Ni siquiera sus críticos más acérrimos se atreven a subestimar el papel que el populista Nigel Farage viene desempeñando en la política británica desde hace ya más de una década. Es a él a quien se atribuye el triunfo del Brexit, cuando ni siquiera era diputado en Westminster. Y también es a él a quien se responsabiliza de la dimisión de Keir Starmer como primer ministro este verano después de que el laborismo cosechara en las elecciones locales de mayo los peores resultados de su historia ante el auge de la derecha radical de Reform UK. La pregunta, sin embargo, es si Farage puede convertirse en serio candidato a inquilino de Downing Street o si su éxito radica únicamente en agitar el voto protesta.
Tras liderar de forma ininterrumpida las encuestas nacionales desde mayo de 2025, los sondeos se han vuelto ahora en su contra. Reform UK ha registrado su peor resultado en dos años, según YouGov, que sitúa al partido en el 21%, dos puntos por detrás de los laboristas y empatado con los conservadores. También Farage atraviesa su peor momento personal: casi siete de cada diez británicos —el 69%— tienen una opinión desfavorable de quien hasta hace poco presumía de su amistad con Donald Trump.
En “enfant terrible”, contra las cuerdas
El retroceso coincide con la llegada del laborista Andy Burnham a Downing Street en julio, como sucesor de Starmer, pero, sobre todo, con una sucesión de escándalos que han colocado al “enfant terrible” de la política británica contra las cuerdas. Cuanto más creíble parecía su aspiración de gobernar, más visibles se han vuelto las carencias de una formación creada para sacudir el sistema, no para administrarlo.
Farage quiso utilizar la conferencia nacional de Reform de septiembre para demostrar que el partido había dejado atrás su etapa insurgente. Presentó incluso el programa de “los primeros cien días” de su hipotético Gobierno. Pero el ejercicio de credibilidad quedó eclipsado por un nuevo escándalo financiero y por las dimisiones de Dan Jukes, su jefe de gabinete y estrecho colaborador, y James Orr, director de políticas de la formación.
La Policía investiga si Reform vulneró las normas sobre financiación extranjera después de que un reportero infiltrado de Channel 4 News grabara a dos altos cargos planteando aparentemente una fórmula para eludir la legislación electoral. El partido niega cualquier irregularidad y asegura que colaborará con las pesquisas.
La sombra alcanza directamente a Farage. De manera paralela, el comisionado parlamentario de normas trata de determinar si debió declarar una aportación en efectivo de cinco millones de libras que recibió antes de las elecciones de 2024 de Christopher Harborne, inversor en criptomonedas residente en Tailandia. El dirigente sostiene que se trató de un regalo “estrictamente privado”, sin relación con su actividad política. La Policía Metropolitana examina además varias donaciones efectuadas antes de aquellos comicios por Fiona Cottrell, madre de George Cottrell, veterano aliado de Farage, y los pagos de una empresa controlada por el vicepresidente del partido, Richard Tice.

Una inyección económica sin precedentes
Pero, pese al escándalo, Reform ha vuelto a protagonizar los titulares al recibir una inyección económica sin precedentes: 72 millones de libras en apenas 24 horas. Dos magnates de las criptomonedas, Ben Delo y el propio Harborne, han aportado 36 millones cada uno. Ambas contribuciones comparten el récord de la mayor donación individual jamás recibida por un partido político británico y han intensificado las presiones para limitar el dinero que una sola persona puede entregar a una formación.
Con todo, la lluvia de millones, lejos de despejar las sospechas, ha colocado las finanzas de la fuerza política bajo una lupa todavía mayor. Delo reside en Hong Kong, pero figura desde 2022 en el censo electoral británico con una dirección de Oxfordshire, años antes de anunciar que regresaría al Reino Unido para seguir financiando al partido.
Estar inscrito en más de un domicilio es legal, pero poseer una vivienda no basta: la Comisión Electoral exige que se trate de una residencia real y con cierto carácter permanente. Delo se trasladó a Hong Kong en 2012, obtuvo allí residencia vitalicia en 2019. Su historial tampoco ayuda a Reform: se declaró culpable en Estados Unidos de infringir la legislación contra el blanqueo de capitales a través de la plataforma BitMEX, aunque Trump le concedió posteriormente un indulto incondicional.
El desembarco simultáneo de ambos millonarios alimenta el debate sobre una anomalía británica: no existe un límite para las donaciones realizadas por residentes en el país. El Gobierno laborista ya ha fijado un máximo de 100.000 libras para ciudadanos británicos en el extranjero y pretende extenderlo durante un año a quienes regresen. Reform acusa al Ejecutivo de intentar frenar su ascenso; los laboristas responden que la democracia “no está en venta”.
Reform pierde dirigentes y concejales
Los problemas, en cualquier caso, no se limitan al dinero. Reform ha perdido en las últimas semanas dirigentes y concejales por publicaciones racistas o extremistas, acusaciones de acoso y una selección deficiente de candidatos. Su líder en Gales dimitió tras ser detenido bajo sospecha de agresión y conducta coercitiva. A ello se suman una gestión caótica en algunos ayuntamientos y la guerra con el antiguo diputado Rupert Lowe, cuya nueva formación de extrema derecha, Restore Britain, disputa a Farage el electorado más radical.
Sería prematuro, sin embargo, enterrar a Farage. Reform conserva más de una quinta parte del voto, llena auditorios y domina buena parte del debate sobre inmigración. El populista ha construido su carrera regresando una y otra vez cuando se le daba por acabado. Pero su mayor fortaleza amenaza ahora con convertirse en su principal debilidad: sabe canalizar el enfado, aunque todavía no ha demostrado que pueda transformar una rebelión electoral en un partido disciplinado y preparado para gobernar. Cuanto más plausible resulta imaginarle en Downing Street, más difícil le resulta presentarse simplemente como el azote de un Establishment al que ahora aspira a gobernar.
