La España del ‘tiki-taka’… (Último tango, opinión)

Cuando el juez uzbeko Ravshan Irmatov dio el pitazo inicial, la pelota rodó y se consumó el sueño de todo un continente: el primer Mundial africano. Ochenta años pasaron desde Uruguay 1930 para que África pudiera hospedar el más universal de los eventos. El África pobre y expoliada, mil veces esclavizada y ninguneada, tenía su fiesta grande, la que todos ansían: la Copa del Mundo. Se la escamotearon en 2006 en favor de Alemania, pero estaban obligados a dársela cuatro años después. Y así fue.

Sudáfrica, el único país con segregación racial institucionalizada -el siniestro apartheid-, lo había logrado en nombre de todo el continente. Y pasó la prueba. Después de tantas dudas y críticas previas (se pensó en cambiar de sede varias veces) ese pueblo hecho de rugby sacó una buena nota en fútbol. Cumplió con todas las exigencias y sacó la cara por África más que dignamente.

Mundial 2010 Foto:EFE

Comenzó el inaugural Sudáfrica 1 – México 1 y al unísono tronaron decenas de miles de vuvuzelas. Los 84.490 espectadores no podían parar de sonreír (todos sonreíamos). Entre tanto entusiasmo, muchas lágrimas cayeron. Fuimos felices de estar pisando ese suelo. Felices de su felicidad. Y a uno de esos 84.490 los ojos se le achinaron de emoción: era Nelson Mandela, el líder supremo de la nación, activista por la igualdad de derechos y Premio Nobel de la Paz. Por él la Copa recayó en Sudáfrica.

Aunque fuese por un mes, el fútbol, único idioma universal, hizo una obra redentora en el país del oro y los diamantes, de la cebra y el león, del mar y las montañas: la integración racial. Dos días antes del debut, cuando el bus descapotado de los Bafana Bafana (la Selección de Sudáfrica) llegó a Mandela Square, en el centro de Johannesburgo, miles de blancos celebraron codo a codo con los negros. “El fútbol les está ayudando a perderse el miedo. Una amiga mía que no había entrado al Soweto en veinte años se animó a ir a festejar”, nos decía Xavi Aldekoa, corresponsal en Sudáfrica del diario La Vanguardia, de Barcelona. Estaban venciendo su desconfianza.

El líder sudafricano anti-apartheid Nelson Mandela junto a Margaret Thatcher. Foto:AFP / GERRY PENNY

Millones, blancos y negros, vistieron sus casas, sus autos y se enfundaron ellos en los colores amarillo, verde, rojo, negro y azul de la bandera. Todos se sintieron profundamente sudafricanos. Con sorpresa, se vieron hermanados en el sentimiento. Muy significativo en el país que sufrió la más cruel división racial de que se tenga conocimiento.

Fue el Mundial del África negra, de Mandela y de las vuvuzelas, la corneta que es un símbolo nacional allí. Cada persona tenía una y la soplaba. Se generaba un ruido infernal, espantosamente fuerte, como el zumbido de millones de abejas juntas.

Cuando en el primer partido del Grupo “H” Suiza venció a España 1 a 0 en Durban, nadie hubiera vaticinado que de allí saldría el campeón. No obstante, aunque en ese Mundial no le sobró, España tenía fútbol. Venía de ganar la Eurocopa 2008. Y en buen estilo, dirigida por Luis Aragonés, el hombre que cambió la historia de la Selección Española. Desterró para siempre la Furia, que era todo músculo y sudor, entrega y coraje, e implantó el actual estilo de toque y posesión de pelota. “Falleció el padre de la España del tiki-taka”, tituló As en 2014, cuando el adiós a Aragonés. En verdad, la coronación española frente a Holanda entraña un fenómeno importado. El español era un fútbol secundario en el concierto europeo. Su nota saliente en los Mundiales había sido el quinto puesto en Corea y Japón 2002. La llegada de Rinus Michels al FC Barcelona cambió el mapa del universo futbolístico. El genio de Ámsterdam llevó a Cataluña su fútbol total, la ofensividad y el buen tratamiento de pelota. Su semilla germinó en Johan Cruyff y de él en Pep Guardiola. De allí florecieron Luis Enrique y otros. Y España cambió su estilo, nació el tiki taka, esa sublimación del juego consistente en tocar y tocar la bola hasta meterla en el otro arco. Y lo que Rinus no pudo con su Holanda lo logró España justamente frente a su Holanda. Con su receta.

Selección de España en el Mundial 2010 Foto:EFE

Tras aquella derrota inicial, la Roja hilvanó seis triunfos consecutivos, los últimos cuatro por apenas 1 a 0. Sin embargo, estableció superioridad sobre todos sus rivales. Sufrió horrores en cuartos de final ante Paraguay. Estando 0 a 0 hubo penal para la Albirroja, pateó Tacuara Cardozo (anunciado y al medio) e Iker Casillas rechazó el disparo. Sobre el final, el notable goleador David Villa marcaría el gol ibérico.

Su tarde más lucida fue en semifinal ante Alemania, que venía con paso arrollador tras golear 4-1 a Inglaterra y 4-0 a Argentina. España lo venció 1-0 con un cabezazo impresionante de Puyol que era para matar a un caballo. Y en la final se quedó con la corona tras superar a Holanda la tarde en que Iniesta se ganó el cielo marcando el gol del campeonato en tiempo extra. La tarde, también, del histórico planchazo en el pecho de Nigel de Jong a Xabi Alonso. Pudo haberle partido media docena de costillas o paralizarle el corazón. Los dos mil millones que miraban por TV quedaron pasmados, pero el árbitro inglés Howard Webb sólo le mostró amarilla.

Selección de España en el Mundial 2010 Foto:EFE

Como en 1998 con Francia, en Sudáfrica 2010 hubo campeón nuevo. Era el Barcelona con otra camiseta. Estaban del Barça los tres cracks del medio, Xavi, Busquets e Iniesta, los dos zaguerazos, Puyol y Piqué, y Pedro adelante. Fueron la base del campeón. Su compañero estrella, Lionel Messi, pasó hambre con una Argentina dirigida pobremente por Diego Maradona. Todas las veces que Leo tocó la pelota, encantó. Él no tuvo la culpa de Argentina equipo y de Maradona técnico. Argentina y Brasil decepcionaron. Llevaron al Mundial dos transatlánticos, llenos de jugadores espectaculares. No llegaron a puerto.

El equipo ideal del torneo, a nuestro juicio: Casillas (España); Piqué (España), Puyol (España), Fucile (Uruguay); Diego Pérez (Uruguay), Schweinsteiger (Alemania), Thomas Müller (Alemania); Xavi (España), Iniesta (España); Villa (España), Forlán (Uruguay). Ponemos línea de tres porque ningún lateral derecho convenció.

Mundial 2010 Foto:EFE

Uruguay hizo su mejor Mundial desde México ’70 y quedó cuarto con su célebre tridente de ataque: Suárez, Forlán y Cavani. Diego Forlán se llevó el Balón de Oro por una justa razón: jugó siete partidos maravillosamente bien.

Los arbitrajes fueron de malos a peores. Así como el planchazo de De Jong sin expulsión, quedó en la historia el gol insólitamente no concedido a Inglaterra frente a Alemania. Hubiese significado el 2 a 2. Pateó Frank Lampard, la bola entró 80 centímetros en el arco y el línea uruguayo Mauricio Espinosa no lo vio. El juego siguió y ganó Alemania 4-1. A raíz de ello la Fifa implementó en 2012 el “ojo de halcón”, la tecnología de línea de gol. Si la bola entra, una alarma suena en el reloj del árbitro. Nunca más hubo problemas con eso.

Fue el Mundial del frío. Por primera vez en 32 años, desde Argentina ’78, la Copa volvió al hemisferio sur y se disputó en invierno. No olvidaremos nunca el partido Brasil 2 – Corea del Norte 1 en Ellis Park. No por el juego, sino por los 7 grados bajo cero. Sin embargo, la prensa sudafricana anotó como registro récord la noche de México 2 – Francia 1 en Polokwane con -10,3 grados. Todos los jugadores suplentes tiritaban en el banquillo a pesar de los guantes, gorros y frazadas con que se cubrían.

El fútbol dio otra muestra de popularidad. Paralizó al mundo: 193 países tomaron parte de esta edición al participar desde la Eliminatoria. Y 214 recibieron las imágenes de los partidos. Las Naciones Unidas estaban compuestas en ese momento por 192 estados. Todo dicho.

Último tango

Jorge Barraza

Para EL TIEMPO

@JorgeBarrazaOK

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