El destino de unos cuantos fridas, riveras y orozcos tiene en vilo a México, hasta el punto de convertirse casi en una cuestión de Estado. Desde el anuncio al principio de año de la cesión de la colección Gelman al Banco Santander, se ha despertado una formidable polvareda que ha forzado la intervención de la presidenta, Claudia Sheinbaum, para intentar aclarar el embrollo. Parte del sector del arte mexicano acusa al Gobierno de trato de favor, opacidad y desprotección de una colección cuyo corazón está blindado por una estricta ley de patrimonio, que limita las salidas del país de las obras emblema en un delicado equilibrio con los negocios privados. EL PAÍS ha seguido los pasos de los últimos movimientos del acervo, valorado en 356 millones de dólares. Esta es la historia de cómo un movimiento millonario y habitual en el mercado del arte ha acabado convirtiéndose en un fenomenal enredo con tres protagonistas: el propietario mexicano, el banco español y el Gobierno, encargado de supervisar las obras protegidas. Incluido un préstamo por 150 millones de dólares concedido por el Santander al coleccionista mexicano, por el cual el acervo (156 obras) aparece como garantía del crédito.
Los Zambrano son una poderosa familia de la burguesía industrial del norte de México. Son dueños de la mayor empresa cementera del país, Cemex, y también tienen, como casi todas las grandes fortunas, tradición en el coleccionismo de arte. Siguiendo esa estela, Marcelo Zambrano, tercera generación de la saga y directivo de Cemex, decide embarcarse en una operación de altos vuelos: hacerse con uno de los conjuntos más importantes del arte moderno mexicano, la colección Gelman, que arrastraba durante décadas una larga historia de intrigas y misterios. A finales de 2020, el empresario adquiere al menos una primera parte de esta. La transacción quedó registrada en la declaración fiscal anual de la Fundación Vergel, propiedad del albacea estadounidense que controló la colección tras la muerte de los propietarios originales.
Desde entonces, Zambrano comienza a mover discretamente la colección, buscando financiación para hacer frente a una operación millonaria. El 11 de octubre de 2023, logra un primer préstamo del brazo financiero de la casa de subastas Sotheby’s, como adelantó el medio especializado Arteinformado y ha podido constatar este diario con documentos públicos del Registro de la Propiedad del Distrito de Columbia. El préstamo se concede a favor de Arte Mexicano por el Mundo, LLC y Comercializadora de Arte del Noreste, las compañías constituidas por el empresario en Estados Unidos y México, respectivamente, para explotar la colección, que llevaba años en un limbo sin exponerse ni aparecer ante el ojo público.
Pasan los años y las obras siguen en la reserva. Hasta que a finales de 2024, cuando los Zambrano ya eran propietarios de la Gelman, la colección salta a los titulares por una subasta realizada por la casa Sotheby’s en Nueva York. Entonces, el Gobierno paraliza la venta de un maría izquierdo, una de las autoras protegidas por la ley de patrimonio y que no contaba con permiso para estar en Estados Unidos. Además, las autoridades mexicanas fuerzan la venta en México ―en lugar de en Nueva York― de un siqueiros, otro de los autores blindados. El resto de las obras, una treintena, fueron vendidas en lo que fue el primer contacto con el mercado del arte desde que los Zambrano entran en escena.

El siguiente movimiento público es del 21 de enero de este año. El Banco Santander anuncia un acuerdo con los Zambrano para la gestión de una parte de la colección —160 de unas 300 obras— y su exhibición como plato principal del nuevo centro cultural, Faro Santander, que el banco inaugurará en junio de este año en la capital de Cantabria. Aquel anuncio encendió la mecha de las críticas, que demandaban más claridad sobre los plazos del acuerdo y, sobre todo, el papel del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), que debe autorizar y supervisar cualquier salida del corazón de la colección fuera de México.
No ayudaron las declaraciones aquel día de Daniel Vega Pérez, director del nuevo Faro Santander, apuntando que “es una legislación flexible”. Ni tampoco las cifras contradictorias que dieron las autoridades mexicanas mientras crecían las críticas. Primero dijeron cinco años, que en realidad es el plazo del acuerdo de gestión a favor del Santander, no de los acuerdos de exportación de las obras. Luego, dos años, el plazo habitual en estos casos, que tuvo que ser confirmado por la propia Sheinbaum, quien aseguró que regresarían a México en 2028.
El crédito del Santander
Un dato crucial y desconocido hasta ahora es que apenas una semana antes de aquella rueda de prensa en España, el 8 de enero, el Santander concedió un nuevo crédito a Marcelo Zambrano por 150 millones de dólares, que viene a refinanciar el anterior concedido por Sotheby’s Financial Services. Según el contrato inscrito en la Secretaría de Economía mexicana, consultado por este periódico, la colección —156 obras, valoradas en 356 millones de dólares— sirve como garantía del préstamo que tiene un plazo de 12 años y medio.
El acuerdo, también registrado en la base de datos del Distrito de Columbia de Estados Unidos, en ese caso sin cifras, detalla el funcionamiento de este tipo de operaciones, parecidas, por ejemplo, a la del crédito para comprar una casa, que queda como garantía en caso de impago. Esto abre una puerta teórica a que el Santander pueda pasar a ser el propietario de la colección, aunque fuentes cercanas a las negociaciones apuntan que “existen fórmulas para refinanciar los créditos y no llegar a ese escenario”. En el entorno de la familia de coleccionistas agregan que todo el andamiaje legal “está estrictamente apegado al cumplimiento de las leyes mexicanas”.

La joya que sirve de respaldo al crédito, ya se sabía, es para la artista Frida Kahlo. Ella es también la bandera de las protestas del sector artístico mexicano, que, además de reclamar más transparencia al INBAL, observa con pesar cómo el patrimonio moderno del país se fragmenta en el extranjero, pese a los deseos expresos del matrimonio Gelman de que se mantuviera unido y dentro de México. Diego en mi pensamiento: 67,5 millones de dólares. Autorretrato con monos: 45 millones. Otros 45 millones avalados por El abrazo de amor del Universo… Oro, plata y bronce para el icono pop, que preside un nutrido inventario donde también se codean Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros o María Izquierdo. Solo una quincena de las obras de Frida y Diego representan el 97% de la cotización del conjunto, tal es el valor del imponente matrimonio de artistas. La lista es larga y confirma lo que han señalado al periódico fuentes del sector: que los préstamos bancarios, habituales en el mundo artístico, suelen sufragar aproximadamente la mitad del valor de los acervos.
La mayoría de los artistas que aparecen en el inventario cuentan con declaratorias de Monumento Artístico Nacional, y este es el punto más sensible y el que levanta mayor polvareda, pues los movimientos financieros realizados en esta operación son práctica común en el mercado. La normativa limita la salida de las obras amparadas bajo ese paraguas y, en el caso de Frida Kahlo, que cuenta con la declaratoria más severa, prohíbe su exportación definitiva y conmina a las autoridades a hacer todo lo posible para hacer efectiva su repatriación. Consultado por este diario, el INBAL no ha hecho comentarios.
Desde el Banco Santander subrayan que no hacen comentarios específicos sobre sus clientes, informa Manuel Morales. Y añaden que “en todo caso, la relación que Santander pueda tener con la familia Zambrano es accesoria a la gestión y preservación de la colección Gelman. En ninguna circunstancia la colección saldrá de México fuera del acuerdo en vigor, es decir, siempre en el marco de una exportación temporal autorizada por INBAL y conforme a la legislación mexicana”.
La exportación de las obras
Los coleccionistas y comisarios mexicanos más críticos señalan que, a pesar de quedar ya aclarado que el permiso de la exportación de las obras es el habitual, dos años, y no los cinco anunciados en un principio, el INBAL ha sido más laxo en este caso que en otros. “El INBAL había sido muy estricto con los permisos hasta ahora”, dice una profesional que participó en la carta pública del sector que pedía mayor transparencia al Gobierno en los acuerdos alcanzados.
Esa misma fuente señala que hay desde hace años a la venta en México cuatro óleos de Frida Kahlo, pero no se venden porque les han puesto precio del mercado internacional y nadie está dispuesto a pagarlo por unas obras que no pueden salir del país. “Esto del Santander ha sentado un precedente, ahora los coleccionistas van a empezar a pedir lo mismo”, añade.
El plan para sacarle rendimiento a la colección no termina en su venta fragmentada o en su gira internacional, como está prevista, con paradas cada dos años en México para reevaluar el estado de las obras. Entre diciembre del año pasado y enero de este se han presentado sendas solicitudes para registrar la marca Colección Gelman en la Unión Europea (UE), México y Estados Unidos. En la UE ha quedado definitivamente publicada este viernes, 24 de abril. Ese registro, realizado por la empresa de Zambrano, protege la marca de cualquier uso de tipo comercial, desde la impresión de láminas o libros hasta la descarga de archivos autenticados mediante tokens, pasando por eventos culturales o servicios educativos.
Mientras los propietarios avanzan en su plan de gestión de la colección, la polémica crece dentro del país. Los retornos bienales a México no satisfacen a los más críticos, que además temen que las obras no puedan soportar los traslados, y tampoco solucionan el problema de fondo: una política pública precaria a la hora de proteger el patrimonio moderno del país.
Este otoño, la colección Gelman será el plato fuerte en la inauguración del centro Faro Santander, el nuevo espacio cultural de la entidad financiera en la capital de Cantabria. Su apertura estaba prevista para este verano, pero la imagen de todos los fridas saliendo de México en plena euforia mundialista era un escenario que el Gobierno mexicano no podía permitirse. La actual exposición de parte del acervo en el Museo de Arte Moderno de la capital mexicana se extenderá finalmente hasta después de la competición de fútbol, y después volarán a España para regresar en 2028. Así terminará el penúltimo capítulo de una colección rodeada de polémica.
Leave a Reply