Observan las pálidas nubes amarillas de Venus y descubren que “un gran absorbedor” se oculta tras ellas

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Las nubes de Venus llevan cerca de un siglo escondiendo un misterio que cambia por completo cuando el planeta se observa fuera de la luz visible. Un nuevo estudio publicado en Astrobiology ha calculado qué propiedades debería tener la sustancia desconocida que genera las características manchas oscuras detectadas en las nubes superiores del planeta. El trabajo, realizado a partir de observaciones de Venus y modelos de transferencia radiativa, restringe ahora mucho más la lista de materiales capaces de explicar ese comportamiento.

A simple vista, Venus presenta una tonalidad amarilla pálida, pero las imágenes tomadas en longitudes de onda ultravioletas muestran grandes regiones claras y oscuras que recorren sus nubes de ácido sulfúrico. Los científicos conocen estas estructuras desde hace aproximadamente cien años, aunque todavía no han logrado identificar al llamado absorbedor desconocido, el material que captura parte de la radiación ultravioleta y provoca ese contraste observado desde telescopios y sondas espaciales.


El equipo dirigido por Jan Spacek abordó el problema desde una perspectiva diferente. En lugar de limitarse al aspecto de las nubes vistas desde el espacio, los investigadores calcularon cómo sería el líquido de esas diminutas gotas si pudiera recogerse y analizarse dentro de una cubeta de laboratorio. “Nuestro modelo pregunta, de hecho, qué ocurriría si pudiéramos recoger ese material de las nubes en una cubeta y colocarlo en un espectrómetro de laboratorio”, explicó Spacek. La diferencia resulta esencial porque una nube puede parecer clara aunque el material concentrado que la forma sea muy oscuro.

Un líquido mucho más oscuro

El ejemplo utilizado por los investigadores es el humo de un cigarrillo. Sus pequeñas partículas pueden producir una apariencia blanquecina porque dispersan la luz con gran eficacia, pero, reunidas en un recipiente, formarían una suspensión densa y oscura. Las partículas de las nubes de Venus tienen una distribución de tamaños comparable, por lo que el mismo principio óptico podría estar ocultando un líquido sorprendentemente oscuro bajo ese aspecto amarillo y luminoso. El modelo permitió separar el efecto de la dispersión del de la absorción real producida dentro de cada gota.

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Los cálculos muestran hasta qué punto debe ser eficaz ese misterioso compuesto. Entre longitudes de onda de 365 y 455 nm, el coeficiente de absorción necesario alcanza aproximadamente 1.278 cm-1 a 375 nm. Eso obliga a que el absorbedor sea extraordinariamente eficiente capturando luz, esté presente en concentraciones elevadas o combine ambas condiciones. Algunas moléculas orgánicas conjugadas podrían alcanzar valores semejantes y, tomando como referencia pigmentos porfirinoides muy absorbentes, serían necesarias concentraciones cercanas a 10 g por litro. El estudio no atribuye ese comportamiento a clorofila, hemo ni a ningún pigmento biológico concreto.

La forma del espectro complica todavía más el rompecabezas. Algunos compuestos orgánicos expuestos a ácido sulfúrico concentrado generan mezclas oscuras similares al alquitrán, pero estas absorben de manera amplia en el espectro visible, algo que no encaja con la caída pronunciada observada entre 365 y 455 nm en Venus. Los candidatos inorgánicos también encuentran dificultades porque muchos tendrían que alcanzar concentraciones extremadamente altas. Los autores recalcan que el trabajo no demuestra que exista vida en las nubes venusianas ni que el absorbedor sea orgánico: proporciona límites cuantitativos que futuras misiones y experimentos deberán superar para identificar, por fin, qué está oscureciendo la atmósfera del planeta.

Las nubes de Venus llevan cerca de un siglo escondiendo un misterio que cambia por completo cuando el planeta se observa fuera de la luz visible. Un nuevo estudio publicado en Astrobiology ha calculado qué propiedades debería tener la sustancia desconocida que genera las características manchas oscuras detectadas en las nubes superiores del planeta. El trabajo, realizado a partir de observaciones de Venus y modelos de transferencia radiativa, restringe ahora mucho más la lista de materiales capaces de explicar ese comportamiento.

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