Hace 27.000 años, un volcán selló una cueva de 18,5 km en Tenerife: ahora en su interior viven 190 especies únicas

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Hace unos 27.000 años, una erupción volcánica en Tenerife creó bajo la superficie uno de los mayores tubos de lava conocidos de Europa. Se trata de la Cueva del Viento, en Icod de los Vinos, un entramado que alcanza 18,5 km topografiados y que ha terminado funcionando como refugio para una biodiversidad extraordinaria. Un estudio de Pedro Oromí y Sergio Socorro, publicado en la revista científica Diversity, catalogó en este sistema subterráneo 190 especies de plantas, animales y hongos, algunas adaptadas hasta tal punto a la oscuridad que ya no podrían vivir fuera de este entorno.

El origen de esta enorme cavidad se encuentra en una colada de lava basáltica procedente de Pico Viejo. Mientras el material volcánico avanzaba hacia cotas inferiores, su superficie entró en contacto con el aire y comenzó a solidificarse, formando una cubierta rígida. La lava del interior continuó circulando hasta que el flujo terminó por vaciarse, dejando detrás una extensa red de conductos huecos. El resultado es un tubo volcánico distribuido en tres niveles superpuestos, con galerías que se comunican entre sí y varias bocas de acceso.


La estructura actual reúne cavidades conocidas como Belén, el Sobrado, las Breveritas y los Piquetes, además de siete entradas documentadas. El nombre de Cueva del Viento procede precisamente de las corrientes de aire que atraviesan algunos de sus pasadizos debido a las diferencias de presión y temperatura entre las distintas aperturas al exterior. Sus características geológicas han llevado también a desarrollar protocolos específicos de conservación y seguridad, apoyados en estudios geotécnicos y técnicas geoespaciales para vigilar un sistema volcánico de gran complejidad.

Un ecosistema adaptado a la oscuridad

La verdadera singularidad aparece cuando se observa lo que vive dentro. De las 190 especies catalogadas en la Cueva del Viento, 44 son troglobias, organismos cuya evolución está estrechamente vinculada a la vida permanente en cavidades subterráneas. Al menos 15 especies eran nuevas para la ciencia cuando fueron estudiadas. Entre ellas figuran animales como la cucaracha ciega Loboptera subterranea y los escarabajos Domene vulcanica y Wolltinerfia martini, ejemplos de cómo el aislamiento puede transformar profundamente la anatomía y el comportamiento.

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La falta casi total de luz y la escasez de alimento han favorecido cambios muy concretos. Algunas de estas especies han perdido los ojos, las alas o parte de su pigmentación, mientras que su metabolismo se ha ralentizado para reducir el consumo de energía. A cambio, presentan estructuras sensoriales especialmente desarrolladas, como antenas capaces de detectar con gran precisión estímulos táctiles y químicos. La Cueva del Viento forma parte de un fenómeno más amplio: las cuevas volcánicas de Canarias albergan cerca de 130 especies troglobias descritas, muchas de ellas endémicas del archipiélago.

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El interior de la cueva conserva también huellas de otra historia. Sus galerías han proporcionado restos vinculados a enterramientos guanches y materiales subfósiles de animales desaparecidos de Tenerife, como el lagarto gigante Gallotia goliath y la rata gigante Canariomys bravoi. Aunque la exploración topográfica sistemática comenzó en 1968, hoy solo una pequeña parte del conjunto está abierta al público: las visitas recorren unos 200 metros de un sistema de 18,5 km. Los más de 18 km restantes permanecen, en gran medida, como un laboratorio natural donde geología, arqueología y evolución continúan cruzándose bajo el suelo de Tenerife.

Hace unos 27.000 años, una erupción volcánica en Tenerife creó bajo la superficie uno de los mayores tubos de lava conocidos de Europa. Se trata de la Cueva del Viento, en Icod de los Vinos, un entramado que alcanza 18,5 km topografiados y que ha terminado funcionando como refugio para una biodiversidad extraordinaria. Un estudio de Pedro Oromí y Sergio Socorro, publicado en la revista científica Diversity, catalogó en este sistema subterráneo 190 especies de plantas, animales y hongos, algunas adaptadas hasta tal punto a la oscuridad que ya no podrían vivir fuera de este entorno.

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