La OTAN está transformando la manera en la que protege sus cielos. Después de décadas en las que buena parte de la vigilancia aérea europea ha descansado sobre cazas preparados para despegar en cuestión de minutos ante cualquier amenaza, la Alianza avanza ahora hacia una defensa aérea “360 grados”, diseñada para hacer frente a un escenario mucho más complejo, marcado por drones, misiles y acciones propias de la guerra híbrida.
Un funcionario de la OTAN explicó esta semana a Business Insider que la Alianza está evolucionando desde un modelo centrado principalmente en la Policia Aérea hacia una defensa “multicapa y de 360 grados”. El nuevo esquema no se limita a los cazas en alerta rápida, sino que combina defensas antiaéreas terrestres, equipos antidrones, helicópteros, sensores de nueva generación y medios procedentes de diferentes dominios, todos ellos coordinados bajo estructuras aliadas.
La idea de los “360 grados”, sin embargo, no ha surgido ahora. La OTAN ya la incorporó oficialmente a su Política de Defensa Aérea y Antimisiles Integrada (IAMD), aprobada en febrero de 2025. El documento establece que la Alianza debe ser capaz de detectar y responder las 24 horas a amenazas procedentes de cualquier dirección, velocidad o altitud: desde pequeños drones que vuelan bajo hasta misiles de crucero, balísticos o hipersónicos.
Una defensa por capas
El cambio responde también a las lecciones dejadas por la guerra de Ucrania. En septiembre de 2025, después de la entrada de drones rusos en el espacio aéreo polaco, la OTAN puso en marcha Centinela Oriental para reforzar todo su flanco oriental. La operación incorporó cazas, sistemas terrestres, vigilancia aérea y nuevas tecnologías específicamente destinadas a combatir drones.
Desde entonces, la presión sobre las fronteras aliadas no ha desaparecido. El presidente del Comité Militar de la OTAN, Giuseppe Cavo Dragone, advertía el pasado sábado de que las violaciones del espacio aéreo, los incidentes con drones y las actividades híbridas continúan poniendo a prueba a los aliados. La Alianza atribuye a Rusia parte de estas actividades y acusa a Moscú de recurrir también a sabotajes, ciberataques, desinformación y otras herramientas de presión; Rusia ha negado reiteradamente su implicación en distintos incidentes atribuidos por países occidentales.
La lucha contra los drones
Hay además una cuestión económica. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ya advirtió de que no resulta sostenible derribar un dron de apenas uno o dos mil euros utilizando un misil que puede costar medio millón o un millón. Por ello, la organización está incorporando interceptores y sistemas antidrones más baratos y aprovechando las lecciones obtenidas en Ucrania.
El objetivo final es disponer de una defensa escalonada: detectar qué entra en el espacio aéreo aliado, identificar la amenaza y elegir la respuesta adecuada. Ya no se trata únicamente de enviar un caza. La guerra de Ucrania ha demostrado que un dron barato, un misil de crucero y un avión de combate exigen respuestas diferentes.



















