Después de años de trabajo, semanas de preparativos y dos últimas horas de infarto, dos nuevos satélites europeos ya orbitan a unos 820 kilómetros de altitud, preparados para empezar a tomar datos que nos ayuden a vigilar la salud del planeta Tierra y nuestra seguridad alimentaria. Sentinel-3C, el tercero de los Sentinel-3 de Copernicus, y FLEX se han lanzado a las 03:21 CEST del 15 de septiembre (14 de septiembre a las 22:21 hora local) desde el Puerto Espacial Europeo de la Guayana Francesa, en Kurú (Kourou, en francés). Esta misión conjunta es uno de los hitos más complejos del año y más esperados para la Agencia Espacial Europea (ESA).
“Go Vega-C, go Sentinel-3C, go FLEX!”, era la frase que Géraldine Naja, directora de Transporte Espacial de la ESA, adelantaba que sería la más repetida durante las etapas del lanzamiento. Este se ha realizado a bordo de un Vega-C, operado por la empresa italiana Avio, en el vuelo VV30. Todo un reto técnico porque el cohete, de unos 35 metros de altura y 210 toneladas, tenía que acomodar a los dos satélites en un único viaje.
Para conseguirlo se ha utilizado un adaptador de carga útil especial llamado Vespa, fabricado en España, en las instalaciones de Airbus Madrid. Dentro de la cofia, Sentinel-3C viajaba en la parte superior y ha sido el primero en ser inyectado en órbita. FLEX, que iba encapsulado abajo, se liberó casi una hora después. Una coreografía milimétrica, tan milimétrica como lo será el resto de su vida útil. Ambos trabajarán en tándem en la misma órbita, con FLEX entre seis y quince segundos adelantado a Sentinel-3C. Con la información que recogerán los instrumentos tecnológicos de ambos se podrá medir la temperatura de océanos, suelo y atmósfera, y monitorizar la altura del nivel del mar, el estrés hídrico y la salud de las cosechas.
“Son cientos los científicos, ingenieros y tecnólogos que llevan años trabajando para que llegue este momento. Imagina colocar años de esfuerzo encima de 190 toneladas de combustible y confiar en que todo salga bien. Es asombroso”, valoraba Phil Evans, director general de la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (EUMETSAT), en conversación con este periódico minutos después del lanzamiento.
Tras una cuenta atrás en francés, el idioma oficial en este territorio de ultramar, el despegue ha roto el horizonte negro de la noche francoguayanesa con una luz que ha cegado a los presentes. El cohete Vega-C abandonaba la plataforma de Kurú impulsado por su colosal motor de combustible sólido P120C. En una ascensión perfecta se ha alejado entre las nubes, hasta que la luz se perdió por completo cuando, dos minutos después, el motor principal se ha separado para caer de forma segura al océano. “Ha sido tan rápido como contemplar un eclipse“, comentaban algunas espectadoras. Se encendía entonces la segunda etapa, Zefiro-40 y, a unos 110 kilómetros de altura, se ha expulsado la cofia protectora (la ‘punta’ del cohete), dejando a los satélites expuestos al vacío. Posteriormente, se encendió la tercera etapa, Zefiro-9, que se separó aproximadamente a los siete minutos.
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Tras estos encendidos y separaciones, llegaba el turno del módulo AVUM+, una etapa que funciona con combustible líquido. En varias fases de inyección que han durado casi una hora, se ha colocado al conjunto primero en una órbita de transferencia elíptica, después una fase de “vuelo libre” y por último, en órbita circular, a unos 814 kilómetros de altitud.
“En este caso el despegue del cohete no es lo más importante. La misión no se completa con éxito hasta que hayan pasado dos horas y se hayan liberado ambos satélites”, comentaban varios expertos de la ESA y de Avio en las horas previas. En efecto, a la hora y 51 segundos, una vez estabilizado en la posición, velocidad y ángulos exactos se ha liberado el primero, Sentinel-3C, y 57 minutos después, FLEX. En la primera separación, la emoción era contenida en el centro espacial de Kurú. Con la liberación de su pareja de baile, los vítores y los abrazos llegaban a la sala de control. Tanto Evans como Simonetta Cheli, directora de los Programas de Observación de la Tierra de la ESA, se mostraban emocionados ante las cámaras por disponer ahora de “una herramienta mucho más poderosa para estudiar el cambio climático“.
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La misión marca un punto de inflexión para la observación terrestre de la Unión Europea. Sentinel-3C llega para garantizar la continuidad de la serie Sentinel-3, cuyos modelos 3A y 3B llevan activos desde 2016 y 2018, respectivamente. Desde entonces han procurado datos topográficos y técnicos de océanos, tierra, hielo y atmósfera a los gobiernos europeos y la comunidad científica. Este año, ayudaron a analizar el episodio de calima en las Islas Canarias y la medición en Francia de la superficie terrestre durante la ola de calor que afectó a Europa.
Lanzar el satélite 3C mientras los otros dos siguen orbitando ayudará a calibrar bien el nuevo y a evitar un escalón de datos. Además, “los anteriores se lanzaron a bordo de cohetes rusos, pero hoy tenemos una misión 100 % de la Unión Europea”, ha subrayado Mauro Facchini, jefe de la Unidad de Observación de la Tierra en la DG-DEFIS, durante la rueda de prensa previa al lanzamiento. Por su parte, FLEX (FLuorescence Explorer) supone un verdadero cambio de paradigma. Esta misión científica se dedicará a medir la salud vegetal con información que nunca se ha recogido hasta ahora sobre la fotosíntesis.
El constructor principal de los satélites ha sido la compañía francesa Thales Alenia Space, pero el proyecto también tiene parte de ADN patrio, pues la industria aeroespacial española, agrupada bajo la asociación TEDAE, ha sido la responsable de diseñar y fabricar software crítico y sistemas mecánicos para ambos. Ambos desarrollos han reunido a 14 países europeos, en el caso de FLEX con la participación de 33 empresas durante nueve años de desarrollo, y para Sentinel-3C más de 80 durante siete años. Ahora les toca a ellos, los dos nuevos miembros de la familia satelital europea, recabar datos y demostrar que todo este esfuerzo conjunto ha merecido la pena.
Después de años de trabajo, semanas de preparativos y dos últimas horas de infarto, dos nuevos satélites europeos ya orbitan a unos 820 kilómetros de altitud, preparados para empezar a tomar datos que nos ayuden a vigilar la salud del planeta Tierra y nuestra seguridad alimentaria. Sentinel-3C, el tercero de los Sentinel-3 de Copernicus, y FLEX se han lanzado a las 03:21 CEST del 15 de septiembre (14 de septiembre a las 22:21 hora local) desde el Puerto Espacial Europeo de la Guayana Francesa, en Kurú (Kourou, en francés). Esta misión conjunta es uno de los hitos más complejos del año y más esperados para la Agencia Espacial Europea (ESA).

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