Los pingüinos papúa no eran todos iguales: un estudio liderado por chilenos identifica una nueva especie

La Antártida parece un paisaje inmutable: hielo, vientos fuertes y mar hasta donde alcanza la vista. Es un territorio tan extremo que durante un siglo se asumió que la colonia de pingüinos papúa (Pygoscelis papua), dispersa por el océano Austral, formaba parte de una misma historia. Pero un equipo de investigadores, liderado por biólogos chilenos y de otros países, descubrió que detrás de las aves emblemáticas se esconde una diversidad evolutiva mucho mayor de la que la ciencia había reconocido hasta ahora.

Los cientíticos han revelado en un estudio, publicado en la revista científica Nature Current Biology en abril, que el pingüino de papúa –o gentoo, como se le conoce en inglés– no es una sola especie uniforme, sino que tiene cuatro linajes (tres en la zona subantárticas y una en la Antártida). A estos se les denominaron norteño, meridional, sureste y oriental. Sin embargo, los investigadores que llevaron a cabo este análisis consideran que todas deberían ser elevadas a la categoría de especies nuevas, destacando que una de ellas es la primera descrita por primera vez en 100 años. Se trata del pingüino papúa del sureste (Pygoscelis kerguelensis), que suele vivir en las Islas Kerguelen, un remoto archipiélago francés situado entre África y la Antártida.

Hasta ahora había pasado inadvertida porque, a simple vista, apenas se distingue de cualquier otro pingüino papúa. Comparte el característico plumaje de vientre blanco y dorso negro, una combinación que le permite camuflarse tanto de los depredadores como de sus presas en las aguas del océano Austral. Pero las pruebas genéticas revelaron diferencias significativas para considerarla una especie distinta, y lo que los biólogos llaman una “especie críptica”. Es decir, organismos casi indistinguibles en su aspecto externo, pero marcadamente distintos desde el punto de vista genético.

Una de las autoras del estudio, Juliana Vianna, directora alterna del Instituto Milenio Centro de Regulación del Genoma (CRG) e investigadora del Instituto One Health de la Universidad Andrés Bello (UNAB), indicó que físicamente no es “tan clara la diferenciación” de estas especies. “En general, las aves marinas no son diversas como las aves terrestres, al menos en coloración y otros rasgos. Pero cuando nosotros tomamos mediciones morfométricas o realizando estudios genéticos se puede llegar a diferencias más claras”, dijo esta bióloga brasileña radicada en Chile a EL PAÍS.

Las conclusiones de la investigación surgen de la comparación de bibliografía existente y del análisis del genoma completo de 64 ejemplares distribuidos en una decena de colonias a lo largo del hemisferio sur, desde las Malvinas hasta otras islas, como Crozet y Macquarie. Según la investigación, las diferencias ambientales del océano Austral, que rodea a la Antártida, fueron dejando una huella en el ADN de las poblaciones de pingüinos de cada región a lo largo de millones de años. Además, para reconstruir esta historia evolutiva, los investigadores analizaron más de nueve millones de variantes genéticas.

Viana recuerda que esta investigación se inició hace más de 15 años y que, ahora, uno de los motores para intentar que estas especies sean reconocidas formalmente ha sido la necesidad de conservación ante la crisis medioambiental. “Es muy importante delimitar las especies porque cuando uno lo considera como un todo, pueden desaparecer sin que nosotros las tomemos en cuenta. Hasta ahora se creía que el papua era una gran especie que estaba sorteando la crisis climática, pero en realidad eso no es así. Se trata de cuatro linajes con distintas adaptaciones respecto a sus ambientes y aisladas geograficamente, de las cuales tres de ellas se van a ver disminuidas con el cambio climático”, comentó.

Para que estos linajes sean reconocidos oficialmente como especies, la propuesta deberá superar todavía varias etapas de revisión científica. Los antecedentes serán evaluados por comités especializados y expertos en taxonomía, que analizarán la evidencia genética, morfológica y ecológica antes de validar los cambios y su incorporación a la literatura científica. “Una regla ecográfica es que hacia los polos o regiones de menores latitudes, normalmente los animales aumentan de tamaño. Pero nosotros pudimos detectar que en el caso del pingüino papua sucede al revés: disminuye su tamaño”, señaló Viana.

En esta investigación han participado expertos de las universidades de Los Lagos, Andrés Bello (UNAB) y de Chile –en asociación con la de California–, además de los institutos Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos(BASE) y el CRG. A nivel internacional, también figuran científicos de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos), del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos de la Universidad de Tasmania, del Museo Nacional de Ciencias Naturales de España, del University College London en Inglaterra, de la Universidad de Pretoria (Sudáfrica); entre otras academias y organismos de Mónaco, Francia, Brasil, Venezuela y Argentina.

Viana asegura que en su laboratorio, en la UNAB, siguen estudiando varias especies de aves marinas: “Nosotros investigamos diferentes aspectos geológicos y genéticos de la especie de la Antártida como, por ejemplo, una estudiante evalúa los efectos de la influenza aviar”.

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