Beckenbauer y Platini en León, las escenas más insólitas de los Mundiales que la FIFA no dejará ver otra vez

La maleta del Mundial. Así le llamaba Martín Saucedo a esa valija que guardaba oro puro para los futboleros. Ahí guardaba fotografías con Maradona, Pelé y de la selección de Alemania que hizo escala en León, Guanajuato. “Si uno quería encontrar a mi padre, lo encontraba en el Club Punto Verde viendo a las selecciones entrenar”, cuenta Julio Saucedo, su hijo. Cuando el señor Saucedo se casó con Benita Arenas y se mudaron, ocurrió una fatalidad. La maleta que también tenía hojas y hojas de autógrafos terminó en la basura. Ella pensó que se trataban de papeles viejos, él pensó que una parte de su infancia se había extraviado para siempre. O eso creía.

“A mi padre le tocaron los Mundiales de 1970 y el de 1986. Me dedico a lo que me dedico gracias a la pasión que tenía mi padre y por hablar de selecciones, de jugadores. Ya falleció, me hubiera gustado que me comparara las emociones del pasado con el actual. Decía que era una euforia total. Era un adolescente y se la vivía de entrenamiento a entrenamiento. De estadio a estadio: en León e Irapuato”, cuenta Julio Saucedo, hoy periodista de TV Azteca en el Bajío mexicano. Los recuerdos se mantuvieron intactos en la familia Saucedo, revivían cada vez que contaban aquella anécdota.

Para la Copa del Mundo de 1970 se eligieron cinco ciudades para albergar la Copa del Mundo de 1970: Ciudad de México y su Estadio Azteca, Guadalajara y el Estadio Jalisco, Puebla y el Cuauhtémoc, Toluca y el entonces llamado Guitérrez Dosal, y el Nou Camp de León. En 1986 se incrementaron las ciudades a nueve, con la incursión de Nuevo León (Estadio Universitario y el Tecnológico), Querétaro (La Corregidora), Nezahualcóyotl (Neza 86), Irapuato (Sergio León Chávez) y Zapopan (Estadio 3 de Marzo). También se usó el Estadio Olímpico Universitario en la capital mexicana.

Para 2026 la lista se cortó a solo Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Esta apuesta se hizo desde 2018 cuando se aprobó la candidatura de México, Estados Unidos y Canadá. La preferencia de partidos fue estadounidense con 78, para los mexicanos solo habrá 13. La FIFA mandó al demonio todo tipo de nostalgia para darle preferencia a las sedes de EE UU por encima de las mexicanas. Los estadios de Toluca, León y de Puebla hubieran podido celebrar lo mismo del Azteca: ser un recinto con tres Copas del Mundo jugadas en su campo.

El Nou Camp de León fue casa de Alemania Federal con Franz Beckenbauer como su capitán, Perú, Bulgaria y Marruecos en 1970. Cerca de ahí, en Irapuato, la Brasil se Pelé se preparó para el Mundial e incluso jugó un amistoso contra el equipo fresero. Dieciséis años después, albergó a la Francia de Platini, a la Unión Soviética, Canadá y Hungría. El joven Martín Saucedo pudo ver a algunos de los grandes jugadores cuando todavía el precio de las entradas al Mundial no superaban los 50.000 pesos.

En Puebla pueden presumir que en su césped, cobijado por decenas de iglesias en la ciudad, jugó la Albiceleste de Maradona y la España comandada por Emilio Butragueño. En la árida Ciudad Neza pudieron presenciar el gen goleador del danés Michael Laudrup. Grandes nombres que dejaron una huella en esos estadios que siguen de pie y que tienen el corazón partido por no tener un poco de esa fiesta mundialista.

“Era lógico que León no fuera considerada para un partido del Mundial porque no se actualizó el estadio, tiene un estadio obsoleto. No está apto para ser sede de un Mundial y creo que tampoco el Azteca, al cual le ayuda la nostalgia”, opina Julio Saucedo.

“Este Mundial se ha convertido en un evento elitista. Hoy es difícil que el aficionado tenga un acercamiento con el jugador. No hay entrenamientos abiertos. El jugador perdió cercanía con la gente”, reprocha Saucedo. Pese a la burbuja en la que viven los futbolistas siempre habrá aficionados que hagan de todo por hallar los hoteles de sus héroes deportivos o la forma de pedirles una foto. Lo malo, es que a diferencia de 1986, los desplantes de los millonarios jugadores quedan grabados en vídeo. Las ciudades desdeñadas por la FIFA, por su falta de modernización o no, se aferran a las memorias de que hubo días de sol con fútbol de élite en sus campos.

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