con una metáfora: ante un temporal, un árbol aislado se cae, mientras que en un bosque los árboles se sostienen entre sí gracias a la red que forman sus raíces. Defendió que la soberanía actual exige autonomía estratégica y resiliencia en áreas críticas que van más allá de la alimentación, la energía o la defensa tradicional, incluyendo el acceso seguro a la inteligencia artificial, los semiconductores, los minerales críticos, las tecnologías limpias, los sistemas de pago, las vacunas y el sector espacial.
Brechas estratégicas
El primer ministro enfatizó que ni Canadá ni la Unión Europea pueden cerrar de manera aislada sus brechas estratégicas, pero sí pueden lograrlo de forma conjunta. “No estamos proponiendo una tercera potencia mundial que tenga mejores modales. No buscamos ejercer presión sobre los otros”, sentenció. Y explicó que su objetivo es crear una resiliencia colectiva frente a “mecanismos financieros que se utilizan con fines de coacción”.
Así, detalló que Europa aporta capacidad industrial, investigación, desarrollo de normas y una base industrial de defensa en reconstrucción, mientras que Canadá contribuye con recursos energéticos, minerales críticos, desarrollo en inteligencia artificial, computación cuántica, un sistema bancario sólido y capital de pensiones especializado.
Carney indicó que esta nueva etapa se construirá sobre los cimientos del acuerdo comercial CETA, pero admitió que todavía queda un largo camino. El proyecto de alianza se someterá a debate y votación en el Parlamento canadiense, aunque explicó que las encuestas de opinión muestran un apoyo amplio de la ciudadanía canadiense a un estrechamiento de relaciones con Europa. Los detalles finales de esta asociación se definirán en la cumbre bilateral entre la Unión Europea y Canadá fijada para finales de octubre.
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