Este domingo en Colombia tuvo lugar la segunda vuelta de la campaña presidencial que dejó como resultado inicial, a falta de la verificación en los escrutinios, una diferencia a favor de Abelardo de la Espriella de menos de 300.000 votos entre ambos candidatos. Él y sus electores salieron a celebrar el resultado del preconteo, mientras Iván Cepeda y el presidente Petro afirmaron que no se podía cantar victoria hasta que terminara el escrutinio oficial de la votación que permitirá una declaración oficial en lo relacionado con el próximo presidente.
El discurso de De la Espriella es claro y contundente: mano dura y aplastamiento de los adversarios, discurso populista de ultraderecha que recoge los temas tradicionales de propiedad, seguridad, familia, fe y prosperidad.
Iván Cepeda, por su parte, busca continuar el legado del presidente Petro. Su programa contempla la ampliación de los esfuerzos por superar la historia de violencia y avanzar en las transformaciones estructurales. Cepeda pone sobre la mesa, además, una revolución ética y política a la luz del principio “mandar obedeciendo”. La candidatura de Iván Cepeda, que lideraba una izquierda unida con una coalición de varios sectores de centro y liberales, entre otras fuerzas progresistas del espectro político, tenía la seguridad de alcanzar el triunfo.
El presidente Donald Trump llamó al candidato de la ultraderecha Abelardo de la Espriella para felicitarlo públicamente por su triunfo en la jornada electoral. De igual manera se pronunciaron los líderes de América Latina de derecha y ultraderecha. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó que “la Administración Trump está muy dispuesta a trabajar con el nuevo gobierno de Colombia”. El presidente argentino Javier Milei, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa, el mandatario de Chile José Antonio Kast, la presidenta de Costa Rica Laura Fernández, el mandatario de Bolivia Rodrigo Paz, Santiago Peña, presidente de Paraguay; también el gobierno salvadoreño lo felicitó y en su conjunto celebraron a De la Espriella. Los presidentes de la región anunciaron que el líder colombiano contará con su apoyo completamente.
Vale la pena recordar que en la cumbre de creación de “Escudo de las Américas” convocada por Trump en marzo en Doral, Florida, se confirmó la intención de tener una red de gobiernos ultraconservadores en América Latina y el Caribe que compartieran prioridades políticas y de seguridad.
Sin duda, Colombia avanza en este momento político por un territorio marcado por los giros hacia la derecha que han tomado varios países en América Latina. Tanto las derechas moderadas como las facciones políticas de centro están siendo desplazadas para darle paso a una ultraderecha que se presenta como triunfante. Su versión actual cuenta con el impulso que le aportan las iniciativas de y desde Estados Unidos.
Un resultado de ese auspicio es la capacidad que ha tenido para influenciar la región. Aunque los gobiernos se diferencian en algunos aspectos, la motosierra de Milei en Argentina no es lo mismo que la agenda de Bukele y las bandas en El Salvador o el poder de los evangélicos en Brasil con Jair Bolsonaro. Por sobre la diversidad de aplicaciones, se observan idearios y agendas compartidas, en particular el mensaje de seguridad y la lucha contra el crimen y su respuesta por la vía de la imposición de la fuerza. Lo que es central a las propuestas de De la Espriella.
Estas elecciones presidenciales son vitales para la izquierda y el progresismo latinoamericano. El triunfo de Iván Cepeda representaba un respiro a esta ola del triunfo de gobiernos ultraderechistas, que aceptan los mandatos de Washington. Lo contrario sería el debilitamiento de una fuerza progresista que con el presidente Petro, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, con Luiz Inacio Lula da Silva, presidente de Brasil, se ha venido fortaleciendo. Los gobiernos con agendas progresistas se han abstenido de felicitar o reconocer la elección de Abelardo de la Espriella, dado el cuestionamiento a la legitimidad del triunfo electoral. Iván Cepeda les pidió a sus electores participar del escrutinio para reconocer el triunfador de la jornada electoral. Por lo tanto, estamos en una etapa de definiciones y transición.
Frente una polarización política tan profunda como la que se enfrenta en Colombia con perspectivas ideológicas totalmente opuestas, que nos recuerdan el surgimiento de conflictos históricos que hundieron el país en décadas de conflicto armado, y con la herencia de luchas bipartidistas que terminaron en violencias, se debe avanzar en el desarrollo de una oposición política con garantías y acuerdos. Los partidos, movimientos políticos y organizaciones deben contar con espacios e instrumentos institucionales que les permitan ejercer control político y desarrollar alternativas con el gobierno de turno para garantizar los derechos de quienes representan la otra mitad.
Colombia ha avanzado en el desarrollo de un Estatuto de la Oposición. La Ley 1909 de 2018 contempla los derechos y deberes pertinentes que aseguran la igualdad. Este instrumento introdujo elementos de control político para los partidos que se declaran en oposición. Sin embargo, deben ser reales las garantías de la Corte Constitucional para la oposición y el equilibrio de la democracia y lo que llamamos el sistema de pesos y contrapesos para evitar la concentración del poder. Avanzar en la confrontación que se viene requiere un esfuerzo de las instituciones, los partidos y líderes políticos y la sociedad civil representada en sus organizaciones.
El escrutinio debe resolver las dudas y la rendición de cuentas debe ser veraz para que la ciudadanía tenga las garantías y pueda asimismo depositar su confianza en entidades como la Registraduría Nacional del Estado Civil. El juego democrático se confirma en las urnas.
Se puede iniciar un diálogo con el conjunto de la sociedad para alcanzar acuerdos de paz territoriales y evitar el resurgimiento de la violencia armada. Deben terminarse los discursos políticos que fomentan el odio y se deben igualmente hacer a un lado los ataques personales que se usaron como estrategia de campaña para fomentar la polarización. Al contrario, la atención se debe centrar en temas estructurales para el beneficio de la sociedad en su conjunto. Se requiere un jefe de Estado que le dé prioridad al bien común y no un showman concentrado en ofrecer un espectáculo cual si la administración pública fuese un negocio de la industria del entretenimiento.

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