“Jueves, tiroteo, no vengan”, decía el rayado de un colegio en la región de Antofagasta, al norte de Chile, por el que fue imputado por desórdenes públicos un estudiante de 16 años. En las dos últimas semanas, otros avisos similares, como “mañana, tiroteo”, han aparecido en Santiago y las regiones chilenas de Valparaíso, Coquimbo, Tarapacá, O’Higgins, Biobío, la Araucanía y Maule; pero también en distintas localidades de Argentina: Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Corrientes, Tucumán, Chubut, Neuquén y Mendoza.
La inusitada ola de amenazas ha obligado a la suspensión preventiva de las clases y la activación de protocolos de seguridad en algunos recintos educativos de Chile y Argentina, donde las autoridades aún no consiguen dar una respuesta a la raíz de este fenómeno. Solo en el municipio de Santiago, en el centro de la capital, se han denunciado siete casos esta semana. En la comuna de Providencia seis colegios han reportado 27 amenazas y en Lo Barnechea se registran cinco en lo que va de mes.
La simultaneidad con la que se han producido estos mensajes intimidatorios ha despertado sospechas, por lo que quienes investigan este fenómeno y expertos en violencia escolar no descartan que obedezca un reto viral entre jóvenes. Mario Bugueño, académico del Centro de Estudios de Saberes Docente de la Universidad de Chile, apunta a que podría tratarse de un fenómeno de carácter coyuntural, asociado a “una moda, que por el impacto que produce, tiende a ser imitado por otros jóvenes, y que no responde a una constante que pueda estar instalada culturalmente en los países sudamericanos”.
En Chile, la situación ocurre unos días después de que un estudiante de 18 años asesinó a una profesora e hirió a otras cuatro personas en un colegio de la ciudad minera de Calama, a unos 1.500 kilómetros al norte de Santiago. De ahí no ha dejado de escalar la visibilidad de la violencia escolar en este país sudamericano, donde además se registró el ataque con un cuchillo de un adolescente a un niño de seis años en una escuela, una riña que terminó a balazos en un plantel de la comuna santiaguina de Quilicura, peleas con armas blancas, lanzamientos de bombas mólotov en liceos emblemáticos y enfrentamientos con Carabineros.
En Argentina, en tanto, los mensajes acentuaron el temor vivido después de que un alumno de 15 años en una escuela de la localidad de San Cristóbal, provincia de Santa Fe, disparó con una escopeta a un estudiante de 13, además de herir a otros compañeros, hace 20 días. En este último caso, la investigación judicial apunta a la relación del agresor con una comunidad virtual internacional, que reúne a aficionados a crímenes y masacres, y que estaría vinculada con hechos violentos en varios países.
Cifras del Ministerio de Educación de Chile, recopiladas por La Tercera y actualizadas al 9 de abril, apuntaban a que 58 colegios habían suspendido sus clases por alguna amenaza desde que ocurrió el crimen de Calama, el 27 de marzo. Pero ha sido esta semana cuando han sonado más los casos de ultimatos.
El ministerio Público chileno, a cargo del fiscal nacional Ángel Valencia, todavía no ofrece un número total de denuncias por estas amenazas de tiroteos en colegios, pero ya se han abierto investigaciones en algunas regiones de este país. En Valparaíso, por ejemplo, había reportado 136 denuncias hasta el jueves, dijo la fiscal regional Claudia Perivancich. En Antofagasta, además del adolescente de 16 años detenido, otros tres estudiantes han sido imputados por delitos con advertencias aparecidas en instituciones educativas. Uno de ellos, un alumno de 17 años en Calama, fue procesado por el cargo de amenazas simples, las que realizó a través de redes sociales.
Ha sucedido también en una institución de educación superior en Coquimbo, donde estudiante de 19 años fue detenido después de lanzar en redes que habría una balacera, el martes, en la universidad en que estudia. Al ser interrogado por la policía, el joven dijo: “No le había tomado tanto el peso a la situación, ya que, en la mañana, cuando lo publiqué, mi intención era tirar la talla [broma], ya que había pasado lo mismo en otras universidades”, según Emol.
Bugueño aclara que, aunque el fenómeno pareciera un reto viral, no significa que, si se asocia con la radicalización de la agresividad que se ha experimentado en Chile, estas amenazas podrían convertirse en una nueva expresión vinculada con una violencia cultural que se ha asentado en el país en las últimas dos décadas. “Por ahora, estos mensajes parecieran no tener una motivación ideológica, sino que estarían relacionados con una moda. Pero hay que tener cuidado porque eventualmente podrían extenderse si siguen teniendo un efecto o impacto social”.
Días antes de que se diera el fenómeno, y a raíz del asesinato de la profesora en Calama, el Gobierno del ultraconservador José Antonio Kast introdujo en el Congreso dos proyectos de ley. Uno de ellos propone endurecer las sanciones, como la limitación de la gratuidad universitaria, en contra de quienes cometan actos violentos en recintos educativos y otros delitos. La otra iniciativa busca incorporar medidas de seguridad, como revisiones de mochilas en los planteles. Ambas propuestas son vistas con recelo por la oposición que considera que el paquete de medidas tendría un enfoque punitivo, en vez de preventivo, y apuntan a abordar problemas como la salud mental de los jóvenes y el acceso a las armas.
Las autoridades locales, asimismo, intentan reforzar sus medidas de seguridad y prevención en colegios, como en Santiago donde fue creado un canal de WhatsApp para que las instituciones educativas hagan denuncias directas a la dirección de seguridad de la Municipalidad, por ejemplo. O, en el municipio de Ñuñoa, donde avanzan en establecer una estrategia de acción inmediata para enfrentar la ola de amenazas a la seguridad escolar. En Providencia, al igual que otras comunas, han realizado jornadas de sensibilización con las comunidades y llamados a conversar sobre el tema en los hogares.

Leave a Reply