Santa Fe tuvo otra noche amarga en Copa Libertadores: dejó escapar la victoria contra Corinthians en tiempo añadido en El Campín

Qué dolor para Santa Fe. Qué guayabo para sus hinchas. El equipo estuvo a nada de vencer a Corinthians en El Campín en la Copa Libertadores. Pero los casis no suman, no sirven. Los cardenales ganaban gracias a Hugo Rodallega, y al final sufrieron el empate 1-1 por un descuido que los dejó derrumbados y al borde de la eliminación.   

Santa Fe no tenía mañana. Ganar era obligatorio. Eso parece una obviedad, pero es que en serio el equipo agonizaba en el grupo E. Y el rival era exigente. Sin embargo, Santa Fe jugó para ganar. Intentó desde el arranque del partido. El gol le era esquivo, parecía que no iba a hacer presencia en El Campín.

Nahuel Bustos fue el primero en calentar la noche luego de un amague y un remate a un costado, bien controlado por el portero Souza, quien iba a ser gran protagonista del partido.   

Cortinthians atacaba poco. No mandaba en la cancha. No tenía la agresividad de los equipos brasileños. Con todo y eso, casi celebran en un cabezazo que evitó San Marmolejo.

Sobre los 20 minutos, Santa Fe ya se adueñó del balón, no había lucidez ni claridad, pero el equipo fue entrando, agrediendo de a poco, buscando por un lado y por otro, rematando, mientras Corinthians, una turba de defensores, se agrupaba y resistía. 

Santa Fe vs. Corinthians. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO

Antes de la gloria efímera de Rodallega, el delantero tenía una noche fallida. Al principio quería patear, olía el gol, pero no podía, no le daban espacio, lo mordían, lo acorralaban, hasta que al minuto 30 le dieron un centímetro de libertad y Hugo sacó un remate de fusil, la pelota viajó veloz, una centella hacia el arco, los hinchas afinaron sus gargantas, pero solo fue un gol óptico: el balón tocó la red pero por encima del arco.

Santa Fe encontró en la media distancia su mejor fórmula. Se animaban los cardenales, que sabían que si no la metían, podrían sufrir después. Así es con los equipos brasileños cuando no son dominantes, te invitan, te ilusionan y luego te aplastan. 

Santa Fe no pudo en el primer tiempo y se fue al descanso con cierta zozobra. Le quedaban 45 minutos para encontrar el gol. El empate no era negocio. Rodallega lo sabía mejor que todos y estaba decidido a anotar: volvió a probar desde afuera y controló el arquero Souza. Fue por otra, esta vez con un zurdazo y el arquero le sacó la pelota de un manotazo. El gol no llegaba. Pero Hugo no es de los que se resignan. Luego punteó el balón y el arquero heroico se arrojó y lo sacó casi desde adentro de su cabaña. A Santa Fe no le quería entrar. A Hugo menos. Incluso Olivera, que es tan preciso en el cabezazo, lo tuvo en un tiro de esquina y se le fue afuera por muy poco. Después se fue lesionado. Todo eso pasó en unos pocos minutos.

Santa Fe vs. Corinthians. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO

Pero si había maldición, Hugo no cree en ellas. Al minuto 60 ya no tuvo resistencia. Él clamaba que le metieran un pase bueno, y Jáder Obrián se puso el traje de gala. Le tiró la pelota limpia, un pase que dejó a toda la defensa destruida. Hugo recibió solo dentro del área. Encaró al arquero que se sintió terriblemente solo, tuvo tiempo de mirarlo a los ojos, amagarle, dejarlo acostado y acomodarle la pelota sin error posible. Los goleadores no suelen fallar desde ahí. Él menos. La pelota entró veloz, pero para el público fue como en cámara lenta. Un suplicio. Gritaron el gol a medias porque el asistente ya levantaba la bandera. El veredicto del VAR, con todo su eterno drama, dijo que no había fuera de lugar. Así que Hugo y todos los hinchas santafereños renovaron su grito de gol. 1-0.

Santa Fe vs. Corinthians. Foto:Néstor Gómez. EL TIEMPO

Desde ese momento pasó lo que no debería pasar. Corinthians se le fue encima a Santa Fe. Sacó toda su artillería brasileña. Un remate, otro más. Agarraron la pelota por su cuenta. Lo mejor era asegurar la victoria, pero Bustos, que tuvo el gol, remató arriba. 

Esos instantes finales fueron de infarto, porque el gol rival se veía venir, no se sabía cómo, pero se olfateaba en El Campín. Hasta que en tiempo de reposición llegó un centro, la defensa se quedó congelada, Scarpeta salió a la nada, como si el partido ya se hubiera acabado, y Gustavo Henrique se levantó y clavó el cabezazo que enterró a los cardenales.  

PABLO ROMERO

Redactor de DEPORTES

@PabloRomeroet

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