Una Colombia muy seria, muy sólida (Último tango, opinión)

Bello Mundial. Nos gusta. Hablamos del juego, la organización son cinco centavos aparte. Los estadios rebalsan, a los partidos los ve el planeta entero, hay alegría. El Mundial es una máquina de hacer felices. Hay goles, hay arqueros fenomenales, hay goleadores y, como dijo Didier Deschamps, “hay grandes jugadores, hay leyendas… y después está Messi”.

Dios es africano en esta Copa: de 10 representantes clasificó 9 a la fase eliminatoria. Justicia divina, realmente. Para Inglaterra ’66 no le habían dado ni un cupo directo al África, el eurocentrismo la ignoró siempre olímpicamente, aunque la sensación de aquel torneo fue un fenómeno nacido, criado y formado futbolísticamente en Mozambique: Eusebio. Se unieron los países africanos, hicieron una rebelión contra la FIFA y para 1970 les dieron una plaza fija, que ocupó Marruecos. En este 2026 somos hinchas de Congo, de Cabo Verde, de Senegal, de Costa de Marfil, de Marruecos (¡qué bien juega…!). Verlos felices nos hace felices.

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Hay 437 futbolistas afrodescendientes sobre 1.248 en este torneo, un 35%. Y habrá más. Veremos a Suecia, Suiza, Noruega, Austria con 7, 8 o 9 afros. Pasará. Nadie reniega de tan fabuloso biotipo físico. Y han evolucionado en lo técnico. Sucedió con Ecuador. Hasta comienzos de los ’80 jugaba con lo que ellos llaman “los patuchos”, criollos de un metro setenta. Llegó Dusan Draskovic y cambió la fisonomía de la selección: fue a Esmeraldas, buscó raza negra y Ecuador es hoy una potencia emergente en Sudamérica. Desde el 2000 a la fecha Italia clasificó a cuatro Mundiales, Ecuador a cinco. Los tiempos cambian.

Los arqueros sorpresa del Mundial

Vozinha, centro de atención. Foto:Getty Images via AFP

Nos llama un colega peruano y nos propone: “¿Te animas a hacer la selección ideal de los Mundiales…? Dale, empecemos: arquero, Yashin…” Lo paré. Alcancé a ver un poco de Yashin. No creo que haya tenido nunca un partido ni al 30% de lo que atajaron Vozinha (Cabo Verde) contra España, Eloy Room (Curazao) ante Ecuador o Mpasi (Congo) y Diogo Costa frente a Colombia. Todos son buenos ahora. No es que Yashin era malo, es que el puesto evolucionó toneladas. El entrenamiento específico, la acumulación de experiencias y la transferencia de conocimientos han dado este prototipo de arquero eficientísimo, que tapa casi todo. Son de goma.

No obstante, y aquí lo notable, los atacantes logran convertir. Han pulido la definición también, han aprendido a abrir los cerrojos de los arqueros, a escapar de la presión de las defensas, a arreglarse igual con menos tiempo y menos espacios. Y hacen muchos goles.

El fracaso de Uruguay en el Mundial

Uruguay vs. España Foto:EFE

La mancha de la primera fase fue Uruguay. No por su eliminación, todos tienen torneos buenos y malos. Por las formas. Se despidió a la uruguaya, con broncas, con amago de pelea, con Canobbio amenazante, queriendo llegar hasta el referí para increparlo y sabe Dios qué más. Fue en la derrota ante España. Antes expuso una de sus características históricas: la reciedumbre rayana en violencia. Siempre con el afán de achicar al oponente. Los diarios españoles coincidieron: “Fue una cacería”. La siempre ponderada garra uruguaya es otra cosa. Casi se da una situación increíble: merced a la ineptitud del juez marroquí-estadounidense Ismail Elfath, se estuvo a treinta segundos de que tanto Canobbio como Bentancur se fueran limpios del partido, sin tarjetas, después de haber pegado a destajo. Pero a los 95’ el primero de ellos recibió roja directa por una terrible entrada contra Nico Williams. El fútbol, que durante décadas enorgulleció al Uruguay, no es un correlato de la imagen seria, pacífica y democrática que da como país.

Hemos visto una Francia que mete miedo, una Holanda con un poder de fuego notable, una Alemania lamentable ante Ecuador (¿eran alemanes esos, en serio…?), un Brasil inclasificable todavía (puede ser mucho o no ser nada), al Japón ascendente de los últimos años, el poder físico de Senegal y Costa de Marfil, el juego ascendente de Marruecos, a un competitivo México…

La gran primera fase de Colombia

Colombia contra Portugal Foto:EFE

Y vimos una Colombia importante, fuerte, atractiva, seria, sólida, madura, continua, muy dura para cualquier adversario, ejecutiva ante Uzbekistán, buena ante Congo, muy buena ante Portugal. Una selección quizás con menos talento individual que otras de Mundiales anteriores (la de Maturana en 1994, por ejemplo, quizás la de Pekerman en 2014). Menos tropical, menos vistosa y alegre, pero más concentrada, luchadora, solidaria, trabajadora, con funcionamiento, que sabe a qué juega. Debió ganarle a Portugal de no ser por ese porterazo Diogo Costa o por la uña del dedo grande de Davinson Sánchez en su gol anulado al final. Portugal llegó a Estados Unidos como uno de los grandes favoritos detrás de España, Francia, Inglaterra y Argentina, sin embargo, Colombia fue muy superior, lo empequeñeció.

Entre Juan o entre Pedro, el esquema no se resiente porque todos tienen asumido el libreto. Tan internalizado está el funcionamiento, tan aprendido que se da el lujo de que el 10 camine, de no tener un animal de área, un 9 de alto nivel mundialista y de que Lucho Díaz se tome unas merecidas vacaciones frente a Portugal. Pero es que todo el resto los cubrirá, marcará tarjeta por ellos. Cuando un equipo es tan altruista entre sus miembros resulta difícil de vencer. Y habla bien del grupo. Hagamos un pacto entre todos: no hablemos de título mundial, seamos prudentes, pero cuesta imaginar que alguien atropelle a esta Colombia ordenada, rocosa desde la cabeza. Ni Francia ni España ni nadie. Si tiene que jugar, juega, si debe meter, mete. Colectivamente irreprochable.

Luis Díaz en el Mundial. Foto:AFP

¿Sus déficits…? Individuales: las limitaciones físicas de James y, dicho con el máximo respeto, no tiene un 9 de alto nivel mundialista, un matador ahí adelante, un Falcao. No lo advertimos ni en John Córdoba ni en Luis Suárez, aunque este estuvo activísimo en los 35 minutos que actuó ante Portugal, acechante. Merecía un gol. La mejor prueba es que el goleador de Colombia es su lateral derecho, Daniel Muñoz. Pero no descartamos que a Córdoba o a Suárez se les abra el arco.

En el umbral de los 35 años, James sigue teniendo una zurda deliciosa, sus pases y lanzamientos son fantásticos y tiene una visión ofensiva del juego que a los otros les falta, carece de la movilidad que le daría explosión a su juego. Y cuando Lorenzo ve que ya van 70 ó 75 minutos y se le acaba el gas lo reemplaza por Juanfer Quintero, otro exquisito que está para poner pelotas filtradas, pero tampoco para correr. En idénticas posibilidades motrices, James sigue siendo más. Claro que si el rival le pone un volante de marca cerca, lo complica.

James Rodríguez contra Portugal Foto:AFP

El equipo suple las flaquezas puntuales, las disimula. Y los cambios. Puede alinear a Santiago Arias en lugar de Muñoz, a Puerta por Ríos, a Deiver Machado por Mojica o a John Córdoba por Luis Suárez. No pasa nada, el negocio levantará la persiana igual y atenderá sin problemas. Nunca habíamos visto tan bien a Colombia en un Mundial. Es la primera vez que no depende de una estrella, de un héroe providencial. Transmite al hincha una seguridad inédita: de que sabrá jugarle mano a mano a cualquier adversario.

Desde luego hay puntos altos. Dávinson Sánchez está en un momento colosal, agrandadísimo en el buen sentido, se comió a Cristiano Ronaldo en un sandwichito. Lucho Díaz faltó contra Portugal, sin embargo es un arma letal y volverá ante Ghana con sus 220 voltios. Motorcito Arias es un reloj que siempre da la hora exacta. Y Camilo Vargas es Clark Kent, un empleado de lentes puntual y competente que, llegado el caso, rompe la camisa y evita un choque de trenes.

Llegue hasta donde llegue, es una Colombia irreprochable, cumplidora e ilusionante.

Último tango

Jorge Barraza

Para EL TIEMPO

@JorgeBarrazaOK

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