Cuando el Tren de Aragua comenzó a instalarse en Chile, entre 2018 y 2019, no lo hizo mediante una estructura improvisada. La megabanda de origen venezolano desembarcó con operadores que respondían directamente a su líder, Héctor Rutherford Guerrero Flores, conocido como el Niño Guerrero –asesinado en una operación militar este viernes en Venezuela, según el presidente Donald Trump–, y que replicaron en el territorio chileno un modelo que consistía en el control de las rutas migratorias, la extorsión, la trata de personas, el narcotráfico y los secuestros.
Las investigaciones de la Fiscalía Regional de Tarapacá, a cargo de Raúl Arancibia hasta 2024, sostuvo que Guerrero mantenía contacto con los principales cabecillas de las células que operaban en el país y que estaba al tanto de las actividades criminales desarrolladas por sus subordinados. En 2023, cuando Chile se convirtió en el primer país de Sudamérica en solicitar una orden de detención contra el Niño Guerrero, Arancibia aseguró que “la investigación realizada durante estos dos años con nuestra Unidad de Análisis Criminal y Focos Investigativos junto a distintas brigadas de la Policía de Investigaciones nos permite afirmar que Héctor Guerrero Flores, jefe máximo de la organización criminal Tren de Aragua, estaba en conocimiento de las operaciones delictivas que realizaban las células de esta organización y mantenía conexión directa con jefes locales que hoy están detenidos en nuestro país o que estuvieron operando en Chile”.
Uno de los nombres clave en esa expansión fue Carlos Leonardo González Vaca, alias Estrella. Fue identificado como uno de los primeros integrante de la organización criminal que llegó a Chile, en 2017, y como uno de los mayores enlaces entre la cúpula del Tren de Aragua y las células locales. Actuaba como jefe de plaza internacional, en el norte del país sudamericano, y le reportaba directamente a Guerrero, de quien habría sido su escolta personal, según La Tercera. De ahí que dirigió operaciones vinculadas al tráfico de migrantes, secuestros, homicidios y extorsiones. El fiscal Héctor Barros, que investiga casos como la muerte del disidente venezolano Ronald Ojeda y otros relacionados con la organización, dijo la estructura criminal “sigue estando a cargo de Carlos Bobby, a pesar de estar en prisión preventiva en Colombia”
La presencia de Estrella fue fundamental para consolidar el control de pasos fronterizos irregulares entre Bolivia y Chile, una puerta de entrada utilizada por el grupo criminal para el tráfico de migrantes, y mover dineros ilegales y a miembros de la banda. En 2025 fue condenado a presidio perpetuo. Uno de sus aliados y otro exalto cargo del TDA, Hernán Landaeta Garlotti, Satanás, sindicado como sicario de la organización y condenado por la justicia chilena a 184 años de prisión por una serie de delitos cometidos en el país. Su influencia no terminó con su captura. Mientras cumplía prisión preventiva, también fue vinculado a incidentes ocurridos en 2024 al interior del Recinto Penitenciario Especial de Alta Seguridad (REPAS), la cárcel donde permanecen recluidos varios de los principales integrantes de la banda en Chile. El penal, ubicado junto al Centro de Justicia de Santiago, se ha convertido en el principal enclave para aislar a los líderes de organizaciones criminales consideradas de alta peligrosidad.
Otro de los hombres de confianza de Guerrero fue Carlos Gómez Moreno, alias Bobby, que de acuerdo con antecedentes judiciales era considerado una de las personas encargadas de la autorización para ejecutar secuestros, homicidios y otros delitos en Chile. Estaba en el país desde 2019, aproximadamente, y fue uno de los líderes de la célula Los Piratas, desarticulada en enero de 2025, a la que se acusa de estar detrás del secuestro y asesinato del exteniente venezolano Ronald Ojeda, un disidente del régimen de Nicolás Maduro. Es considerado el segundo jefe en Sudamérica del Tren de Aragua y huyó de Santiago en 2024, después del quíntuple homicidio en la comuna de Lampa. Desde ese año se encuentra en prisión preventiva en Bogotá, en Colombia.
Junto a él aparece Adrián Gámez Finol (o Adrián Rafael Gómez Finol), conocido como el Turko, también identificado como uno de los líderes de Los Piratas. Testimonios incorporados a las investigaciones lo describen como el encargado de coordinar secuestros, distribuir ganancias y supervisar las operaciones más complejas de la organización en Chile. Se encuentra detenido en Estados Unidos.
Otro de alta jerarquía en las operaciones chilenas fue Jefrey Jesús Miranda Pinto, alias Yefri, que dirigía una célula llamada Los Shelbys que extorsionaba a administradores de locales nocturnos. Esto último ha sido investigado como una arista de la Operación Tokio, que desbarató una red que lavó más de 85 millones de dólares asociados al Tren de Aragua, y donde resultaron detenidos dos ejecutivos bancarios a principios de junio. Según La Tercera, “nadie podía ejecutar acciones sin que Yefri diera su visto bueno”, quien estuvo en el país entre 2019 y 2023.
Sin embargo, uno de los integrantes con mayor peso y cercanía al Niño Guerrero que ha estado en el país fue Larry Amaury Álvarez Núñez, conocido como Larry Changa. Entró a Chile en enero de 2018 y llegó directo al aeropuerto Arturo Merino Benítez, en Santiago. Era el número dos de Guerrero y dirigió una importante célula del Tren de Aragua llamada La Compañía. En su paso por el país gestionó negocios con apariencia legal, como un local de comida rápida y una panadería en la capital chilena.
Pero la expansión del Tren de Aragua no dependió únicamente de uno u otro hombre. Aunque las autoridades han dado varios golpes a la organización a partir de 2022, el Tren de Aragua se rearticula con facilidad. Es decir, cuando un jefe es detenido, expulsado o asesinado, otro ocupaba rápidamente su lugar.
La muerte de Guerrero, anunciada este viernes por el presidente estadounidense Donald Trump tras un operativo realizado en Venezuela, representa el golpe más significativo recibido por la organización desde su creación en la cárcel de Tocorón. El ministro de Seguridad del Gobierno de José Antonio Kast, Martín Arrau, advirtió que “la caída de un líder no significa el fin de una organización como esta”, aunque reconoció que es “un golpe relevante contra una organización criminal que ha extendido su violencia por distintos países del continente”.

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