María Leániz, organizadora profesional: “El orden físico sostiene las rutinas, da estructura a los días y reduce la carga invisible de decisiones”

La imagen de una casa perfectamente ordenada ha alimentado durante años la idea de que organizarse exige tiempo, esfuerzo constante y una capacidad casi extraordinaria para mantenerlo todo bajo control. Sin embargo, cada vez más expertos sostienen que el verdadero reto no está en recoger más, sino en comprender cómo tomamos decisiones y construimos nuestros hábitos diarios.

Es precisamente esa mirada la que desarrolla María Leániz en Cómo llevar una vida organizada. Cómo poner orden en tus espacios, tu mente y tus emociones, una obra publicada por Hestia que utiliza su experiencia de años trabajando en viviendas y empresas para desmontar muchos de los mitos que rodean al desorden. Tal y como indica la autora a lo largo del libro, organizar una casa no consiste en aprender unos cuantos trucos de almacenaje, sino en modificar comportamientos que se repiten diariamente.

Más que ofrecer una colección de trucos para tener la casa recogida, la obra invita al lector a detenerse en una pregunta previa: por qué resulta tan difícil mantener el orden cuando la sensación de ir siempre con prisas forma parte de la rutina. A partir de esa idea, María Leániz desplaza el debate desde los objetos hacia los comportamientos cotidianos. La cuestión, sostiene, no reside únicamente en lo que acumulamos, sino en los hábitos que nos llevan a comprar de forma impulsiva, posponer decisiones o conservar pertenencias que hace tiempo dejaron de tener una utilidad real.

Para sostener esa tesis, la autora recurre a situaciones que conoce de primera mano tras años trabajando como organizadora profesional. Viviendas donde localizar unas llaves puede convertirse en una búsqueda de varios minutos, armarios repletos de prendas que nunca llegan a estrenarse o despachos con decenas de versiones de un mismo documento son escenas que, lejos de ser excepcionales, aparecen con frecuencia en hogares y empresas.

Una capacidad que cualquiera puede desarrollar

Otro de los planteamientos que vertebran el libro consiste en desmontar la idea de que hay personas que nacen organizadas y otras condenadas a convivir con el desorden. Según defiende Leániz, organizarse es una competencia que se aprende mediante la repetición de hábitos sencillos y la creación de sistemas eficaces, no una cualidad reservada a unos pocos.

Esa perspectiva cambia por completo la manera de entender el orden. Ya no depende de realizar grandes esfuerzos cada cierto tiempo, sino de incorporar pequeñas rutinas capaces de evitar que el caos vuelva a instalarse. A lo largo del libro, la autora insiste en que mantener una vivienda organizada tiene menos que ver con recoger constantemente y mucho más con reducir aquello que sobra, asignar un lugar a cada objeto y evitar que las decisiones se acumulen día tras día. Según se desprende de la obra, el auténtico cambio comienza incluso antes de abrir un armario: empieza cuando se modifica la forma de relacionarse con las cosas que entran y permanecen en casa.

La autora dedica buena parte del libro a explicar que el exceso de objetos no solo ocupa espacio físico. También incrementa la carga mental porque obliga a recordar dónde están las cosas, mantenerlas, limpiarlas, repararlas o simplemente decidir constantemente qué hacer con ellas.

La organización doméstica ha dejado de entenderse como una cuestión estética para convertirse en una herramienta de bienestar
La organización doméstica ha dejado de entenderse como una cuestión estética para convertirse en una herramienta de bienestar. Recreación fantasiosa. Foto: ChatGPT-4o

El desorden no empieza cuando faltan estanterías; empieza cuando sobran decisiones.

Mucho más que una cuestión doméstica

Uno de los mayores aciertos de la obra es ampliar el concepto de organización hasta abarcar la gestión del tiempo, la planificación y el equilibrio emocional. Según explica María Leániz, el desorden visible suele ser únicamente la manifestación externa de procesos mucho más complejos relacionados con la saturación mental, la procrastinación o la dificultad para establecer prioridades.

El resultado es una obra que trasciende el ámbito de la organización doméstica para adentrarse en la forma en que gestionamos el tiempo, el estrés y las decisiones cotidianas. A través de su experiencia, María Leániz sostiene que buena parte del caos diario no nace de grandes problemas, sino de la suma de pequeñas improvisaciones que, repetidas durante semanas o meses, terminan convirtiéndose en una carga difícil de asumir.

Uno de los capítulos más reveladores es el dedicado a la acumulación. La autora cuestiona la idea de que guardar demasiadas cosas sea únicamente una cuestión de desorden o dejadez y plantea un origen mucho más complejo. Según explica, detrás de muchos objetos que permanecen durante años en cajones, armarios o trasteros suelen esconderse recuerdos, vínculos afectivos, miedo a necesitar aquello en el futuro o compras realizadas para cubrir necesidades que poco tienen que ver con el objeto adquirido.

Las numerosas situaciones que recoge a partir de su trabajo en hogares de perfiles muy distintos ayudan a comprender hasta qué punto esa acumulación acaba condicionando la vida diaria. No solo dificulta encontrar espacio o localizar pertenencias, sino que también influye en la convivencia familiar, aumenta la sensación de agotamiento y alimenta la percepción de haber perdido el control sobre aspectos cotidianos que, en principio, deberían resultar sencillos.

Los espacios también reflejan hábitos, prioridades y estados emocionales
Los espacios también reflejan hábitos, prioridades y estados emocionales. Recreación fantasiosa

Cuantas más pertenencias acumulamos, mayor es el esfuerzo necesario para mantenerlas bajo control.

Una filosofía práctica para reducir la carga mental

La obra también concede un papel protagonista a la planificación. Según desarrolla María Leániz, muchas personas intentan mantener el orden reaccionando constantemente a los problemas del día a día, cuando precisamente esa falta de previsión alimenta el caos.

A partir de esa idea, el libro propone construir sistemas sencillos que permitan reducir decisiones innecesarias y liberar recursos mentales para cuestiones realmente importantes. No plantea alcanzar una casa perfecta, sino crear espacios funcionales que faciliten la vida cotidiana.

Ese enfoque resulta especialmente relevante en una época marcada por la sobrecarga informativa, el teletrabajo y la dificultad para separar la vida personal de la profesional. La organización aparece así como una herramienta para disminuir el estrés más que como un objetivo estético.

Con Cómo llevar una vida organizada, María Leániz presenta una visión del orden muy alejada de los estereotipos tradicionales. Tal y como muestra la obra, organizar espacios significa, en realidad, aprender a organizar decisiones, prioridades y hábitos. Una propuesta que trasciende el ámbito doméstico para convertirse en una reflexión sobre la forma en que administramos nuestro tiempo, nuestra energía y nuestra atención.

Libro Como llevar una vida organizada

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