A la espera del escrutinio oficial que declare a un ganador definitivo, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda enfrentan el desenlace más ajustado de una segunda vuelta presidencial en Colombia. El resultado de la primera vuelta de hace tres semanas, con una diferencia de más de 600.000 votos entre el abogado de ultraderecha (43,7%) y el senador de izquierdas (40,9%), ya apuntaba a un panorama extremadamente reñido, en medio de una radicalización muy palpable. Pero el balotaje de este domingo ha revelado la elección más reñida de la historia reciente del país.
Con el 99,7% de las mesas informadas en el conteo preliminar, o preconteo, De la Espriella sumaba el 49,65% de los votos por el 48,71% de Cepeda, poco menos de un punto porcentual de diferencia. O en otras palabras, menos de 250.000 votos. Es la primera vez que el ganador obtiene menos de la mitad de los votos.
Hay cuatro antecedentes claros de comicios que se definieron por estrechas diferencias. Las presidenciales de 1970, en las que Misael Pastrana Borrero superó a Gustavo Rojas Pinilla por 1,6% de los votos; las de 1978, en las que Julio César Turbay se impuso a Belisario Betancur por 2,7%; la segunda vuelta de 1994, cuando Ernesto Samper quedó elegido por encima de Andrés Pastrana –hijo de Misael– con una diferencia levemente superior al 2%. Y también las de hace cuatro años, cuando el presidente Gustavo Petro superó por poco más de 3 puntos a Rodolfo Hernández.
Pastrana, una victoria sobre Rojas Pinilla en medio de dudas
Las elecciones del 19 de abril de 1970 han sido las más problemáticas. Los acuerdos del Frente Nacional contemplaban que este sería el último periodo en el que liberales y conservadores se alternarían el poder. Según el informe final de la Registraduría, Misael Pastrana, del Partido Conservador y apoyado por el oficialismo liberal, derrotó por unos 70.000 votos al general retirado Gustavo Rojas Pinilla, con su movimiento Alianza Popular Nacional (Anapo). Rojas Pinilla ya había sido gobernante de facto durante la única y breve dictadura militar que ha tenido Colombia, de 1953 a 1957, con respaldo de sectores de los dos partidos. Esos reñidos comicios quedaron manchados por las sospechas de irregularidades para definir al ganador.
“El día de las elecciones, los recuentos, que comenzaron por las grandes ciudades, donde el descontento por la inflación era mayor, daban una ventaja notable a Rojas. El Gobierno, inquieto, suspendió la divulgación de resultados y cuando, al día siguiente, se anunció que había ganado Pastrana, la duda fue general: muchos creyeron que durante la noche se había hecho trampa en la cuenta de los votos”, escribe el académico Jorge Orlando Melo en su libro Historia mínima de Colombia. “Las evidencias indican que el recuento fue correcto (aunque sin duda, como en todas las elecciones, hubo fraudes importantes en las zonas rurales) y que las zonas de las que faltaba informar (pero cuyo total de votos ya se conocía) eran en gran parte los sectores rurales donde Pastrana tenía mayoría, como Huila y Nariño”, apunta con la mirada reposada del historiador.

En un inesperado giro del destino, fue a raíz de ese presunto fraude que nació la insurgencia en la que Petro militó en su juventud. “En 1974 apareció una nueva guerrilla, Movimiento 19 de abril, M-19, bolivariana y populista, formada por jóvenes urbanos de clases medias, muchos de ellos antiguos militantes comunistas o del rojismo y con talento para las operaciones teatrales y de medios”, escribe Melo. En 1978, el liberal Julio César Turbay también ganó la Presidencia con una corta diferencia sobre el candidato conservador, Belisario Betancur. Desde entonces, las distancias fueron más holgadas hasta que entró en vigor la Constitución de 1991.
La segunda vuelta más reñida
Con la nueva carta política llegó también la novedad de la segunda vuelta presidencial si ningún candidato supera el 50% de los votos. Se inauguró en las siguientes elecciones, las de 1994. En primera vuelta, el liberal Ernesto Samper obtuvo 45,3% de los votos y el conservador Andrés Pastrana 44,9%. En la instancia definitiva, Samper se quedó con el 50,6% y Pastrana con el 48,4%. “Se ha producido un desempate claro”, señalaba el editorial de la época de EL PAÍS. “Samper resulta elegido presidente con una diferencia, no muy grande, pero indiscutible”. Pastrana reconoció la victoria de su contrincante y llamó a la población a poner por encima de todo los intereses del país. Poco después estalló el escándalo por la entrada de dineros del cártel de Cali a la campaña de Samper. Era, hasta ahora, la definición más estrecha desde que las presidenciales se disputan a dos vueltas.
También está el antecedente de hace cuatro años. En una apretada segunda vuelta, Petro obtuvo poco más de la mitad de los votos, por el 47,3% de Hernández, para una diferencia de menos de 700.000 o poco más de 3 puntos porcentuales. Ganó gracias, en buena medida, a una mayor participación entre las dos vueltas presidenciales. En el caso de Cepeda y De La Espriella, ocurrió algo similar: el senador de izquierdas sumó 3 millones de votos entre las dos vueltas y el ultra casi 2,7 más.
La polarización extrema ha marcado esta campaña, según coinciden todos los observadores. Con el agravante de que el presidente Petro ha sembrado desconfianza en el sistema electoral, con confusas denuncias de fraude y su negativa a reconocer el conteo preliminar, o preconteo, de la primera vuelta –tampoco reconoció el escrutinio definitivo–. Este domingo ha vuelto a esgrimir que hay que esperar al escrutinio definitivo, que comienza el lunes en las comisiones escrutadoras. “Aun no se puede saber quién es el presidente y hay muchas irregularidades”, ha señalado en X, su canal de comunicación predilecto. También desde la campaña de Cepeda piden esperar al escrutinio antes de reconocer los resultados.
Un resultado demasiado estrecho en la segunda vuelta puede ser “una pesadilla”, valoraba en una entrevista reciente con este periódico Alejandra Barrios, la directora de la oenegé Misión de Observación Electoral de Colombia (MOE). “No solamente en Colombia, en cualquier país del mundo. Procesos electorales tan polarizados pueden terminar en lo que pasó en Brasil o en Estados Unidos: marchas hacia los centros de poder, de decisión, de ciudadanos genuinamente convencidos de que les han hecho fraude porque no alcanzan a desmontar las narrativas de odio”, adviertía entonces. Esa “pesadilla” se materializó este domingo.

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