Greenpeace y el Centro para la Diversidad Biológica han lanzado este lunes un informe que alerta sobre los peligros de la explotación de los fondos marinos en la zona Clarion-Clipperton (ZCC), un área de seis millones de kilómetros cuadrados entre Hawái y México. La región es rica en nódulos polimetálicos, una pequeñas rocas del tamaño de una pelota de béisbol, que contienen valiosos metales que son usados en la manufactura de aparatos electrónicos como teléfonos, computadoras y baterías. El reporte señala directamente a Estados Unidos, a quien acusa de crear “una ruta fuera del marco multilateral” para facilitar las licencias a las empresas que se dedican a la minería submarina.
Las organizaciones afirman que esto representa una amenaza para los ecosistemas de la región y plantea un gran desafío a la gobernanza global porque la Autoridad Internacional de Fondos Marinos (ISA), la encargada de la regulación de estos terrenos en aguas internacionales, aún no adopta un marco regulatorio para su explotación comercial. Estados Unidos no es parte de este organismo.
Según el informe, las acciones del país norteamericano suponen un obstáculo para la gestión de estos recursos, la cual debería estar basada en evidencia científica que revele los riesgos ambientales de este tipo de proyectos y que guíe las políticas sobre el tema. Además, insiste en que la administración de estos espacios debe cimentarse en el multilateralismo con “una participación significativa de los Estados potencialmente afectados”. Las alarmas que Greenpeace y el Centro para la Diversidad Biológica han sonado derivan de una orden ejecutiva que el Gobierno de Donald Trump aprobó hace más de un año, en abril de 2025, en la que ordena a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) facilitar los permisos para actividades como la explotación de los fondos marinos.

Una de las empresas beneficiadas por este movimiento, The Metals Company, tiene contratos de exploración con la ISA y ha iniciado un procedimiento ante la Sala de Controversias sobre los Fondos Marinos del Tribunal Internacional del Derecho del Mar (ITLOS) en su contra. El año pasado, la ISA comenzó una investigación para identificar y sancionar a los contratistas que son parte de las acciones unilaterales estadounidenses de minería ilegal en aguas profundas, por lo que The Metals Company busca frenar las pesquisas.
Los daños ambientales de la minería submarina
El documento puntualiza que aún no hay suficiente información sobre los alcances de la minería submarina y sobre su impacto en los ecosistemas marinos de esta área, pero aborda algunos de las efectos ya conocidos. El análisis explica que la explotación de los fondos marinos provocaría nubes de sedimento que podrían desperdigarse a otras partes, “obstruyendo los sistemas de filtración de organismos marinos y alterando las redes tróficas en la columna de agua”. Los nódulos polimetálicos, el gran atractivo de la ZCC, son recursos finitos con un desarrollo muy lento. De acuerdo con el informe, estas esferas de óxidos de hierro, manganeso y otros metales -níquel, cobre y cobalto- crecen de 1 a 12 milímetros por cada millón de años y constituyen “el principal sustrato duro en las llanuras abismales”, lo que permite que organismos como los corales y las esponjas creen microhábitats.
Las consecuencias ecológicas no se circunscriben únicamente a la zona Clarion-Clipperton y podrían afectar otros regiones también. Las organizaciones subrayan que la ZCC “no es un ecosistema aislado” y resaltan su papel como “corredor azul”. “Es parte de un sistema oceánico utilizado por múltiples especies durante sus desplazamientos, rutas migratorias y actividades de alimentación”, describen. Animales como la ballena azul, la ballena jorobada, el tiburón ballena y diversas tortugas, que buscan su alimento en esta región o transitan por ella, se verían afectados por las actividades mineras. En el caso de la ballena jorobada, el estudio destaca que hay una conexión entre los lugares de reproducción de este cetáceo en México y Hawái.

El papel de México en esta batalla
El reporte Fuera de las normas: por qué el Consejo de la ISA no debería tolerar las medidas de Estados Unidos en materia de minería en aguas profundas acentúa la importancia de que México tome cartas en este asunto por su cercanía a la ZCC, ubicada a 144 kilómetros de la Reserva de la Biósfera del Pacífico Mexicano Profundo y a 290 kilómetros del Parque Nacional Revillagigedo, pero también por ser miembro de la ISA y de su Consejo, como Estado parte de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS).
Con miras a la segunda parte del periodo de sesiones número 31 de la ISA, a celebrarse del 13 al 31 de julio en Jamaica, Greenpeace y el Centro para la Diversidad Biológica han entregado el documento este lunes a la representación mexicana en el que le piden “asumir una posición más firme y de liderazgo” sobre estas discusiones y “oponerse a la viabilidad de cualquier iniciativa unilateral de explotación minera en aguas profundas”.
El informe concluye que la ISA debe establecer una moratoria sobre la perforación submarina como medida precautoria y reafirmar que “todas las actividades de la ZCC deben organizarse y controlarse” a través de ese organismo para evitar las acciones unilaterales como las de Estados Unidos. En ese sentido, pide a México “ser más vocal” es estos temas como integrante del Consejo.
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