Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá atraviesan una etapa de creciente tensión. Las disputas arancelarias, las diferencias sobre política industrial y la revisión del T-MEC han reabierto dudas sobre el futuro de una de las zonas económicas más integradas del mundo. La pregunta es inevitable: si estos dos socios históricos del norte se distancian, ¿pueden surgir ganadores en América Latina?
Las oportunidades existen, pero expertos consultados por DW coinciden en que el panorama es más complejo que una simple redistribución de beneficios comerciales.
La nueva política estadounidense y el reto de la diversificación
Para José María Ramos, especialista en relaciones exteriores de México y profesor del Colegio de la Frontera Norte (COLEF), las tensiones actuales responden a un cambio estructural en Washington. Según el experto, Estados Unidos impulsa una estrategia de “nacionalismo económico” destinada a fortalecer sus capacidades productivas y su posición geopolítica frente a China.
Esa realidad ha dado lugar a lo que define como una “dependencia asimétrica”. Estados Unidos mantiene la posición dominante, pero al mismo tiempo necesita a México para consolidar cadenas productivas regionales y competir con China en sectores considerados estratégicos.
Por ello, el mayor riesgo para México no sería quedar fuera de Norteamérica, sino pasar de un marco relativamente estable como el T-MEC a una relación más polarizada políticamente, más bilateral y sometida a renegociaciones constantes.
El papel de China será decisivo
En última instancia, ambos expertos coinciden en que el trasfondo de estas tensiones va mucho más allá de Canadá.
Ramos sostiene que el futuro de la integración norteamericana estará condicionado por la competencia tecnológica y económica con China. Díaz, por su parte, considera que la incertidumbre creada por Washington empujará a muchos países a buscar mercados alternativos en continentes como el asiático y a acelerar la diversificación comercial.
La consecuencia no será necesariamente la aparición de grandes ganadores latinoamericanos. Más bien parece anunciar una reorganización gradual de las relaciones económicas del continente, en la que México reforzará su papel estratégico frente a Estados Unidos, mientras otros países podrían buscar reducir su dependencia de un socio que ya no perciben tan fiable como en el pasado.
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(ms)

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