Terminan las vacaciones para las grandes estrellas del fútbol mundial y, mientras algunos especulan con el Balón de Oro y otras vanidades, para Colombia llega la hora de un aterrizaje forzoso
Ahora que los analistas debaten sobre qué hace mal Real Madrid para no disfrutar de la versión de Mbappé o Bellingham en el reciente Mundial 2026, qué le queda a Cristiano Ronaldo tras la debacle de Portugal o si a Messi le alcanzan cinco semanas de excelso nivel para superar a un Harry Kane que demolió marcas a lo largo de la temporada o un Rodri que, como campeón del mundo, reclamara un lugar en el Olimpo, las miradas en este lado del mundo deberían apuntar, primordialmente, hacia adentro.
Luis Díaz vuelve a la acción tras el Mundial del 2026
Hoy, que todo está listo para ver rodar la pelota en Europa, lo único que hay para presumir en este lado del mundo se llama Luis Fernando Díaz Marulanda. Uno de los mejores extremos del momento en la élite buscará el tan esquivo título de la Champions League tras barrer en su primera temporada con todo lo que jugó en Alemania. Este nuevo año debe ser el de la consolidación.
Luis Díaz Foto:Bayern Múnich
Atrás quedará su gris Mundial 2026, del que aún no se han conocido todos los secretos.
Y aquí hay una primera gran lección para Colombia: nunca, en 100 años de historia de este deporte, un campeón mundial se coronó por cuenta de la virtud de un solo jugador. Maradona, Pelé, Messi y todos en los demás en el intermedio tuvieron un equipo que supo rodearlos, que tuvo cracs de perfil mediano pero influencia decisiva en todas las posiciones, que encumbró a su líder sobre la base de aquello que suena tan cliché pero acaba siendo tan determinante: una familia.
El técnico campeón del mundo, Luis de la Fuente, decía antes de que España eliminara a Francia, la gran favorita, que el problema del equipo de Deschamps era que al intentar bloquear a Mbappé se soltaba Olise, que al taparlo a él aparecía Dembélé, que al bloquear al Balón de Oro encontraban espacio los número 9, que al final había tanto trabajo que el arco francés parecía a una distancia sideral.
James Rodríguez Foto:AFP
Y fue así con todos los que llegaron de cuartos de final hacia adelante: tenían tantos happy problems que multiplicaban las preocupaciones y dificultaban la planeación. Colombia, en cambio, se hizo tan predecible que bastó con escalarle la marca al número 7 para anular a un equipo prometedor.
Ni el recuerdo de James, las escaramuzas de Quintero, el nerviosismo de Suárez, el empeño de Muñoz, el sacrificio de Dávinson Sánchez o Lucumí alcanzaron para hacerle sombra a un jugador de élite como Díaz, Están todos, juntos e incluso sumados los prometedores Durán, Villarreal, Perea, Barrera, Asprilla, Puerta, Rengifo y hasta Samuel Martínez, a un millón de años luz. Tenemos un unicornio y creímos que rodearlo de buenos tipos era suficiente. Y no.
Dávinson Sánchez. Foto:AFP
El dolor es que se perdió una oportunidad para acercar a los que, en un mundo ideal, deberían reemplazar a los del ciclo cumplido, empezando por el capitán. No hay superestrellas, es cierto, pero es lo que hay y debería ser el punto de partida de una necesaria refundación. Lástima. Difícil ilusionarse con dosis de la misma medicina.
Jenny Gámez
Editora de deportes de EL TIEMPO
@jennygameza
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