En el corazón del banderazo de los hinchas de la Selección Colombia en Fort Lauderdale: ríos de aguardiente, amor y fe

Es un derroche de amor. Nadie ofende, ni insulta, ni reclama. Nadie habla ya de política. Es un abrazo enorme con desconocidos con los que solo se comparte el color de la camiseta y una sensación de euforia y de esperanza que, para nuestro infortunio, se circunscribe solo al fútbol. Inevitable pensar en todo lo que podría ser si solo…

En fin. Alrededor de los 26 jugadores del equipo nacional se reunieron miles de fieles con mariposas en el pecho frente al hotel Dalmar de Fort Lauderdale, sitio de concentración de la Selección Colombia, que este sábado enfrenta a Portugal en el partidazo no solo del grupo K, sino de la primera ronda del Mundial 2026.

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El fervor de los hinchas de la Selección

Fue una congregación de miles de los más fieles hinchas alrededor del lujoso edificio donde descansan las figuras. Una citación por redes sociales les asignó una misión y ellos fueron directo a cumplirla sin pensar en incomodidades ni complicaciones. Aparecieron con sus coches y sus bebés en medio de los apretujones, los papás cargaron a los que pudieron en sus hombros, las mamás protegieron a sus hijas adolescentes para que nadie intentara nada inapropiado, los novios defendieron a sus enamoradas de los mirones, las esposas vieron resignadas cómo sus consortes no podían evitar una mirada indiscreta a las bellas colombianas, con nudos en la camiseta, que dejaban ver sus siluetas. Nada que no resolviera un oportuno codazo.

Es tal la multitud y la efervescencia de la misma que todo se hace difícil. Abrirse paso hasta donde están los entusiastas músicos con sus tambores y sus trompetas es toda una aventura; lograr una buena ubicación para ver el balcón por donde salen los jugadores es tan difícil como comprar hoy una boleta para el partido; evitar el roce incómodo casi hace parte del paseo… nadie -o casi nadie- lo hace de mala voluntad.

Hasta que se consigue un buen lugar, uno donde se pueda ver a lo lejos a Luis Díaz, Muñoz o James junto a Quintero, y entonces sí que empieza la fiesta. Las selfies con los famosos hinchas que se ven en las tribunas están gratis, así que todos quieren la suya. Corren ríos de aguardiente amarillo, se oyen las populares barras del ‘ole, ole, ole, cada día te quiero más, soy colombiano, es un sentimiento, no puedo parar’, el ‘vamos Colombia que esta noche tenemos que ganar’, y algún patriota se anima a ensayar cómo será la entonación del himno nacional.

Banderazo de hinchas de la Selección en Fort Lauderdale Foto:Jenny Gámez. EL TIEMPO

Y en el medio suena en algún parlante Cali pachanguero, y no faltan los recursivos que, en la multitud, encuentran la manera de bailar, mientras los norteamericanos que acudieron solo por la curiosidad de ver de cerca a los ruidosos colombianos intentan repetir, con poco éxito, ‘el tumbao’ nacional.

Con voladores, como no podía ser de otra manera, reciben a las estrellas cuando por fin aparecen en el lejano balcón del hotel, con saludos como de reina de belleza, y la locura abajo es total. Arrecia el ruido de los tambores, gritan todos los nombres de Lucho y James, y las más atrevidas les gritan su amor incluso delante de sus parejas.

El humo de la pólvora y las bengalas con los colores amarillo, azul y rojo cubren los ojos y no dejan respirar, pero a nadie parece importarle… o tal vez sí, solo que llegaron armados del antídoto: ¡guaro!

Menos de media hora permanecen los jugadores allí, lanzando abrazos y besos y saludando como las reinas en las pasarelas, mientras abajo solo les devuelven amor, del más puro, del más sentido, del que solo un colombiano sabe expresar estando tan lejos de casa.

Estímulo extra para los jugadores 

Al final se van y se llevan los futbolistas una enorme recarga de motivación, que es un abrebocas de lo que tendrán en el Hard Rock Miami contra Portugal. A los fieles que les dan tanto les quedan sus videos en el teléfono y poco más, pues muy pocos tienen entradas para verlos con Portugal.

Banderazo de hinchas de la Selección en Fort Lauderdale Foto:Jenny Gámez. EL TIEMPO

No importa. El que vendía las camisetas a 20 dólares, el de las vuvuzelas a 10, la chica de las empanadas a 3 dólares y a 5 en el combo con gaseosa, les quedó la dicha de una fiesta tricolor en la que ganan todos. Salsa en la estación de gasolina, mujeres bailando con sus amigas ante la falta de pareja –nada más colombiano– y una fe inconmensurable queda en las calles cubiertas de latas de cerveza y botellas de aguardiente. Es la más pura expresión de amor. ‘¡Míralo eh, míralo eh… somos locales otra vez!

Jenny Gámez

Editora de Deportes

Miami (EE. UU.)

@JennyGamezA

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