Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años cuya detención por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) generó indignación internacional, enfrenta hoy las secuelas emocionales de esa experiencia. A más de dos meses del arresto, sus padres aseguran que el menor vive con miedo constante y recibe atención psicológica para sobrellevar el trauma.
El menor fue detenido en Minnesota junto a su padre a inicios de este año, en un operativo cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. En ellas, el niño —con un gorro azul de conejo y su mochila escolar— se convirtió en símbolo del impacto de las políticas migratorias en la infancia.
Desde entonces, su comportamiento ha cambiado de forma notable. “Como padres, nos preocupa mucho que ya no sea el mismo de antes”, dijo su padre, Adrián Conejo Arias en una entrevista con CBS News. “Nos inquieta que esto pueda durar mucho tiempo”.

“Es ICE, mami”, repite constantemente Liam
Su madre, Erika Ramos, detalló que el niño presenta signos de trauma psicológico, como hipervigilancia, aislamiento y cambios en su conducta. “Mi hijo es muy diferente”, afirmó. Incluso, relató que al ver a policías, Liam reacciona con temor: “Dice: ‘Es ICE, mami’”.
El menor y su padre permanecieron detenidos durante dos semanas en un centro en Texas antes de ser liberados tras la intervención de un juez federal. En su fallo, el magistrado fue contundente al señalar que la detención tenía su “origen en la búsqueda mal concebida e incompetente del gobierno de cuotas diarias de deportación, aparentemente incluso si eso requiere traumatizar a los niños”.
A pesar de su liberación, la familia sigue enfrentando incertidumbre legal. El gobierno estadounidense continúa con el proceso de deportación, tras haber desestimado su solicitud de asilo y apelado la decisión judicial que permitió su salida de custodia.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS), por su parte, defendió el procedimiento. En un comunicado citado por el mismo medio, indicó que un juez de inmigración ordenó la deportación tras garantizar el debido proceso, e instó a las familias a acogerse a programas de salida voluntaria.

Sin embargo, la experiencia vivida ha dejado una huella profunda. Liam, que antes era descrito como un niño alegre, ahora evita jugar con otros menores y rechaza asistir a ciertas clases en la escuela.
“Lo más difícil fue no poder hacer nada”, recordó su madre sobre el tiempo que su esposo e hijo estuvieron detenidos. “Mi desesperación era ir a sacarlos de ahí”.
El impacto psicológico de las detenciones migratorias en menores ha sido tema de conversación. Expertos advierten que este tipo de experiencias puede tener efectos duraderos en el desarrollo emocional de los niños.
Mientras la familia espera una resolución legal, su principal preocupación sigue siendo el bienestar de Liam.
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