Estados Unidos y Japón presumen de «una nueva era dorada» en su alianza

Trump ha concluido esta mañana la parada en Japón de su gira asiática con una reunión con la recién elegida primera ministra, Sanae Takaichi. El encuentro ha servido para proclamar «una nueva era dorada» en la relación de Estados Unidos con su principal aliado en la región, plasmada en varios acuerdos y fortalecida por la proximidad ideológica entre ambos mandatarios.

El presidente estadounidense ha caracterizado a Japón como «un aliado del más alto nivel» y ha elogiado a Takaichi, investida la semana pasada como la primera jefa de Gobierno en la historia de Japón, como una de los líderes internacionales «más grandes». «Quiero que sepáis que […] para cualquier cosa que podamos hacer por Japón, ahí estaremos», ha insistido.

La primera ministra, por su parte, ha ensalzado los lazos entre Japón y EE.UU. como «la alianza más grande del mundo». Tampoco ha escatimado alabanzas personales para el presidente, a quien ha adelantado su pretensión de apoyar su candidatura al Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos diplomáticos en Oriente Medio.

Ambos países han confirmado asimismo el acuerdo que zanjó los aranceles universales de Trump. EE.UU. impondrá sobrecargos del 15% a las importaciones japonesas, un nivel inferior al inicial, y a cambio Japón realizará una inversión de 550.000 millones de dólares (472.000 euros) en proyectos estadounidenses, cantidad que de manera extraordinaria la Casa Blanca podrá manejar a su antojo.

Frente común

El pacto más novedoso, sin embargo, atañe a las tierras raras. Trump y Takaichi han pactado impulsar la inversión, producción y comercialización de estos materiales críticos, un sector para el que el presidente ya se ha asegurado la colaboración de otros países durante su gira asiática, en particular Tailandia, Malasia y Australia.

EE.UU. trata así de limitar su vulnerabilidad ante el monopolio de China sobre las tierras raras, esenciales para la industria global, los cuales ha convertido en su principal arma durante la guerra comercial entre ambos países, estableciendo exhaustivos controles a su exportación.

Mitin en un portaviones

Además de la reunión bilateral, Trump y Takaichi compartieron un almuerzo, en el que la nueva primera ministra siguió la línea de seducción que se ha convertido en la práctica habitual de los líderes internacionales para agradar al presidente de EE.UU.: se sirvió arroz estadounidense -debe ser un sacrilegio en Japón- y carne de ternera estadounidense -pese a la cercanía de Kobe-.

El multimillonario no ocultó su sintonía con Takaichi -«es una ganadora», «es un placer tratar con ella»-, a la que invitó a participar en la visita al USS George Washington, un portaviones estadounidense anclado en la base naval de Yokosuka, en la entrada de la bahía de Tokio, un símbolo de la amplia presencia militar de EE.UU. en Japón.

Allí Trump dio un discurso que fue, ante todo, un mitin político, con muchas referencias a asuntos domésticos, como sus despliegues del ejército en ciudades gobernadas por demócratas.

«Tenemos ciudades con problemas», defendió Trump ante un fondo de marineros de la Armada, un nuevo episodio de la utilización política del ejército por parte del presidente. Y, por primera vez, apuntó a la posibilidad de enviar soldados más allá de la Guardia Nacional, que son cuerpos militares estatales. «Si necesitamos más que la Guardia Nacional, enviaremos más que la Guardia Nacional, vamos a conseguir ciudades seguras».

Trump aprovechó su presencia en un portaviones y en Asia para lanzar un dardo a China por sus ambiciones militares. «Ningún enemigo podría soñar con amenazar a la Armada de EE.UU.», proclamó Trump, en un momento en el que los expertos militares occidentales alertan del ambicioso programa naval de China. «No hay ninguna Armada que se le acerque. Se escucha que algunos están construyendo buques, pero nadie puede hacer lo que hacemos nosotros», aseguró Trump, que ya se acerca al momento clave de su gira asiática.

Tras la visita a Japón, Trump puso rumbo a Corea del Sur para asistir al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. Allí se celebrará la esperada cumbre con Xi Jinping, en la que hay expectación sobre la posibilidad de que ambos líderes cierren un acuerdo comercial.

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